Mi vocación

Ser Madre

05.05.06 | 07:54. Archivado en Familia
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Todo el ser de mujer está llamado a ser madre. Es algo a lo que no podemos renunciar cuando nos consagramos a Dios porque entonces dejaríamos de ser mujeres para convertirnos en seres inhumanos, por no decir otra cosa. Cierto que no vamos a engendrar en sentido físico porque justo el amor al que el Señor nos ha llamado es el de ser para todos sin excepción.

Cuando dije a mis padres que había decidido ser religiosa, mi madre exclamó: "Con lo que te gustan los niños, ¿vas a renunciar a tener hijos?". En aquel momento no le di respuesta. Se la di unos años después cuando estuve destinada a un hogar de niños con problemas sociales o familiares. Vino mi madre a visitarme y le presenté todos los niños y niñas de la casa diciéndole: "¡Mira mamá cuantos nietos tienes!".

A la mayoría de aquellos pequeños les faltaba lo que más necesita un niño para desarrollarse: Amor. Sabía que ellos no estarían siempre a mi lado y que probablemente a la mayoría de ellos no les volvería a ver cuando salieran de la casa, pero en aquel momento ellos necesitaban sentirse amados y el amor a Dios me empujaba a amarlos como una madre. ¿Cómo podría amar a Dios que no veía si no amaba a aquellos que veía?

Estaba convencida que a pesar de los desvelos que todas las hermanas les dispensábamos, el futuro de aquellos niños y niñas no iba a ser mucho mejor que el de sus padres, pero por mis adentros me decía: "Al menos que cuando sientan la soledad y el abandono recuerden que alguien les quiso".

Por esta razón mi petición a María, Madre de Misericordia, era que ella los protegiera y acompañara especialmente en los momentos más duros de su vida. Y todavía ahora cuando los recuerdo continuo haciendo la misma petición a María, Madre de Dios y Madre nuestra. Texto: Hna. María Nuria Gaza.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Mª Jesús 12.07.08 | 16:27

    Los brazos de nuestra madre son el trono de amor más puro y más noble. En los primeros años de la vida, nuestra madre es para nosotros una segunda providencia.
    En los años de la niñez, nuestra madre es nuestra primera maestra; ella nos enseña diariamente a alzar las manos al cielo y a bendecir a Dios.
    En la adolescencia, ella nos señala los caminos correctos.
    En la juventud, consuela nuestras amarguras, perdona nuestros extravíos y es la única que nunca nos engaña.

  • Comentario por Mª Jesús 06.07.08 | 19:55

    Hay una poesía preciosa titulada "Retrato de una madre" y empieza así: Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados. ...
    Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los dolores se olvidan,pero después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar una sola palabra de sus labios...
    Felicitaciones a las madres, que se lo merecen.

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