Muchas veces solemos decir que tenemos momentos para todo, es decir, hay un tiempo para reír y un tiempo para llorar, otro para luchar y otro para descansar. Es un caminar constante a lo largo de nuestra vida, ya sea con una gran fuerza porque tengamos y estemos llenos de energía, o tal vez sea, cuando no nos quede ni siquiera el ánimo de levantar nuestra mirada hacia lo que posiblemente nos saque de la oscuridad.
Mientras las fuerzas están y no nos fallan, todo va bien. No tenemos presente aquellos espacios que, al fin y al cabo, nos han marcado, en positivo o negativo. El sentirnos bien nos hace olvidar muchos detalles que en otras ocasiones no pasarían tan desapercibidos, y ciertamente, es una pena. En cambio, cuando nos encontramos en dificultad, rápidamente decaemos y olvidamos todo lo bueno que hemos vivido antes. Incluso, todo eso que es positivo lo apartamos de tal forma, que no permitimos que nos ayude a levantarnos cuando la vida no va tan bien como desearíamos.
Los momentos de felicidad, aquellos que nos hacen ver que merece la pena luchar por lo que creemos, han de ser los que nos sirvan de apoyo, de bastón para cuando no tenemos tan claro el camino. A veces, es verdad, pesa más lo negativo y nos bloqueamos, dejamos que el miedo se apodere de nosotros mismos y no damos espacio a nada más.
Lo cierto es que hemos recibido más de lo que pensamos, tan sólo hemos de creerlo. Dios sabe lo que hace y no puede dejarnos a la deriva, Él ha puesto "todo" en cada uno de nosotros, por eso la confianza nos da la luz necesaria para enfrentarnos con valentía a cualquier situación.
Cuando nos sentimos solos, no es más que una oportunidad para conocernos a nosotros y ponernos frente a Dios con todo lo que somos. Con nuestras debilidades y fortalezas, con nuestras miserias y con las riquezas que poseemos.
Cuando pensamos que lo hemos perdido todo y que no tenemos más que ofrecer, hemos descubierto el camino para dar de lo que somos en realidad, para dar de nosotros mismos, y esto tiene más valor que cualquier otra cosa.
Cuando nos empiezan a surgir preguntas y buscamos respuestas a todo, podemos estar seguros de que es el primer paso hacia un verdadero camino de fe. Por todo ello, no tengamos miedo a nada de lo que vivimos porque todo es una gracia para nuestro crecimiento personal y comunitario (con los demás). Texto: Hna. Conchi García.
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buscando respuestas,alivio,esperansa,animo,encontre esta pagina ,la cual me ayudo para poder abrir , auquesea un poco mis ojos.muchas gracias y que dios los bendiga
hermoso!
Gracia, es palabra que denota la belleza, la bondad, el encanto, el reconocimiento (la lengua española tiene una palabra bellísima :¿gracias!).
Para la fe cristiana, la gracia encierra todos estos significados y muchos más: designa el amor que el Señor manifiesta por todos los hombres.
Los hombres solo tienen un solo deber: el de acogerla. Aun cuando pueda parecer increible, a menudo el hombre no acepta este don maravilloso del amor de Dios. Pero Dios insiste.
Un saludo a todos, los que esteis ya iniciando vuestras vacaciones y los que aún no, seguiremos tomando café en este espacio.
Martes, 14 de febrero
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Juan Fernandez Krohn
Francisco Baena Calvo
José Rubio y César Luis Caro
Pedro Tarquis
Mariano Fresnillo Poza
Carlos Corral
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos