Es bien conocido el pasaje bíblico del Hijo Pródigo. En él, me he fijado en la figura del padre, cómo “Es el padre que otea el horizonte para ver si regresa su hijo y, al verlo, corriendo se le echó al cuello y le besó” (Lc 15,20) El hijo había sido infiel a su filiación, pero el padre jamás dejó de ser fiel a su paternidad”.
Para llegar a recibir el abrazo del Padre, primero se ha producido una lejanía respecto a la filiación, después se pasa por el desierto del propio yo y ahí se toma conciencia de la situación real, del pecado y la infidelidad.
Hay un alto en el camino, un ponerse de nuevo en marcha pero el hijo no espera el abrazo del Padre, desea una nueva oportunidad, un mínimo para cambiar el rumbo y se lleva la sorpresa de recibir el máximo, de vivir la fiesta del perdón. Se celebra un banquete porque lo muerto ha renacido, lo perdido se encuentra y el pecado ha sido vencido por la misericordia de Dios.
El mensaje que recibo en este evangelio invita a abrir la vida a la misericordia de Dios y ésta inevitablemente ha de ser muestra de Amor ante quienes nos rodean y sé que muchas veces ando lejos de ello pero creo en un Dios que otea el horizonte, que ofrece siempre la salvación y al que quiero ir cada día sin vivir de mínimos y recibir su gran abrazo de Padre. El encuentro con Él es siempre un acontecimiento de alegría. Texto: Hna. Ana Isabel Pérez
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Este pasaje,hace algún tiempo,lo utilizamos en una oracion...mi oracion de compromiso con la IT...me la dedicaron con mucho cariño e ilusion mis compañeros...recuerdo el abrazo del padre en ese momento en mi vida.Han pasado distintos acontecimientos en mi vida...me he alejado del padre...aunque confio que el me esta esperando con los brazos abiertos para que vuelva hacia el...a veces todos nos sentimos hijos prodigos...hoy me siento asi...
Un abrazo a toda la comunidad...ahhh,enhorabuena a las hermanas Ana isabel y conchi.Besos gemma
Un hermoso post que, a mi parecer, pone las cosas en su lugar. En esa parábola, el personaje más interesante es el padre, el mismo que espera, amorosamente, oteando el horizonte.
Realmente, el amor sacrificado, el que inspira más confianza es siempre el de los padres.
Mirar a Dios como padre, y sentirlo como tal, ofrece la garantía de la perdurabilidad de su amor incansable.
Puede que mi fe sea raquítica, pero nunca me apasioné en mi amor a Dios, pero siempre confié en él, plenamente.
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman