Durante los cincuenta días siguientes al domingo de Pascua iremos repitiendo: ¡Es Pascua!, pero quizás la intensidad de la fiesta disminuirá en el corazón de algunos.
¡Es Pascua!, Jesús el Señor ha resucitado y con su claridad nos ilumina, dice la liturgia. Pero ¿celebramos de verdad la llegada de la luz a nuestras vidas? ¿Cómo pueden darse cuenta de ello las personas que están a mi alrededor, si cambian tan pocas cosas en mi forma de ser y de hacer? Y a veces algunas de ellas no seria tan difícil modificarlas de modo que los demás pudieran también captar mi deseo de acercarme más a Jesús, de parecerme más a Él.
Un sacerdote decía en su homilía del domingo de Pascua ¿Por qué vamos siempre por la vida con tantas prisas?, ¿por que no tenemos ni tiempo de dedicar a los demás un saludo un poco detenido, con un poco más de atención y cariño? Sus palabras me hicieron pensar cómo Jesús dedicó también a cada una de las personas que se le acercaron todo el tiempo, toda su vida, y me gustaría vivir sin que me absorbieran las prisas, sin estar siempre mirando el reloj para atender a los demás como esperan, aunque esto hoy en día no resulta demasiado fácil. Texto: Hna. Carmen Solé. Foto: Antonio Juan
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman