La semana anterior a la Pascua la vive Jesús en Betania. Habla con Lázaro. Habla con los discípulos. Pero, sobre todo, habla con el Padre. Van a ser unos días de oración intensa. La clarividencia es total en Jesús. Sabe lo que va a suceder. Ya lo ha anunciado varias veces con gran detalle. Todo iba a quedar claro en aquellos días. Los discípulos lo ven, pero no lo ven todo, pues desconocen la profundidad del drama.
En esos días reafirma su voluntad humana y divina de entrar en la lucha de ese modo tan sorprendente que será ir humilde a la muerte sin defenderse. Va a convertir la confrontación en un sacrificio. Va a demostrar que el amor es más fuerte que la muerte.
El primer día de la semana se pone Jesús en marcha hacia Jerusalén. Un grupo de personas formaban la peregrinación. Era costumbre entre las gentes reunidas para la Pascua recibir con gritos y cánticos a los nuevos grupos que llegaban. La figura de Jesús destaca en el conjunto. De pronto comienza un entusiasmo que va creciendo y "una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino, otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino, las multitudes que iban delante y detrás de él, clamaban diciendo: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”".
Acaba el día y Jesús seguirá hablándoles del sentido de todo lo que está pasando, para que entiendan. Pero entender no era fácil. Va a ocurrir aquellos días el misterio más grande de la historia, el misterio de un amor de verdad. Texto: Sor María Josefa Cases. Foto: Antonio Juan.
Sábado, 2 de junio
Jesús Rojano
Josep Maria Tarragona
Juan Fernandez Krohn
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman