Mi vocación

La promesa de Dios

23.01.08 | 08:00. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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A lo largo de la vida hay muchos momentos en los que esperamos, sí, estamos atentos a algo que queremos que pase, a algo que nos han dicho que ocurrirá… esperamos lo que nosotros mismos deseamos, o tal vez, lo que creemos. Esperamos un día mejor, un buen trabajo, esperamos lo mejor para las personas que queremos, también esperamos el autobús en la parada mientras hace un frío polar… y seguimos esperando, pero lo hacemos según nuestro punto de vista, según nuestras miradas.

Dios promete, y nos promete el Amor que estamos esperando, un amor verdadero que puede hacer que dejemos de esperar otras tantas cosas que, al fin y al cabo, no tienen ningún valor. Dios promete… se hace el encontradizo en nuestra vida, en todos los acontecimientos que vamos viviendo. La promesa de Dios no está lejos de cada uno, todo lo contrario, lleva escrita nuestro nombre, porque somos nosotros los que hemos de dar el último paso.

En la Palabra de Dios aparece en muchas ocasiones muchas de sus promesas, como a Abraham, que le promete una tierra nueva; a Moisés o a Josué… Tal vez nos preguntemos ¿qué me promete Dios a mí? ¿Cuál es la tierra que me tiene preparada? La respuesta es fácil, Dios se promete a Él mismo, nuestro regalo y recompensa es Él, ya que sólo Él puede saciar el corazón humano, los deseos y anhelos de nuestro corazón.
Esta promesa nos ha de hacer personas más felices, más conscientes del verdadero amor, personas que transmiten el amor recibido de Dios y que muestran con sus actos que son personas llenas de ilusión porque han confiado en la promesa de Dios; personas que demuestran que esta felicidad se puede hacer realidad en sus vidas, pero por supuesto, si ellas quieren.

Es posible que mi medida, mi punto de vista no sea lo que Dios me está pidiendo en ese momento. Tal vez, pensemos que lo mejor y la solución sería hacer las cosas de una manera pero… quizá Dios nos está pidiendo lo contrario. Es cuando hemos de preguntarnos si somos capaces de descalzarnos, olvidarnos de nosotros, de nuestros propios proyectos y abandonar todo intento de integrar a Dios en los propios proyectos, para integrarnos nosotros en el proyecto de Dios.

Despojémonos de todo para poder acogerlo todo, es decir, todo lo que viene de Dios, para acoger en nuestra vida la Promesa de Dios, ya que es la que forma parte de cada uno de nosotros desde el principio. Texto: Hna. Conchi García.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por rosa 10.03.08 | 21:30

    Creo que no es verdad eso de que hay tanta riqueza en las iglesias, esas iglesias no estarian asi de cuidadas sino fuesen los religiosos las que las cuidaran y reservaran, con ese dinero recogen dinero para darlo a los comedores o a las necesidades de los fieles , mejor informaros, los sacerdotes tienen poco dinero y necesidades, hay que limpiar las iglesias hay que cuidarlas etc.

  • Comentario por Persona abierta, inquieta y con sentido comun. 24.01.08 | 16:38

    Bueno, no hay por que clasificar a la gente entre VIVIDORES y MIEMBROS DE UNA SECTA. Hay caminos intermedios...

    Mi opinión sincera, es que en nombre de ese o eso a lo que llamáis DIOS se han cometido asesinatos, mentiras, robos, explotación...

    ¿Habéis ido a Jerusalén? Es curioso como dentro de las iglesias está todo lleno de oro, riquezas, y cuando sales a la calle compruebas que la gente se muere por que no puede disponer de un trozo de pan, o una vacuna que cuesta 20 céntimos...

    Lamentable.

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