Hablar de Jesucristo, compartir la fe
09.07.08 @ 08:00:53. Archivado en Fe
Jesucristo, el cercano y el lejano. Saber que está tan cerca, que nunca me deja, tener esa seguridad de la fe pero al mismo tiempo, no poder pasar de lo abstracto a lo concreto, a lo explicable. Por eso, también es el lejano. Es tanta la gente que encuentras por el camino que no le conocen, que abren sus ojos a tus compartires de fe, y sabes que cuesta explicarlo, superar la barrera de la materialidad que nos embarga.
Fue en plena adolescencia cuando le descubrí, que aprendí a quererlo, porque Él me amaba y yo lo sabía y lo sé. Es encontrarte con Él un buen día y saber que por siempre jamás estará contigo pero que quizás ya no le volverás a ver o a sentir. Te deja algo de Él pero llegan las noches largas y oscuras, en las que vives del recuerdo y la certeza de corazón. Una certeza que nadie te puede arrancar, algo dulce en el corazón, un plus en la vida, para algunos, para nosotros, los creyentes lo primero y el todo.
Nada hay en el día que no te lleve a Él, de manera consciente e inconsciente, le hablas de manera natural, levantas los ojos para decirle gracias y también para decirle: mira Señor el dolor de todos y el mío. Nunca andamos solos y eso nos da una fuerza interior que nadie ni nada nos puede arrancar aunque hay que cuidarse, vigilarse… ¿Qué sería de mi vida si mientras suspiro no puedo decir Señor mío y Dios mío?
Mis alumnos de la facultad de periodismo muchas veces sobrepasan el ámbito académico y con la excusa de su curiosidad periodística desean descubrir la fe que un día hizo que diera el paso para ser Hermana Dominica de la Presentación. Ante la pregunta de quién es Jesús les comparto que es mi plenitud, mi felicidad, algo muy profundo, difícil de compartir sino tienen fe, que ayuda a ir al fondo de uno mismo, de la vida, para darte a los otros y mirar con alegría, sin que eso quite trabajos y angustias como todo hijo de vecino.
Ver como se hace el silencio, todos los alumnos te miran y desean ver por donde irás, descubrir quién es ese Jesús que te cambia la vida. Es bonito y tú los contemplas y te sientes predicador y piensas que quizás alguien, un día, en una circunstancia concreta, recordará ese destello de fe y quién sabe si será el momento de encontrarse con Jesús.
Lo que es claro es que debemos hablar con trasparencia y naturalidad de nuestra fe, huir de los que nos quieren hacer creer que es una cuestión de la vida privada, debemos gritar con nuestra vida su nombre, con amor, desprendimiento e irradiando la felicidad que pasa por la cruz. Todos comprenden la cruz, ahora les falta conocer la dicha de la resurrección y nosotros se la podemos y debemos testimoniar. Texto: Sor Gemma Morató i Sendra.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/176916
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Ahora bien, la fe, sin obras, es una fe muerta.La fe se prueba, únicamente en el tiempo de adversidad.
Estoy muy de acuerdo con Saruce,el objetivo vital es "Vivir para amar".
Un abrazo para todas y todos.
Pero eso no os debe desmoralizar a los "escogidos" de esa forma tan peculiar, amiga Gemma, sino que debería potenciar vuestra presencia entre seglares y laicos, para demostrar que sois gente de carne y hueso, cuya misión en el mundo es amar a los demás, y entregaros a su servicio, con la vista puesta en Dios.
"Vivir para amar", hermoso objetivo vital.
Un abrazo.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Sor Gemma Morató
autor
Contacto








