¿Qué quieres que haga por tí?
05.10.07 @ 08:00:13. Archivado en Vocación
Siempre queremos saber un poco más, ver la luz cuanto antes, y si es posible en el tiempo que deseamos. Creemos tener la llave para muchas cosas y momentos, pero cuando nos ponemos delante de Dios, cuando en la oración miramos al Señor, todos nuestros esquemas caen porque no podemos enfrentarnos ante el Amor, ya que la ternura entra en nuestra vida y se instala en el corazón.
Vienen momentos en los que desearíamos estar muy cerca de lo que Dios quiere para nosotros, pero para eso nuestra actitud ha de ser al igual que María, nuestra oración ha de ser sincera, y hemos de lograr que la oración de María se haga vida en nosotros. Esto significa acogida, disponibilidad, apertura, confianza, disponibilidad… porque todo ello significa preparación para “concebir” lo que Dios espera de mí.
El deseo está, las ganas permanecen, pero ante la realidad… también nos aparecen los miedos, la falta de fe y de confianza, pero a la vez el grito de desesperación cuando nos dirigimos a Dios para decirle que queremos y deseamos ser suyos. Pero… ¿sé lo que significa cuando digo que quiero seguirle? ¿sé a lo que me comprometo realmente? Tal vez, no esté segura de ello, pero lo único que sé es que quiero hacerlo, quiero intentarlo, y quisiera contar con su ayuda.
He reflexionado sobre este momento de nuestra vida, y he descubierto que solemos dirigirnos a Dios diciendo “¿qué quieres de mí?”, y por supuesto, Dios está esperando mucho de nosotros, nos quiere con locura y nos busca con gran deseo, pero en esta relación, me parece que dejamos un poco de lado la pregunta que Él nos hace a nosotros: “¿Qué quieres que yo haga por ti?” (Mt. 20). Ante tal pregunta me quedo sin argumentos, porque… ¿qué puedo pedir yo?, ¡podrían ser tantas cosas y nada a la vez!. Tan solo me confío a Él y le digo que, al menos, no me deje sola, que me acompañe y me ayude a caminar en todo momento. Texto: Hna. Conchi García.
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Abrazos!
"Dios nos busca", o "Dios espera mucho de nosotros".
Dios tiene a sus hijos, dentro de su infinito amor.
Yo sí que espero de Él, y trato de confiar en Él, pero creo que no estoy en disposición de ofrecerle algo, sino mi fe, y el amor por mis hermanos (que dicho sea de paso, es un regalo que Él me proporciona).
Ahora recuerdo que mi fe también es un regalo suyo.
Bueno, como buen padre que es, no espera de sus hijos nada más que estemos ahí, y le pidamos cosas, con toda confianza.
Abrazos, Conchi.
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Sor Gemma Morató
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