El sermón de la montaña de San Mateo (capítulo 5) es una exigente catequesis. En su versículo 23, el evangelista dice: “Si cuando estás en el altar para presentar tu ofrenda, te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve a presentar tu ofrenda”. Es decir que mi examen de conciencia tiene que ir más allá de aquellos actos negativos que yo he cometido contra los otros.
Estas palabras evangélicas, me exigen que yo repase si no habrá personas que tengan algún resentimiento contra mí, tengo que ir a encontrarlo. En definitiva, tengo que dar siempre el primer paso. Esto no es fácil. Pues lo primero que me viene en mente es pensar que es el otro que tiene que venir a mi porque el ofendido soy yo por sus formas incorrectas hacia mi persona.
La norma de Jesús siempre nos sobrepasa, pues nuestros pensamientos no son como los de Dios. Ya se lo advirtió Jesús a Pedro: “Tus pensamientos no son los de Dios, sino de los hombres”. Ante semejante imperativo, sólo queda decir: “Señor sin ti no podemos nada”. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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saruce:Espero que no te ocurra nada grave al no aparecer.
¡Ah!, y gracias por tu reflexión.
un abrazo para todos.
Hna. María Nuria, ¡qué poco me gusta ese pasaje de Mateo!.
Creo que se hace un pequeño lío, o que los traductores no han dado con el punto adecuado.
Si se comete pecado, se arrepiente uno, es decir, si ofendes a alguien, le pides perdón. Y si el ofendido no te perdona, pues ¡qué le vamos a hacer!. Dios sí lo hace, y eso es lo importante.
Cuando Mateo habla del divorcio, en el capítulo siguiente, mejor que se hubiese callado.
Demasiadas normas, y poco amor, es lo que yo percibo.
Un abrazo.
A partir de ahora, apareceré poco. Abrazos a los cafeteros, y a sanar los pachuchos.
Viernes, 17 de febrero
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