Estos días de Semana Santa han sido un tanto especiales. Han tenido un sentido profundo y lleno de significado, por ello siempre se llega a lo más hondo del ser humano. Los he vivido de cerca junto a un sector de la sociedad a veces rechazado, marginado y señalado, es decir, con los presos.
Allí donde parece que no hay vida, porque en muchas ocasiones evitamos hablar de él, es allí donde también está Dios, ya que precisamente, donde termina “la misericordia” del hombre es cuando empieza la Misericordia de Dios.
Estas fechas, en prisión no pasan desapercibidas y sin dejar huella, sino que las personas que allí se encuentran, lo viven con una gran intensidad, desde el corazón y con la sinceridad de una persona que busca el consuelo, una palabra de amor y de acogida, de comprensión…, y sin duda, si lo desean lo encuentran, porque Dios ama a todos y siente debilidad por el frágil y pobre, como nos dice la parábola del Hijo Pródigo. Estos días son muy importantes por lo que son y significan, pero además, porque en la cárcel hay días que son como una “estrella” que ilumina el rostro y el alma; por el significado del día o por las visitas que puedan tener, por el encuentro con ellos mismos en un compartir o por el gesto o la palabra de ánimo que reciben. Lo más pequeño para los que están fuera se convierte en lo más grande para los que están dentro, en prisión.
Hay vidas diferentes, con realidades diferentes y con maneras de ser distintas, pero hay algo que los une a todos, que nos une a todos, y es el sentido de sufrimiento, el dolor. Curiosamente, nos sentimos más identificados con el dolor que con la Resurrección; y creo que si viviésemos más intensamente lo que significa la Resurrección en nuestras vidas podríamos aceptar, actuar, mirar de una manera distinta a lo que hacemos habitualmente. Pero la Resurrección requiere, pide una cosa importante, confianza en Aquel que nos ha amado y nos ama hasta el extremo.
Ojalá no nos quedemos únicamente con el dolor, sino que podamos romper toda barrera para fijar nuestra mirada en el misterio de la Resurrección, fuente de nuestra alegría. Texto: Hna. Conchi García. Foto: Sor Gemma Morató.
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Gracias por trabajar por los más desfavorecidos, tanto criticar a la Iglesia, y os mojáis con los más pobres, me encantó la parte del anuncio en favor de la financiación de la Iglesia, cuando salía un preso que decía que gracias a los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, había oído hablar por primera vez, dentro de esos muros, de perdón y futuro.
Saludos desde el Sur
después de la salida de la cárcel.
Ante todo, tener en cuenta que se trata de una presencia evangelizadora. Es decir, en la que no puede faltar el anuncio de la palabra de Dios, la celebración de los sacramentos, particularmente de la Eucaristía, y la práctica de la caridad.
Todo esto y más que hoy me permito describir, y valorar en estas líneas, usted junto con otras personas es digno de felicitar y de apoyar. La Pastoral Penitenciaria es necesaria para amortiguar el dolor.
Un abrazo para todos/as.
Apreciada Hna. Conchi García,
Su ayuda, su atención al hombre y a la mujer que está en la carcel, prestar aquellas ayudas para que puedan ejercer sus derechos, ayudando en la orientación y siempre en colaboración con las autoridades penitenciarias. AYUDAR a los presos no es estar de acuerdo con el delito que hayan podido cometer, ni tampoco en constituirse en acusador o juez de un juicio que corresponde a otras personas.
Dentro de las cárceles, también hay exclusión entre los mismos excluidos. Siempre existen unos presos más pobres, más indigentes, más enfermos, más necesitados, y a los que habrá que atender de una manera preferente. Establecer una relación personal y respetuosa con el personal de la cárcel y colaborar con ellos en cuanto sirva para mejorar la situación de los reclusos.Ofrecerse para colaborar en actividades de tipo educativo, cultural, que ayuden a mejorar el ambiente de la prisión y la formación de las personas.
Acompañar al preso y a su familia de...
Buenas tardes a todos/as.
Muxo: Me alegro de verte por aquí. Espero que lo hayas pasado muy bien. Con respecto a tu reflexión: ¡Amen!
¿Un hueso? jajaja!
Elisenda: Tú, como siempre, al pie del cañón; reflexionando en alto vivencias que nos ayudan a sentirnos acompañados/as en nuestro caminar diario. Gracias, por ser como eres.
Bea, Silvia, Marmi... esperamos vuestros comentarios o simplemente un abrazo que nos comunique que estáis ahí.
Saruce: Sé que estás de vacaciones. Pásalo bien. Te echamos de menos.
Queridas Hnas. aquí seguimos, con vosotras. Un fuerte abrazo.
Marta.
"La peor de las enfermedades es no ser nadie para nadie" (T.de Calcuta). Eso es justamente el mayor DOLOR de la cárcel para muchos: el pozo, el olvido, pero olvido hasta de la familia...si es que la hay.Olvido de la propia dignidad de ser humano.Nulidad, dolor y olvido. Por eso hay desconfianza y ojos como platos cuando alguien, sin motivo que lo explique, intenta echar una mano... (Ellos ven los ojos de las visitas que confiesan solapadamente "algo habrá hecho" y eso es ... sal y dolor a sus heridas)
Nosotros, "Los Justos", corazones de piedra...debiéramos cuando menos, comprender,..."empezando por los mas viejos" como en la frustrada lapidación.
Buen finde. (Esta profe es un hueso!)
Queris contetulios, Hnas:
Las experiencias dolorosas , las lagrimas derramadas, nos pueden mejorar y ayudar a otras personas que sufren. No tenemos que "renegar" de las horas amargas ni de los dias de sufrimiento. Nos pueden llevar las lecciones mejores de sabiduría, de humanidad, de espirirualidad, de cristianismo.
Que tengamos un buen fin de semana, aunque durmamos una hora menos.
Un abrazo para todos/as
no tiene precio.
Un fuerte abrazo para todos/as.
Ya sabéis que hoy empiezo a pasar lista.
Marta.
precio.
Marta.
..."donde termina la misericordia del hombre es cuando empieza la Misericordia de Dios"...
Hna. Conchi, que frase más bonita y profunda. Tienes toda la razón. El ser humano, por mucho que dé de si mismo, nunca alcanzará los confines de Dios. Pero... eso es lo que se nos pide: Dar el "DO" de pecho dentro de nuestros límites, porque para suplir nuestras carencias ya está la Mano de Dios.
Dios nunca nos pide más de lo que podemos dar...
Conozco muy bien el mundo de la cárcel. He trabajado con ellos (cuando aún tenía tiempo, ya no), y sé el sentimiento de impotencia que a veces embarga al colaborador/a. Pero, siempre tuve claro que yo simplemente era un pequenísimo instrumento de Dios...
Todo lo dejaba en sus manos. Le pedía que pusiese la palabra adecuada en mi boca, la sonrisa amplia en mis labios, la mirada serena en mis ojos y el calor necesario en mi corazón, para ser fuente de acogida y rayo de esperanza en un mundo donde un simple "gesto"... no tiene ...
Domingo, 3 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman