Mi vocación

Esperando

22.04.06 | 13:17. Archivado en Cosas de Dios y de la vida
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El reloj parece que se para, no corre el tiempo y tú estas esperando… Sí, hay días que se hacen más largos según los acontecimientos que se vivan. Hace poco tiempo pasé unos días en el hospital junto a mi familia, con motivo de la operación de una sobrina preciosa de tan solo cuatro meses,¡menuda experiencia!

Parece que el tiempo en el hospital se pare o sin duda pasa mas lento pero a la vez el clima es tan diferente y precisamente ese ambiente también envuelve a la propia persona. Hay muchos sentimientos que afloran y creo que te pones ante lo esencial e importante de la vida, de aquello que tiene verdadero valor, de lo que amas.

Al llegar al hospital con mi familia quise ir a la capilla para encomendar la operación al Señor ¡cómo lo deseaba!, sabes que es una operación y que todo ha de ir bien pero también sientes la pequeñez y a la vez la grandeza de sentirte totalmente en manos de Dios. En el "Hágase tu voluntad", de confianza en Dios, estaba el deseo de la propia voluntad para que todo fuera bien, porque te toca el sufrimiento de cerca, lo sientes en tus entrañas.

La ternura que desprende una vida tan pequeña, una vida que envuelve y de la cual emana tanto amor, cómo deseas que no le pase nada y vi el testimonio de unos padres, en el llanto al desprenderse de su hija para ser operada y en la alegría al volverla a ver ¡inexplicable!. Esperando, llegó la buena noticia, gracias a Dios todo había ido bien y así, entre los abrazos de alegría y las lágrimas que descargaban la tensión y el gozo, nuevamente fui a la capilla. Esa tarde, en la capilla del hospital, arrodillada ante el Señor y mirando a la Virgen María, no salieron palabras, brotaba agradecimiento y acción de gracias del corazón.

Todo el día estuvimos muy bien acompañados, cuántas personas pendientes de aquella operación, cuántas oraciones, fue una gracia sentir la fuerza que te da la comunidad con su acompañamiento y su oración. El sufrimiento se hizo presente, fortaleciendo sin duda la propia vida pero te lleva también a darte cuenta del que tienes al lado de la habitación del hospital ¡cuántas historias! y llegas a tu hermano que también sufre. ¡Gracias Señor por la vida de Claudia! Esta vez todo ha ido bien, danos tu gracia para vivir la existencia desde la fe. Texto: Hna. Ana Isabel Pérez


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