
En numerososas ocasiones nos rodeamos de pensamientos y de miedos que no nos dejan ser nosotros mismos. Ponemos en tela de juicio todo aquello que no proviene de lo que consideramos cierto. Nos cerramos, en definitiva, a abrir nuestra vida y corazón no sólo a cosas nuevas sino a personas que tienen mucho que aportar.
Nos aferramos a nuestras ideas, a lo que pensamos que es la verdad, aunque si reflexionásemos un poco, nos daríamos cuenta de que nuestra verdad no tiene por qué coincidir con la del otro y que nuestro punto de vista no tiene por qué ser igual al de los demás... pero aún así, hacemos fuerza y defendemos nuestra idea como única. A veces tan sólo nos agarramos a aquellas seguridades que en algún momento han respondido por cualquier motivo, pero en cambio, no somos capaces de fiarnos y de dar una oportunidad; es posible que el miedo siga siendo protagonista y se adueñe de nuestra persona sin que nos demos cuenta, o tal vez el afán por querer estar en primera linea siga siendo más fuerte de lo imaginado.
Es importante preguntarse el por qué actuamos de una u otra forma y por qué en muchas ocasiones somos capaces de criticar y hacer daño al otro gratuitamente. A veces se pasa por encima de los otros sin una intencionalidad directa, pero en otras ocasiones se ve claramente que el objetivo final es hacer daño y actuar sin piedad.
Sin duda, deberíamos examinarnos de ésto porque la clave no está en que todos somos diferentes, y por supuesto, hemos de aprender a dar cabida a todo el mundo, sino que estamos mostrando nuestra incapacidad de acoger a la pluralidad de la sociedad. Además, dar paso a nuestro papel de jueces no es lo más recomendable porque al final nos haríamos daño a nosotros mismos.
La posición a adoptar no debe alejarse de lo que Dios espera de cada uno de nosotros, y no es necesario hacer grandes proezas y cruzar grandes mares, porque lo grande lo construimos día a día y todo va creciendo en la medida que yo me esfuerzo y me preocupo por el otro. Cuando somos capaces de mirar fuera de nosotros hemos conseguido que el otro sea importante, hemos logrado dar una oportunidad valiosa a la otra persona y sin duda, hemos creado confianza y fidelidad en Dios. Texto: Hna. Conchi García. Foto: Hna. María Nuria Gaza.
Los comentarios para este post están cerrados.
¡Hola!
Soy un hombre trabajador casado y normalillo, que os lee a menudo y como me gusta vuelvo y os deseo salud y todo lo que podáis desear ya que tenemos que amar al prójimo y ayudarle en sus necesidades, yo hago lo propio poniendo mi granito de arena.-
Ánimo y adelante.
No hacer caso a los malos bloguistas y borrar los comentarios ofensivos, ya se arrepentirán si pueden.-
Un abrazo.-
torito1
En la parroquia me acaban de recordar aquello de "fundamentar la casa sobre roca" y no se porqué tipo de asociación de ideas me ha venido a la mente alguna persona a la que la vida ha "cernido" (pasado por el cedazo del dolor físico y psíquico) y le ha quedado un poso de cordura, mansedumbre y trascendencia en su decir que ... perfuma cuanto toca.Es roca. Dios le bendiga!
P.S.- Saruce,... no somos de Tudela pero nos han dejado solos como a los de idem.
Acaba de caer un maravilloso chaparrón que ha llegado hasta el mar;el sol ha tomado enseguida el relevo... Buen domingo!
Como casi siempre que puedo, esta mañana me he dedicado a echar una ojeada por los blog´s de RD.
Podéis creer, amigos míos, que pocas veces he observado tanta maldad y tanta saña, entre los "contertulios virtuales". Hasta los blogger´s hacen de las suyas, a pesar de sus apariencias beatíficas.
Permitidme estar recogido y abrigado entre vosotros, hasta que se pase el temporal.
Mis mejores deseos para todos, enfermos y sanos.
Es poniente en el estrecho, pero el día está precioso.
Abrazos para todos.
Hermana Conchi, algunas de vosotras, las religiosas, me provocáis ciertas incertidumbres.
Por ejemplo, nunca me he preguntado qué es lo que Dios desea de mi, porque creo que lo se. Es decir, amarle y amar a mis hermanos, los seres humanos.
Tampoco puedo discernir sobre lo quye Dios espera de mí.
No entiendo a Dios. Lo amo, porque él me concedió la fe, pero es mi perfecto desconocido.
Eso sí, le agradezco que vosotros, los religiosos, estéis en la retaguardia, orando por los demás.
Los religiosos son las persoans en quienes más confío. ¿Os vale por ahora?.
Abrazos.
Oído cafeteros. Viene uno con leche. Y de manga.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman