Muy apropiado para este tiempo de Pascua es un fragmento de uno de los sermones de San Agustín que dice así:
“Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles….Todo hombre ama, nadie hay que no ame; pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a que elijamos lo que hemos de amar. ¿Pero cómo vamos a elegir si no somos primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero?. Oíd al apóstol Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero.
Trata de averiguar de dónde le viene al hombre poder amar a Dios, y no encuentra otra razón sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle. Escuchad al apóstol Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de Dios –dice- ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues, ¿de quién? Del Espíritu Santo que se nos ha dado. Por tanto, teniendo una gran confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado.
Cantad con vuestra voz, cantad con vuestro corazón, cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres: Cantad al Señor un cántico nuevo….”
Texto: Hna. María Josefa Cases.
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Cantemos con la voz y con el corazón, con la boca y con nuestra conducta.
En los momentos de dificultat, quien más, quien menos, todos cantamos, tatareado, o silvado alguna melodia, una canción aprendida, sea de ìndole religioso o humano, esperando que la canción nos ayude, nos empuje, nos canvie un poco, sinó la vida, si el dia o el momento inmediato que viviremos.
Desde los primeros cristianos que iban cantando hacia su martirio, hasta hoy, cantar, silvar, tatarear una canción, una melodia, ha servido para saber afrontar con elegancia: horas bajas, momentos difíciles, tiempos de adversidades para que no decaigan ni el ánimo, ni la esperanza y para superar la ración de sufrimiento, de cruz que a todo humano le toca vivir.
Los evangelistas Mateo y Marcos coinciden en escribir que "después de cantar los salmos, Jesús y los apóstoles salieron hacia la montaña de los Olivos.
Cantemos al Señor, el cántico del amor.
Un abrazo para todos/as.
Muy “terrenales” os encuentro… jeje. Creo que a mí me pasa lo mismo. Me siento, sin falsa humildad, un poco de barro y nada más en manos del Alfarero; por lo mismo incapaz de volar…a esas alturas. Y es curioso que sea precisamente el propio San Agustín (con independencia del texto que propone para hoy la Hna Cases que me deja un poco clavado, como a Saruce) un ejemplo vivo de humildad y de constatación del poder de la gracia tras una juventud… digamos, “movidita”(¡).
PS.- A estas horas de la noche ya no puedo pedir un café al uso… Haré un extra y será un “irlandés” que va muy bien cuando la humedad del mar próximo se adueña de las calles…
Qué suerte poder contar con la ayuda del Espíritu Santo que nos ilumina y nos hace creer, tenemos una fe difícil de creer sin ayuda, y si no fuera porque por ahí está revoloteando el Espíritu Santo, quién podría creer en un Dios que nos pide que nos neguemos a nosotros mismos, que carguemos con nuestra cruz, que perdonemos a los que nos hacen mal y oremos por los que nos maldicen.
Me apunto a uno completo con churros, cafe, orujo, chocolate caliente y suizos.
Queridos amigos/as: Como he referido en anteriores comentarios, me cuesta elevar los pies del suelo. Me es casi imposible sentir sintonía con personas que casi rozan la divinidad.
Amo...porque Dios me ha dado una inmensa capacidad para amar. Porque soy un ser sensible, con capacidad de asombro y de enternecerme ante una puesta de sol, una lectura que toque mi fibra emocional o una persona que demanda cariño. Amo, simplemente... porque sí. Porque no puedo guardar para mí tanta ternura, que reboza los poros de mi piel.
Dios me conoce y me entiende. Sabe que soy muy terrenal y que tanto el AMOR, como otras muchas cosas... no puedo entenderlo si no parto de mi propia humanidad.
Un fuerte abrazo para todos/as.
Marta.
¡Qué dificil me resulta "entrar al trapo", en uno de los escritos de San Agustín, Sta. Teresa, o de otros tantos espíritus elevados!.
Lo reconozco, soy del terruño, casi del subsótano, y además, mi voz no está afinada.
Por eso mismo, cuando miro la aguas del mar, azules y tranquilas como hoy, o bravías en tiempo de tormentas, doy gracias a Dios, en burda y humilde prosa. Y se que Él también me entiende, y me anima a continuar amándole y amando a los demás.
Quizás no soy tan espiritual, porque me encanta el café, los churros, y el orujo. ¿Hace uno completo?.
Abrazos.
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman