Dicen algunos que las monjas se juntan sin conocerse, viven sin amarse y mueren sin llorarse. No estoy en absoluto de acuerdo con este dicho.
Mis mejores amistades las he labrado viviendo en comunidad. Con algunas me encuentro con frecuencia, o tengo la suerte de vivir con ellas, otras viven a miles de kilómetros de distancia, otras ya están en la casa del Padre. Con ellas hemos tratado temas que nos han ayudado a crecer en la fe. Ni la muerte ni la distancia han borrado nuestra amistad. Es aquello de que el amor es más fuerte que la muerte.
Estos últimos meses he tenido la gran alegría de encontrarme con dos de estas hermanas que viven muy lejos:
En una carrera tan sólo existe una meta, y ésta es ganar, ni más ni menos. Cuando hacemos algo esperamos un resultado, sea cual sea, pero si es positivo mucho mejor. Una carrera es una competición ya que no se hace simplemente por nada, sino que esperamos algo, quizá ser el más rápido, ganar un premio, crecer en fama o renombre,¡quién sabe!
Pensaba en la vida, en cuántas veces nos encontramos dentro de una carrera, es más, la vida misma es una carrera la cual hemos de superar porque tenemos las armas suficientes para ello. En ocasiones no confiamos, creemos que es imposible cruzar el umbral de determinadas situaciones, porque no tenemos fuerzas o porque la ilusión se desvaneció.
Alabar a Dios, darle gracias, pedir su ayuda, esa es, generalmente, la oración que nos sale del corazón.
Es una manera de hablar con Él, de mantener ese diálogo de confianza con quien sabemos que nos escucha y nos conoce mejor que nosotros mismos.
Con la inocencia propia de la infancia, hace ya unos cuantos años, recibí un regalo muy deseado, una bicicleta azul ¡qué ilusión! pero a la vez hubo una pequeña desilusión, porque aquella bicicleta, propia para mi edad, llevaba dos ruedecillas pequeñas, aunque duraron poco.
Me decidí a estrenar mi bicicleta con dos ruedas, las otras me sobraban, además yo me veía grande y tenía ganas de pedalear y correr, tenía que aprender algo nuevo e importante, a mantener el equilibrio. El estreno fue a base de caídas, de golpes, de testarazos, de algún grito por cómo llegaba a casa: casi siempre para curar las rodillas pero ¡qué bien me lo pasaba con mi bicicleta!
¿Quién no ha soñado a veces que el Señor nos conceda en un milagro todas aquellas cosas que más deseamos para nosotros mismos y para los demás? Incluso, ¿quién no ha pedido a veces un milagro para que la vida tenga toda su densidad y plenitud, para que no exista más el sufrimiento; y el gozo se propague por nuestro alrededor? Pero eso no suele ocurrir.
Sin embargo muchas veces el Señor nos concede "pequeños milagros" que nos ayudan a vivir con mayor plenitud los acontecimientos de cada día. Porque ¿no es un milagro por ejemplo que desde la mañana a la noche no se nos presente ningún obstáculo grave?
El amor, ¡qué tema tan bonito para hablar!, podríamos estar toda la vida hablando y aún nos quedarían cosas por decir.
Todo en el mundo gira en torno al amor: las películas, la música, etc. Luego, si un cristiano te habla de él, parece que está loco o que se ha "metido" algo. Las personas se pueden enamorar de todo: pájaros, flores, personas… y de Dios.
Estamos viviendo unos días intensos para el recuerdo, la Muerte y Resurrección del Señor. Hemos podido experimentar el gozo pascual, ahora se acerca la despedida, que no es tal, porque Jesús se queda con nosotros.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata el hecho: "Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras él se iba, se presentaron junto a ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: Hombres de Galilea ¿qué hacéis mirando al cielo?. Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera que lo había visto subir al cielo".
Hay personas con las que tratas cada día y con las que puedes llegar a tener una conversación de aquellas que agradeces por el compartir sincero ya que estas pequeñas cosas son las que te dan esperanza y empuje. El sentirnos queridos es algo natural del hombre y es una motivación excepcional para luchar contra y por cualquier cosa o contratiempo.
Hace unos días me llamó un amigo, hemos vivido muchas cosas juntos, nos conocemos desde muy pequeños y desde luego, nos conocemos bien. Después de un tiempo, me compartía su vida, lo que hacía, sus proyectos, expectativas... ¡vaya! como cualquier chico joven lleno de vida y de ilusiones.
