Mi vocación

Dios es amor

15.06.06 | 07:54. Archivado en Santo Padre
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Dios es amor: la primera encíclica del papa Benedicto XVI. Qué buen acierto escribir su primera carta encíclica con este título. Porque el amor lo es todo en la vida cristiana, y como nos dice San Pablo, "si no tengo amor, no soy nada".

Jesús, el Maestro, nos ha dado ejemplo entregando su vida hasta la muerte y una muerte de cruz. Y como si esto no bastara, se ha querido quedar entre nosotros en la Eucaristía.

"¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?", reza el salmo 115. Pues yo encuentro la respuesta en el Evangelio de Marcos 14,16 y siguientes. Este fragmento del evangelista Marcos, nos narra que los discípulos de Jesús le preguntaron donde quiere que le preparen el lugar para comer el cordero pascual y Él con unas indicaciones muy gráficas les responde: "Id a la ciudad y os encontraréis con un hombre que lleva una jarra de agua; seguidle, y allí donde entre decid al cabeza de familia: El maestro pregunta donde lo alojarás para poder comer el cordero pascual. Él os mostrará una sala grande, arreglada con alfombras y cojines".

Esto me hace pensar que Jesús para celebrar la primera Eucaristía de la historia, no quiere un lugar cualquiera sino una "sala grande arreglada". El Hijo del hombre que no tenía lugar para reposar su cabeza, ni madriguera como los animalillos del campo, quiere un lugar espacioso y bien arreglado para celebrar la pascua con sus discípulos. Es que aquella pascua no era como las otras; en ella iba a ocurrir algo impensable: Iba a entregarnos su cuerpo y su sangre para que sus discípulos encontraran donde rehacer sus fuerzas para seguir el camino que Él les había mostrado. Y es que sin Él no podemos nada. Pensemos que Jesús quiere alojarse en nuestra casa, pero la Eucaristía exige de nosotros prepararle una sala digna y bien arreglada.

La otra exigencia de la Eucaristía es que como Dios es amor y Él ama a cada hombre como su hijo, yo tengo que comportarme como Él se comportó. "El amor a Dios es inseparable del amor al prójimo. Ambos están tan estrechamente entrelazados que la afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo… El amor al prójimo es el camino para encontrar también a Dios y que cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte en ciegos ante Dios". Este fragmento de la encíclica nos pone ante la exigencia de entregarnos a quien nos requiere en sus necesidades. Tanto de los que están cerca como los que están lejos. ¡Eucaristía. Gracias Señor por haberte quedado entre nosotros y habernos dado ejemplo! Texto: Hna. María Nuria Gaza. Foto: Sor Gemma Morató.


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