El hombre es un ser “peregrino” que va buscando aquello a lo que se siente llamado, es decir, aquello que le hace feliz. El camino a veces es largo y con muchas curvas, incluso puede tener hasta piedras en él, aunque no quiere decir que no se pueda atravesar. San Agustín, después de una búsqueda incansable, descubrió que Dios era la pieza más importante, era quien le colmaba y hacía feliz de verdad, por ello sus palabras “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
El ser humano quiere ser feliz, encontrar su lugar y luchar por ello. Cuando miramos alrededor nos damos cuenta de que estamos rodeados de muchas personas, la familia, los amigos… son aquellas personas que queremos y que nos quieren, por las cuales somos capaces de hacer cualquier cosa porque el amor nos mueve, nos llena y nos llama a actuar, a preocuparte por el otro, a no pensar en uno mismo sino a abrir nuestra vida.
Leía una reflexión en que se afirmaba: “Todos tenemos heridas en el corazón”. En aquel texto, al leer esa frase, me impactó pero a la vez no me dejó indiferente. A veces cuando lees determinados textos crees que no van para ti sino para los otros…pero al final acaba saliendo tu realidad con tus heridas.
Estaba haciendo unos días de retiro y en ese ambiente, inevitablemente entrando más a fondo en mí, esa afirmación de las heridas en el corazón también se hacían realidad en mí. Cuando todo va bien se siente cierta armonía y es reflejo en la vida de cada día en ti y en tu relación con los otros pero cuando “no es oro todo lo que reluce” hay que tener la fuerza para podar aquello que te produce mal, en la que no reluce el bien y lo sabes.

El ayuno, la oración y la limosna han sido desde siempre los pilares donde se apoya el camino cuaresmal que conduce a la Pascua. Jesús en el evangelio de Mateo 6,1-6;16-18 que se lee el miércoles de ceniza, comenta estos tres aspectos. Estas prácticas ya eran esenciales en la vida de todo buen judío del antiguo Israel.
Pero Jesús pone el acento en la actitud interior a tener en cuenta cuando ayunamos, cuando hacemos limosna o cuando oramos: “Cuando ayunéis no andéis cabizbajos como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan”. Y lo mismo cuando hagamos limosna si lo hacemos para que nos den las gracias y nos lo reconozcan ya tenemos nuestra recompensa. Y si vamos a la Iglesia para hacernos pasar por piadosos. ¿Es que Dios Padre escuchará nuestra oración? Esto sería hacer como el fariseo de la parábola que se jactaba de sus ayunos y limosnas y salió del templo sin justificar y sí el publicano que desde un rincón pedía al Señor que tuviera piedad de él.
Era un día esperado, deseado y llegó la hora el pasado 25 de Enero de 2008 para Hna. Conchi y para mí de hacer votos perpetuos como Dominicas de la Presentación. Un día especial que permanecerá en el corazón para siempre. Ahora puedo afirmar, que el día de los votos perpetuos es sin duda, una gracia inolvidable y también difícil de expresar en palabras porque Alguien traspasa tu corazón y te desborda.
Mis primeras palabras cuando inicié la aventura de la vocación a la vida religiosa fueron: “Yo soy un proyecto de Dios”; era como decir, “nada hay hecho, intuyo algo en construcción y algo grande que ha abordado en mi vida, abriendo otra Vida”. Ahora, “Soy un proyecto de Dios perpetuo”.
Hay un pasaje del Evangelio que cuentan los tres sinópticos que siempre me ha llamado la atención. Es la del poseso de Gerasa: Mt. 8, 28-34; Mc. 5, 1-20 y Lc. 8, 2639. Este pobre poseso que una vez liberado de los demonios está en sus cabales sentado a los píes de Jesús. ¿Qué pasó por interior de aquel hombre?
No sabemos si hubo un diálogo entre él y el Maestro, lo único que nos relata el evangelio es que al ver marchar a Jesús en la barca, el hombre le rogó que lo llevase con Él. Pero Jesús le dijo: “Vuelve a tu casa y cuenta todo lo que Dios ha hecho contigo”. Y la narración termina diciendo que fue por toda la ciudad proclamando lo que Jesús había hecho con él. Aquí vemos claramente lo que Jesús dijo a sus discípulos: “No me habéis elegido vosotros a mi sino que yo os he elegido a vosotros”.
Muchos salmos de la liturgia de las Horas, especialmente algunos de los que rezamos al empezar el día, a la hora de Laudes nos invitan de forma más o menos explícita a “cantar al Señor un cántico nuevo”.