Suena el despertador son las dos de la madrugada. Hermana Thérèse Hélène, viceprovincial de Medio Oriente de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación, se levanta presurosa porque va a visitar a sus hermanas de Mossoul al norte de Irak. Allí hay dos jóvenes religiosas que llevan una pequeña residencia de estudiantes cristianas de diversos ritos. Hermana Hind y hermana Nejma son mujeres con mucho coraje porque en esta ciudad la vida no es fácil. Las jóvenes universitarias tienen que salir a la calle acompañadas por un guardián para evitar que las ataquen. En esta zona, ser cristiano se ha vuelto un peligro. Antes, cristianos y musulmanes vivían en armonía. Estas jóvenes confían que un día acabará la violencia y quieren estar preparadas; sin estudios no hay porvenir.
¡Ábrete al Espíritu! son las palabras de una postal que encontré en un libro de oficio. Mirando esa postal en mi corazón quise dar respuesta a esa llamada porque ¡quiero estar abierta! y sé que lo necesito para crecer en la fe. Además, es la respuesta que intento y quiero vivir hoy y mañana, estar abierta, disponible a la acción de Dios en lo que con su gracia y bondad vivo.
En comunidad rezamos los domingos el "Veni Creator". Es una oración muy rica y con mucho contenido para orar y meditar. A la vez, es una oración especial porque me acompaña cotidianamente y casi sin darme cuenta, un buen día descubrí que era fiel a rezarla porque iniciaba el día, la oración personal, acompañada, guiada por un deseo y por unas palabras concretas.
El agua nos es tan familiar que ni nos damos cuenta que la tenemos. No podemos pasar sin ella pero muchas veces la despilfarramos sin pensar que en muchas zonas desérticas la falta de agua es causa de pobreza, de muerte.
El agua es simple, pura, la queremos, la necesitamos. El agua siempre dispuesta a lavar todas las manchas, a apagar nuestra sed. El agua es profunda, movediza. El agua es suave, la contemplamos, la escuchamos unas veces un susurro otras un estruendo. La fuerza del agua también puede ser causa de destrucción y de muerte. Pero el agua es, sobre todo, fuente de vida.
Esta mañana, en el oratorio de la comunidad, sobre el altar había una sola flor, muy bonita. Me ha ayudado a rezar, le he pedido al Señor en el silencio de la mañana poder estar como la flor cerca de Él.
La flor alegra y hermosea cuanto está a su alrededor, las cosas más insustanciales se iluminan si a su lado está una flor, parece que la vida es más bonita con esta humilde presencia.
Hablábamos de oración con un amigo que está en la cárcel hace ya tiempo. Me dijo: "Los amigos que lo son de verdad, se buscan y se visitan. Mi oración consiste en decirle al Señor: “Quiero ser tu amigo”. Y Él me contesta: “¡Ya lo soy!”".
Sorprendida por la profundidad de la experiencia espiritual de ese muchacho, pude constatar una vez más con inmensa alegría que el Espíritu sopla en quién quiere y cómo quiere. Realmente mi amigo había calado hondo en la relación con el Amigo Jesús, a pesar de estar en la cárcel y tener un estatus de "delincuente"...
Hay muchas cosas por las que llorar, muchas cosas que nos hacen llorar. Cosas objetivas y subjetivas, lloros de amor y lloros de tristeza; lágrimas de emoción y triunfo como las de Belleti ayer en París. Otras veces, llorar nos avergüenza, somos así de complicados.
No hace mucho subía en el ascensor con un peón de la obra en la que estoy metida. Una obra que también me hace llorar, de ilusión, de cansancio y de ver que a veces las cosas se complican…
La vida, el día a día, los momentos, las cuestiones puntuales, van llenando el diario de nuestras vidas, y todo es bueno siempre que sepamos mirarlo así.
Aprender es ver algo siempre nuevo y estar abiertos a romper incluso nuestras propias ideas o esquemas ¿por qué no? A veces creemos que todo tiene una única solución, un único camino y una única verdad, pero no nos damos cuenta de que lo que a mí me va bien quizás no sea solución para otra persona.
Cualquier persona que estudie un poco de geometría sabe, que en la espiral nunca se llega al centro, porque cada vez va creciendo más, y que en una circunferencia todos los puntos están a la misma distancia del centro. Ahora dejando la geometría a un lado, desde mi punto de vista os voy a decir qué diferencia hay entre ambas.
