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Solidaridad

30.04.06 | 07:53. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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La catástrofe del tsunami asiático del pasado año levantó un movimiento de solidaridad excepcional. Lo que era Cooperación Internacional de Cáritas Barcelona se puso en movimiento inmediatamente y abrió un local para informar y recaudar fondos para los damnificados del sureste asiático.

Una de las cosas que más me impresionó al estar como voluntaria en la oficina de Cáritas fue ver tanta gente de toda clase social que se presentaba para hacer su donativo. Unos hacían aportaciones considerables a los que se les extendía un recibo para desgravar en hacienda, otros ancianos o de humilde condición no pedían recibo y depositaban su pequeña ofrenda.

Actualmente, mucho dinero que se recaudó para el tsunami no se sabe bien donde ha ido a parar o es difícil hacerlo llegar a la zona por los impedimentos que pone el gobierno de la India.
Nuestra congregación tiene una comunidad en Parathiyoor, al sur de Kerala, que sufrió los efectos del tsunami. Es una población pesquera que debido a las grandes flotas japonesas que pescan en alta mar arrasan con los bancos de peces y los hombres que salen con sus catamaranes es poco lo que recogen. Expusimos al director de Cooperación Internacional de Cáritas Barcelona, que la gente de esta población había perdido sus barcas y éste puso inmediatamente en contacto con otras cooperaciones internacionales de Cáritas.

Pedimos a las hermanas de la India que nos mandaran rápidamente el proyecto más urgente. Lo tuvimos al cabo de cinco días: Lo que más urgía era construir cien casas para todas aquellas familias que vivían en chozas construidas con troncos y hojas de cocotero en la playa. Casi todos los años en la época de los monzones, el mar arrasaba con todo y la gente se quedaba sin nada. Para remediar esta constante tragedia el obispado compró un terreno para construir casas seguras. Buscaba ayuda para iniciar la construcción pero no había recibido ninguna respuesta.

Nuestra alegría fue grande cuando al cabo de ocho días recibimos una llamada de Cooperación Internacional de Cáritas San Sebastián diciendo: "Hermanas, hemos asumido el proyecto de la construcción. No alcanzaremos su totalidad pero si gran parte. Denme el número de cuenta de la comunidad en la India para que hagamos una transferencia".

La hermana responsable en la India, no salía de su asombro al ver la rapidez de la respuesta. Ya con el párroco habían organizado bien como se iba a realizar la construcción. Todos tenían que contribuir en la misma, ya sea por una pequeña aportación económica ya con su trabajo.
La fundación privada Isolana, financia la otra mitad del proyecto.

Ya varias familias disfrutan de su casa sencilla pero sólida donde ya no existe el terror de que un golpe de mar se lleve todo por delante. Ante este hecho le pido al Señor que bendiga a todos aquellos que se acuerdan de los desfavorecidos y siempre me viene en mente lo que dijo Jesús: "Ni un vaso de agua dado se quedará sin recompensa".

La generosidad de muchos, la rapidez de otros en presentar un proyecto, la buena organización de los que administran los donativos para que vayan rápido a sus destinatarios ha hecho posible que donde el mar sembró el terror, ahora cien familias podrán rehacer sus vidas y ver el futuro con esperanza. Texto: Hna. María Nuria Gaza.


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