Mi vocación

Adviento

03.12.07 | 08:00. Archivado en Adviento
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De nuevo nos encontramos ante este tiempo litúrgico que nos prepara a la fiesta de Navidad. Adviento, advenimiento del Señor, con sus dos venidas, una en el tiempo y otra al final del tiempo. Los textos de la Sagrada Escritura nos recuerdan que preparemos los caminos para que Él nos encuentre bien dispuestos para recibirlo en la Navidad y al fin de nuestros días.

La parábola del juicio final (Mt. 25,31- 45) que viene justo antes de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, es elocuente y nos invita a tener los ojos abiertos para ver lo que ocurre a nuestro alrededor. No puedo hacer una dicotomía entre Jesús y el hermano porque lo que haya hecho con uno de estos pequeñuelos necesitados, tanto a favor como en contra, es a Él a quien lo he hecho o negado. “Tuve hambre y me disteis de comer” o “tuve sed y no me disteis de beber”. Y atónitos unos y otros preguntarán al juez: “¿Cuándo, Señor, te vimos hambriento?”. Esta será la gran sorpresa de muchos que teniéndose por incrédulos, el Juez supremo, los invitará a ir a su derecha y otros, que teniéndose por fieles a las enseñanzas de Cristo, los mandará a su izquierda.

En la oración del primer domingo de Aviento pedimos al Señor que sepamos acoger su venida con buenas obras para ser contados entre sus elegidos. Es una petición que podemos repetir y poner en práctica durante estos días para hacer realidad el refrán “A Dios rogando y con el mazo dando” o para decirlo con las mimas palabras de Jesús: “no entrará en el Reino de los cielos aquel que diga Señor, Señor”.

Esta venida del Juez será inesperada, por ello la liturgia repite: “Velad porque no sabéis ni el día ni la hora”. Texto: Hna. María Nuria Gaza. Foto: Hna. Ana Isabel Pérez.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por saruce 03.12.07 | 13:06

    Amiga Gemma, hoy no estoy de acuerdo con el texto, ni con la exposición.
    En la Biblia hay zonas de luz, y también de penumbras.
    A mí no me gustan las penumbras, porque no permiten contemplar la verdad, con la luz natural de la fe.
    No veo, ni quiero ver a Dios, como juez, por muy bueno y justo que sea.
    Un juez no llegará, jamás, a ser tan amoroso como un padre.
    Y me resulta imposible creer que Jesús de Nazaret, nuestro Cristo, fue juzgado por Dios padre.
    Quiero seguir enamorado de Dios, y nunca temeroso de Él.
    Abrazos.

  • Comentario por [Blogger] 03.12.07 | 12:01

    Dice Dña. Ana Isabel: "Esta será la gran sorpresa de muchos que teniéndose por incrédulos..." (Aparte: Me congratula ver aparecer esta palabra "in-crédulos". ¿Cuál es su contraria, la positiva? Debiera ser "crédulos", ¿no?)
    Pero a lo que voy: no debiera citar como "derechizables divinos" a los incrédulos, es decir, los que no creen el mensaje divino, pues es bien sabido que éstos no heredarán el Reino dado que su pecado va contra el Espíritu, que es verdad, y éste es un grande pecado.

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