Unas periodistas que están realizando un post-grado de televisión habían solicitado realizar un reportaje sobre nuestra vida, especialmente enfocado a la página vocacional, www.mivocacion.com.
Toda relación con los medios es para la comunidad enriquecedora, queremos dar a conocer a Jesucristo y mas allá de lo que se publicará o saldrá a la luz televisiva, el anuncio de la Palabra de Dios siempre es relacional y hay un testimonio con las personas que nos relacionamos a todo nivel. Una parte de ese reportaje se extendió a la universidad; actualmente dos hermanas somos estudiantes universitarias y pareció interesante abordar ese campo.
La vida está hecha de acontecimientos que se van tejiendo entre si, y que forman la vida de cada persona, su historia, pero muchos de ellos por si solos carecen de fuerza y de consecuencias.
Pero en la vida constatamos más o menos frecuentemente que las cosas no suelen suceder tal y como deseamos, como las habíamos soñado o pensado, aunque seguramente no eran cosas tan inalcanzables o imposibles.

En todos los libros de la Biblia encontramos un mensaje que nos es útil, por ejemplo en el libro del Eclesiastés 3,1-8, leemos:
"Todo tiene su tiempo y todo cuanto se hace debajo del sol tiene su hora. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de herir y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de lamentarse y tiempo de danzar; tiempo de esparcir piedras y tiempo de amontonarlas; tiempo de abrazarse y tiempo de separarse; tiempo de ganar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de tirar; tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz".

"Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene". (Salmo 62)
Cuando una persona se cae necesita una mano que le ayude a levantarse, y para un cristiano esta mano es la de Dios. Nosotras cuando nos despertamos, lo primero que hacemos es ir a la capilla para tener ese encuentro con el Señor. Si un día no acudimos, nuestro día está vacío, nos falta algo. En mi caso cuando esto me pasa, a menudo me voy metiendo en un hoyo y la única manera de salir es beber del agua de la vida, Dios.
Durante esta semana, la liturgia nos ha traído el capítulo 10 del Evangelio de San Juan. Jesús se presenta ante sus oyentes como el Buen Pastor: "Él es la puerta, conoce sus ovejas, ha venido para dar vida a sus ovejas, las llama por su nombre". ¡Qué palabras tan reconfortantes!
Jesús me conoce mejor que nadie, me conoce mejor que me conozco yo misma. Si voy por camino torcido me llama por mi nombre para que vuelva al bueno. Él es la puerta, una puerta siempre abierta para que vaya a Él en mis momentos tormentosos y en los serenos.
Los acontecimientos de la vida, siempre más rápidos de lo que desearíamos, se van acumulando y puede parecer que a nuestro alrededor se crea una trama que a veces se nos muestra como excesivamente densa.
Y caben entonces actitudes contrapuestas. O bien seguimos por el mismo camino, acumulando acontecimientos, dejando que nos vayan ahogando, o nos esforzamos para volver a empezar, para que incluso las cosas de cada día tengan un sabor nuevo.
Se suele decir que el roce hace el cariño, y es muy cierto. Experimentamos diferentes maneras "del querer"; es muy diferente el cariño de una madre, un hermano, un amigo... o el compañero de trabajo.
Cualquiera de las formas es buena para ayudar a la persona a crecer, a sentirse segura y sobre todo, a aprender a sacar todo aquello que llevamos dentro de nosotros mismos y que sin duda, tiene un gran valor.
Esta semana pensaba en todo lo bueno que tiene el hombre, y algo verdaderamente especial que posee es su capacidad de amar. Los límites son siempre eso, límites, barreras y muros que pueden resultar hasta difíciles superar, pero es siempre el Amor el capaz de romper con todo, Jesús destruyó la muerte y lo hizo por Amor.
El tiempo te envuelve, te orienta, pero también puede agobiar cuando sientes que te falta. La vida cotidiana te "atrapa" en el trabajo, en muchas actividades. El reloj va marcando el paso del tiempo y también de tu tiempo, de tu hora. Hablamos de que el tiempo vuela, se nos pasan los días, los meses rápidamente, se nos pasa la vida.
El ajetreo de lo que hacemos, en las responsabilidades que vamos afrontando, a veces, cuando el exceso de trabajo nos supera o nos agobia se hace difícil buscar ese equilibrio que pacifique el alma. Te sientes como una cuerda que se va estirando y popularmente se dice que de tanto estirar la cuerda se rompe. Es verdad que todo tiene un tope y que se ha de saber alcanzar en su justa medida para no tensar, ni estirar demasiado.

