“Era Navidad… un niño le dice a su mamá: nosotros no tenemos familia aquí, a nadie con quien pasar estas fiestas ni a donde ir. A la mamá le sonó el móvil ese mismo día, una llamada que le iba a dar una gran alegría, la emoción se apoderó de ella y poco era para decir ¡Gracias! Esa voz conocida le decía: Queremos haceros una invitación para comer tal día, venid a pasar ese día con nosotras ¡os esperamos!”.
Y llegó el día tan esperado sobre todo para el pequeño, allí estaban a la hora y con una gran alegría en el rostro. Esa casa tan conocida, se hacía especial, no iban a buscar la comida, iban a comer. Después de saludarse con la alegría de decir ¡Feliz Navidad! se sentaron a la mesa, lo que para unos era bastante normal, sentarse a comer, la comida recién hecha, caliente, para otros era ¡fiesta!; las caras reflejan mucho y hablan por sí solas. También era novedad comer sin que el centro fuera la televisión, la comunicación y la diversión la ponían las personas, se hablaba de esto y de aquello, se contaban chistes y sobre todo había quienes se sentían protagonistas de ese encuentro, se reflejaba en los rostros. A la hora de despedirse, las sonrisas, los abrazos, el agradecimiento de una madre feliz fue el mejor regalo. Un día bien diferente para todos los que compartieron aquel día de fiesta, el protagonista de la Nochebuena, el Niño Dios, los reunió en torno a aquella mesa en familia.
En un momento dado, alguien le dijo al pequeño: Mira, vosotros sois nuestra familia ¡qué sonrisa mostró! ¡Inexplicable, a la vez, inolvidable! Ahí está el verdadero regalo, lo que puede parecer un cuento, es algo vivido en Navidad, siempre quedará el recuerdo alegre en el que se dirá “aquella Navidad vivimos aquello…”; seguro que hay muchas historias que se pueden contar, del que necesita y recibe pero es mucho el bien que hace e incluso más del que al recibir ofrece su riqueza al que ha dado, ¡bendito compartir!
Que el Señor siga bendiciendo durante todo el año a las personas que se han dejado envolver de la ternura del Niño Dios y sigan siendo la buena estrella que llega a la vida de tantas personas necesitadas de alimento material y espiritual. Sigamos la Estrella que nos lleva a Dios.
“Hemos visto salir la estrella del Señor y venimos con regalos a adorarlo” (Mt 2,2) Texto: Hna. Ana Isabel Pérez.
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La Navidad es Dios que se acerca a nosotros los hombres, y, especialmente, a nuestra familia, porque nos ama...
Una familia feliz no es sino un paraíso anticipado. Un buen padre vale por cien maestros. Sólo una madre sabe lo que es amar y ser feliz. Un hermano es un amigo que nos ha sido dado por la naturaleza.
Un abrazo para todas y todos.
Jueves, 16 de febrero
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