Sin embargo muy a menudo nuestro día comienza no como algo nuevo, sino como pura continuación del ayer: volvemos a la misma rutina y a la repetición a veces mecánica de gestos y ritos, pocas cosas son nuevas en el inicio de la jornada, más parece que hoy será en todo semejante al día de ayer y volveremos a encontrarnos con los mismos problemas y parecidos lugares. Y es que todo aquello que ayer no conseguimos poner en manos de Dios, hoy lo retomamos de nuevo y vuelve con la intensidad de lo que parece no acabar, o de lo que no hemos sabido acabar bien.
“…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará…” (Mc 8, 34-35)
Estas palabras del evangelio en las que Jesús nos habla claro respecto a lo que significa seguirle, me surge una pregunta: ¿Te seguiré Señor? “Sí, seguiré al Señor… pero estoy dispuesto a todo, ¿venga lo que venga?”.
Al sentir la llamada del Señor, se nos invita a darle una respuesta, se establece un diálogo, entro en relación con el Dios que sale al encuentro, que se hace el encontradizo y que espera una adhesión total, sin reservas a Él. A la vez, se crea una responsabilidad ante lo que espera de cada uno, porque cada respuesta es individual y en esa llamada hay una vida personal a poner a su servicio, en una opción de vida concreta que comporta un camino de fidelidad.
Una tarde de domingo puede dar para mucho e incluso acabar sorprendiéndote, y así fue, sin haberlo planeado, un paseo inicial en buena compañía acabó a la orilla del mar, contemplando una noche serena, donde se iba serenando a la vez el propio interior. Hacía tiempo que no disfrutaba de un regalo así, esa gratuidad de contemplar la luna llena reflejada en el mar. ¡Cuántas oportunidades tenemos de disfrutar en lo sencillo y cuanto bien nos hace!
Hoy se cumplen 150 años de las apariciones de la Virgen María en Lourdes. ¿Cuántos enfermos habrán pasado por la gruta de Massabielle en Lourdes para implorar la curación de sus enfermedades, cuantos corazones afligidos no habrán puesto sus súplicas a los píes de María?
Pero lo que más me ha llamado siempre la atención de este lugar mariano no son los milagros, que en realidad no son tantos, sino la alegría de ver a los enfermos regresar con su misma enfermedad pero con una paz increíble. Allí a los píes de la Madre de Dios encuentran la fortaleza para llevar su enfermedad con garbo. Recuerdo particularmente el caso de un enfermo que vivía en un barrio extremo de Barcelona, estaba desahuciado y la situación económica de la familia debido a su enfermedad era precaria. La hospitalidad de Lourdes le ofreció por dos veces la posibilidad de ir a Lourdes.
El senador Ed Mukie sentenció en 1970 que había dos clases de políticos. “Existen políticos del miedo y los políticos de la confianza. Unos dicen que estamos rodeados de peligros monstruosos. Los otros dicen que el mundo es un lugar incomprensible y peligroso, pero puede ser conformado según la voluntad de los hombres”.
Ciertamente también hay personas, que sin ser políticos, se ensañan en ver mal por todos lados: Todo es corrupto, vil, despreciable. Otros, se esfuerzan en ver lo positivo que hay en el mundo: La bondad de un simple gesto de acogida, la sonrisa de un niño, el gesto del joven que ofrece su brazo a un anciano.
Hay momentos en la vida en los que cuesta ver la luz, aquello que estas viviendo es para un bien o de esa situación se sacará algo bueno para la vida, es verdad de que nada cae en saco roto pero es ahí donde hay que mantenerse fiel, cuando todo te está superando, cuando no encuentras respuesta a ciertas preguntas, cuando crees que podría vivirse de mejor manera ciertos acontecimientos que son importantes para tu hoy y está en juego tu mañana y en todo ello solo quieres seguir siendo fiel al Señor.
Muchas son las veces que hemos releído el pasaje donde aparece Moisés en el Horeb, el monte de Dios. Allí se produce un encuentro entre él y Dios. Se le aparece en forma de llama entre una zarza, pero curiosamente ésta no se llegaba a consumir, y Moisés estaba sorprendido ante tal espectáculo. Es allí donde Dios le habla y dice que pisa tierra sagrada. Moisés sabe que no es algo fugaz, algo pasajero sino que Dios mismo ha venido y hablado al corazón, a su vida, por eso se de tapa la cara al sentirlo. El hecho de tapársela no es miedo ante la presencia de Dios sino de respeto, de sentirse indigno ante la elección que Dios había hecho hacia su persona, y a su vez de experimentar la felicidad y el Amor.
El día 2 de febrero la Iglesia celebra la Presentación de Jesús al templo y desde hace ya años es el día de la vida consagrada, es decir la fiesta de todos aquellos que han optado por consagrarse en la vida religiosa al servicio de Dios y del prójimo. Pienso que el Evangelio que se lee en la Misa de esta fiesta, da la razón del por qué se ha escogido este día y no otro.
En el texto de Lucas 2, 22-40 aparecen diversos personajes y todos hombres y mujeres dedicados al servicio del Señor:
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman