Mi vocación

Desencuentro

09.06.08 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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Una persona me dio un artículo para leer y no me dijo nada más. De entrada, el tema del artículo me dejó sorprendida “Saber parar, controlar, decir no…”. Leí aquél artículo con un gran interrogante, me dije: ¿qué me quiere decir con esto? No me sentía identificada con aquello y mucho menos quería pensar que esa persona me identificaba con eso… Sin tardar, al finalizar de leerlo, fui a buscarla para devolvérselo, no me lo iba a guardar, y también para que me dijera lo que realmente quería decirme.

Ella no me vio el rostro radiante al preguntarle: ¿Qué quieres? Entonces, me dijo que al leerlo había pensado en mí porque había una cosa en aquél mensaje que valía la pena retener y que el día anterior había sido lo que precisamente le había sucedido conmigo y fue para ella positivo. Me había pedido algo y de entrada le dije que no, dándole una explicación. Me compartió que aquél no y el por qué razonado la había dejado descolocada y lo vio reflejado al leer ella misma el artículo.

A continuación, fui yo quien se quedó sorprendida ante su compartir y recibí también un mensaje para reflexionar y aplicar en mi vida.
Lo primero que se dio fue un desencuentro por haber realizado distintas interpretaciones y posteriormente llegó el encuentro. A veces, fácilmente nos pasan desapercibidas muchas acciones de nuestra persona y que en todo, tanto en aquello que aportamos de bueno al otro, como en lo que no ofrecemos de bien, somos testimonios y hablamos aunque al utilizar las palabras caigamos en desencuentros. Por suerte, se dio la riqueza del encuentro, del compartir y ello también me hizo bien, hay que saber escuchar al otro con apertura de corazón. Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por saruce 09.06.08 | 14:44

    Estos días que he permanecido fuera, creo que me han ayudado a ser más suspicaz (que no si si es bueno o malo, o todo lo contrario).
    Hna. María Isabel, no todo lo que nos presentan es, o debe ser, asumible, o entendible por nosotros.
    Bien diferente es acoger todo lo que nos muestren, sin el menor signo externo de disgusto, y otra cosa es calificarlo de extraordinario, cuando puede que no valga la pena, ni perder el tiempo con ello.
    Decir que sí, o que no, con la conciencia tranquila, no es un despropósito, sino algo coherente al cristiano.
    Abrazos.

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