Cada mes del año tiene un significado especial. El mes de mayo, con el atractivo de la primavera, la temperatura templada, las flores, la vida que brota en la naturaleza y un sin fin de cosas para reconocer al Creador y darle gracias, es dedicado a la Virgen María.
En todas las partes del mundo se invoca a María, la Madre de Dios y nuestra, la conocemos con advocaciones diferentes pero es siempre la misma, la única, la que intercede por nosotros, por cada uno, con lo que somos, con nuestro nombre.
El otro día entré en una iglesia y me fijé en una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Es muy común ver esta imagen en las iglesias, aunque ésta me llamó la atención y mientras la veía pensé: "En el corazón que está en su mano, estamos todos".
Jesús nos acoge a todos en sus manos, en su corazón.
Desde hace tiempo, no mucho, que tengo devoción al Sagrado Corazón. Todo vino cuando en Córdoba empecé a ir a la universidad. Antes de entrar hay una muralla, y ésta es la torre de la Malmuerta. Allí hay una Virgen y una frase que dice: "Sagrado Corazón de Jesús en vos confío". Me gustó tanto que todos los días antes de entrar en la facultad al pasar por el lado de la Virgen repetía la frase.
Todo el ser de mujer está llamado a ser madre. Es algo a lo que no podemos renunciar cuando nos consagramos a Dios porque entonces dejaríamos de ser mujeres para convertirnos en seres inhumanos, por no decir otra cosa. Cierto que no vamos a engendrar en sentido físico porque justo el amor al que el Señor nos ha llamado es el de ser para todos sin excepción.
Cuando dije a mis padres que había decidido ser religiosa, mi madre exclamó: "Con lo que te gustan los niños, ¿vas a renunciar a tener hijos?". En aquel momento no le di respuesta. Se la di unos años después cuando estuve destinada a un hogar de niños con problemas sociales o familiares. Vino mi madre a visitarme y le presenté todos los niños y niñas de la casa diciéndole: "¡Mira mamá cuantos nietos tienes!".
Hace unos días iba por la calle, ya tarde noche, con una joven y casi instintivamente nos dimos cuenta que un hombre alto y fuerte se iba aproximando a nosotras y un poquito más tarde, otro, de modo que quedábamos entre los dos. Todo fue rápido, nos metimos en una tienda pero no les vimos desaparecer hasta al cabo de un buen ratito.
¿No os ha pasado nunca que de repente, un día, las cosas más cotidianas y habituales se os presentan como nuevas?
A veces es en la oración de la mañana donde, de repente, las palabras de un salmo tantas veces repetidas suenan como si fuesen nuevas; a veces, son las cosas más simples de cada día o los instrumentos más habituales del trabajo.
La vocación religiosa es llamada, invitación a… responder al proyecto de Dios en nuestras vidas. Toda persona que ha sido llamada al seguimiento del Señor tiene en su respuesta una historia relacional propia en la que Dios nos lleva a cada uno según su designio, aunque no lo reconozcamos a nuestra hora.
Estaba inmersa en mi propia vida, con planes de iniciar unos estudios universitarios y entonces curiosamente, el día que fui a la universidad a ver si me habían aceptado a la carrera que solicitaba; me encontré con la hora de Dios y no con la mía. En aquel sí de la universidad, de la hora de mis planes de vida más inmediatos, recibí la luz que me hizo encaminar ya no mis planes sino dejar entrar en mi vida los planes de Dios.
Nos planteamos un montón cosas, queremos hacer de todo, estar en todas partes, saber qué pasa en cada lugar, queremos información de primera mano, buscamos sin parar... y no paramos. A veces pienso que todo pasa tan deprisa que soy incapaz de aprovecharlo y vivirlo como hubiese deseado. Pero ¡claro!, las lamentaciones ocurren cuando ya ha pasado, por ello a continuación, el consuelo es que la próxima lo haré mejor.
En ocasiones estaré a punto de lograrlo aunque todo lo que me rodee no sea claramente algo que favorezca la tranquilidad, la calma, el reflexionar. Y es que, hemos de conseguir ser nosotros mismos, decidir y tomar una decisión que sea nuestra, porque sin duda podemos "seguir la corriente" si lo que queremos es ahorrar esfuerzo.
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman