En estos días de Navidad, contemplando el nacimiento de Jesús, el Redentor, y aprovechando alguna de las clases de teología en la facultad, me ha gustado profundizar en el término redención. Palabra que puede tener un significado distinto pero no contradictorio si lo miramos desde el hebreo o desde el griego.
En hebreo significaría “ganar para sí” y en griego “liberar de la esclavitud”. Pensar que Dios envió a su hijo al mundo para liberarnos de la esclavitud del pecado, y que por la cruz nos ganó para sí, es un misterio grande del cual muchas veces prescindimos.
Los cristianos nos sabemos de memoria todo un vocabulario, nos entendemos fácilmente, pero, ¿en verdad dejamos que el sentido profundo penetre en nuestros corazones? No lo sé, creo que tendríamos que parar y hacer el esfuerzo de ver que este niño que nos ha nacido y viene a redimirnos, lo hace cada día y por todos, y con nuestra libertad podemos optar por dejar que realmente nos libere de tantas esclavitudes que nos dominan a veces sin que nos demos cuenta: consumismo, ser más que los otros, envidias, amor propio…
Tantas cosas que podríamos intentar corregir dejándonos amar y dándonos a los otros sin mirarnos sólo a nosotros mismos. Hay esclavitudes fruto de la dureza de la vida y hay que asumirlas y ponerlas en manos de Dios, pero hay otras esclavitudes de las cuales podríamos liberarnos haciendo un esfuerzo de sinceridad y verdad.
Que este tiempo de Navidad nos contagie las ganas de entregarnos, de ser más humildes y sobre todo que nos dejemos redimir. Texto: Sor Gemma Morató.
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Eso, amén.
Para mi entender, Jesús es redentor por que nos enseñó y Él vivió una vida solidaria, abierta a tod@s, desde unos valores universales válidos para todas las épocas, vivió desde la sencillez, tratando de hacer la vida más fácil a la gente, ahí chocó con una religión muy apegada al poder y a la tradición ( esto me suena aún hoy), habló del templo de la vida, se enfretó a los explotadores de conciencias y de las vidas (sobre todo sacerdotes), y esto le acarreó la muerte, no fue el Padre el que lo entregó, fueron las personas a las que Él desmontó su tinglado de normas y prohibiciones. Y, sobre todo, vivió en, para y desde el amor y respeto con todos, preferentemente con los marginados.La redención, si así se llama, es la vida, el amor y el respeto del Dios y hombre Jesús.
Vale que sea un misterio lo de la Redención nuestra en Jesús. Pero sigo, tras leer tu escrito, sin ver nada claro eso de que uno tenga que morir para cobrarse el precio que el Padre espera cobrarse por aceptar que la entrega de Jesús nos redima a todos nosotros. He oido vagamente otros planteamientos, otro vocabulario; pero no lo recuerdo lo suficiente para contártelo ni para que me responda a mi duda. Recuerdo que me convenció más la explicación. Porque eso de que el Padre se cobra en su hijo el precio de nuestra redención...
Amén. Que este año nos dejemos redimir.
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman