Cada mañana el sonido del despertador hace iniciar el día, más o menos la hora está fijada para levantarse, esa rutina nos hace ponernos en pie con todo lo que conllevará la jornada.Es así, como en nuestra vida también tenemos cosas fijadas, programadas, pero muchas son las veces que no suenan a nuestro ritmo, a nuestra hora o como desearíamos que sonaran.
Entonces, hay un momento veloz en que parece que suena el despertador cuando más a gusto dormimos, cuando nos sentimos bien, cuando es dulce el sueño y abres los ojos a la realidad que palpas… tú crees que es la hora de levantarse, de responder al Señor, lo ves cerca y resulta que la otra persona te sorprende y libremente decide irse…y te preguntas: ¿dejó de sonarle la hora de Dios? ¿Por qué ahora apaga el despertador?
El roce hace el cariño, humanamente sientes esa partida que te cogió por sorpresa, te descoloca pero cuando vas aterrizando lo vivido junto a alguien con quien has compartido algo más que hablar del tiempo… cuando ha habido un compartir de la propia vida, con sus esperanzas, su fuerza por entregarse al Señor… profundamente oras por ella.
Te quedas esperando alguna palabra de su parte, hubieras deseado otra manera de haber vivido esa partida pero a veces es mejor cortar por lo sano, tocar con los pies en la tierra sabiendo que te has dado y que por sus frutos los conoceréis… y sin que ella lo sepa, deseas que sea feliz, que encuentre el verdadero camino donde pueda vivir cristianamente y si es desde la vocación religiosa encuentre dónde entregar su vida y que lo haga enamorada del Señor y su alegría en Él perdure. La respuesta a la vida religiosa sólo tiene un protagonista al que responder, es la propia vida la que debe orientarse hacia Dios.
“Tened siempre la alegría del Señor; os lo repito: estad alegres. Que todos reconozcan vuestra clemencia. El Señor está cerca. Nada os preocupe. Antes bien, en vuestras oraciones y súplicas, con acción de gracias, presentad a Dios vuestras peticiones. Y la paz de Dios, que supera la inteligencia humana, custodie vuestros corazones y mentes por medio de Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, ocupaos de cuanto es verdadero, noble, justo, puro, amable y loable, de toda virtud y todo valor. Lo que aprendisteis y recibisteis y escuchasteis y visteis en mí ponedlo en práctica. Y el Dios de la paz estará con vosotros” (Flp 4, 4-9). Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.
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Se despereza el día, suena mi despertador; levanto las persianas y entra el sol. La gente va deprisa a través de la ciudad, sus ojos sólo ven un gran reloj. Quiero ser distinto repartir mi corazón, dando a los amigos ilusión, reírme de detalles que me puedan amargar, hoy quiero dar la mano a mi rival. Pequeños gestos que alegran nuestra vida.... ¿Conocéis esta bella canción?; a mis alumnos/as les encanta.
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman