En el capítulo 5 del Evangelio de San Mateo hallamos la recomendación de Jesús a sus discípulos de dar a los demás un poco más de cuanto nos puedan pedir: si alguien te pide caminar con él una parte de su camino, ofrécete para caminar el doble, si alguien te pide prestada la túnica, dale también el manto, expresiones que están en contraposición con la aquella ley del mundo antiguo que pretende hacer pagar ojo por ojo y diente por diente a quienes nos ofenden o maltratan.
Pero de ese hombre “antiguo” muchos conservamos “algo” dentro cuando la reacción ante el mal que se nos puede ocasionar es precisamente la del “ojo por ojo”, pero Jesús viene a presentarnos una ley nueva que nos lleva a intentar vivir justo al revés.
“Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío” (v. 1). El salmo 41 es la súplica de un israelita que vive desterrado lejos del templo de Jerusalén. Aplicado en un sentido espiritual, es el grito del alma que se siente alejada de Dios, como si éste hubiera dejado de existir. De ahí que como una cierva sedienta busca desesperadamente un torrente donde apagar su sed, el creyente busca al Señor que cree perdido porque ya no siente aquella ilusión de antaño. Orar se le hace pesado -todo y que querer orar es ya una forma de oración- es el silencio de Dios, la noche oscura del alma de la que habla tan bellamente San Juan de la Cruz.
¿Cómo puede ser que Jesús dijera “quien tenga sed que venga a mi”, o como dijo a la mujer samaritana: “Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”, si el deseo de este cristiano es beber del torrente de sus delicias?
En estos casos de desolación espiritual es bueno hacer la petición que le hizo la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: “Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni haya de venir aquí a sacarla”.
Salmo 13. Los ricos que no compartan, los ricos que explotan los pobres, Dios los vomitará. Aún que ellos digan por sus adentros, “No hay Dios”, Dios no lo ve, (V. 1), se equivocan porque “el Señor observa desde el cielo” (V.2).
El profeta Amós es muy severo con opulentos que explotan: “Los de Israel han cometido tantas maldades que no dejaré de castigarlos, pues venden al inocente por dinero y al pobre por un par de sandalias. Oprimen y humillan a los pobres y se niegan a hacer justicia a los humildes."
Es una forma de devorar al necesitado. Estos tales, sin entrañas, ¿pueden dormir tranquilos? La Iglesia nunca ha dejado de anunciar que los pobres, los explotados, los débiles que están sometidos al capricho de poderosos son los preferidos de Dios, el Papa Francisco nos lo repite a saciar. Es el canto de María que anuncia el derribo de los poderosos y ensalza a los humildes.
Cuando nuestras hermanas llegaron por primera vez a Izozog, poblado Guaraní del oriente boliviano, sus habitantes hacían vida al aire libre, sus casas eran pequeñas y servían más que todo para guardar algunas pertenencias y para defenderse de algún peligro eminente: fieras, inclemencia del tiempo, etc.
Las mujeres al ver a las hermanas, recogieron a sus hijos, como hace la clueca con sus pollitos, y se metieron a toda prisa en sus diminutas casas, cerrando la puerta tras ellas. Las pobres hermanas quedaron un tanto desoladas al ver aquel panorama. Los padres jesuitas que residían en Charagua, una ciudad importante del oriente boliviano, y que eran quienes solicitaron a las hermanas para hacer una labor sanitaria y social entre la mujer de aquella región, las animaron diciendo que a ellos les había ocurrido otro tanto cuando llegaron para evangelizar la zona. Se requiere mucha paciencia, comentaron, porque estas gentes están muy escarmentadas del trato que han recibido de los foráneos.
Y así fue con paciencia un día y otro día, la población femenina se convenció de que aquellas mujeres iban en son de paz y buscaban su bien.
El salmista puede ser un enfermo grave que se ve enfrentado a la muerte: “Estoy agotado de gemir, de noche lloro sobre mi lecho y mi cama está empapada de lágrimas”. Su vida, como la de Job, se deshilacha, y como a este israelita, las noches se le hacen interminables y la luz del día no le aporta ninguna alegría.
Dios es misericordioso y los seres humanos miserables. Por ello el autor del salmo 6 apela al todo misericordia que se apiade de él: “Vuélvete, Señor, liberta mi alma, sálvame por tu misericordia”:
Los Evangelios están llenos de citas sobre los pequeños, humildes, sencillos. Dios se complace en ellos.
Ya en el Antiguo Testamento, todo y que era una sociedad en que los niños, los sencillos y humildes contaban poco, hay textos que los tiene en cuenta. Así el salmo 8 canta:
“Con la alabanza de los pequeños,
de los niñitos de pecho,
has construido una fortaleza
por causa de tus enemigos,
para acabar con rebeldes y adversarios”.
Es decir que lo pequeño se hace fuerte ante los enemigos. Bien canta María: “Derriba del trono a los poderosos y ensalza a los humildes”.
Jesús ama los pequeños y sencillos. ¿Quién está junto al pesebre? Los pastores despreciados por los sabios y entendidos. ¿A quien elige para ser sus próximos colaboradores? A una mayoría pescadores, gente sin realce en la sociedad.
Nuestra vida es un caminar hacia la felicidad para ello no es necesario salir de casa. Todo lo contrario es entrar en uno mismo e iniciar una marcha interior hacia la auténtica felicidad, la felicidad que todo humano desea hallar. Este camino no es fácil, suele ser un camino rudo como el de los hebreos en el desierto pero ellos vencían las dificultades ante la promesa de una tierra que manaba leche y miel.
Al reflexionar sobre la situación tan tremenda en que se encuentra nuestro país, me ha venido a la memoria la poesía de Bernardo López García, El dos de mayo:
“Oigo, patria tu aflicción
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto
la campana y el cañón”.
Cierto que nuestra patria no está en guerra, pero hay muchas guerras sin armas y que llevan a un pueblo a vivir situaciones durísimas. La actual crisis lleva nuestro país a la ruina: Políticos corruptos, desahucios, paro, recortes en sanidad, en educación -que me parece de lo más grave-, ¿rebajar pensiones? Y ahora, la última propuesta del Banco de España rebajar los salarios mínimos. Pero que piensan estos gobernantes que en mucha parte tienen la culpa de haber llevado nuestra patria a la deriva. ¿Qué proporción hay entre un salario mínimo de un obrero y el que cobra un señor ministro? Es una desfachatez que propongan rebajar los salarios mínimos. ¿Se conformarían los directores y los altos cargos de la banca cobrar semejante sueldo? Ni éste, ni el que estaría en la proporción de uno a tres.
Cierto, estos señores tienen mucha responsabilidad pero,¡hay que ver como la han ejercido muchos de ellos! Y les preguntaría: ¿Es que no son hombres todos los españoles?, ¿es que no tienen derecho a tener cubiertas todas las necesidades básicas?
¿Qué futuro espera a lo jóvenes? Son muchos los que se van al extranjero en busca de un porvenir mejor. ¿Quién quedará en el país?
Vivir en el centro de la ciudad, en la zona turística y más visitada,comporta que cada vez que te asomas a la calle goces de la visión de una ciudad llena de vida, de color, de ruido, de gente que llena cualquier rincón no sólo de la calle sino de ti mismo, y si las ventanas están abiertas, hasta de la propia casa.
Desde la mañana, la calle se convierte en una imagen de la obra creadora de Dios, la gente se mueve de un lugar para otro, unos pasean, otros parece que corren de un lugar para otro de la ciudad sin ni ver la hermosura de la ciudad recorrida.
Este movimiento incesante lleno de ruido y de colorido puede molestar a quienes desean el silencio y buscan lo apacible, pero tiene su aspecto hermoso, parece una fiesta de color y de alegría, es una verdadera manifestación de la vida.
Nuestra vida es tan frágil, aunque parezca tan fuerte, que nos puede llegar quizás sin sentir un momento en el que todo cambia de valor, un hecho imprevisto, impensado y nunca deseado, transforma todo aquello que parecía firme y seguro.
Nuestra vida está tan organizada en sus más diversos aspectos: la familia, los amigos, el trabajo, el descanso, o en las facetas que constituyen nuestro entorno, que todo parece bien amasado, compacto, capaz de resistir los más diversos embates, pero en ciertos momentos una difícil experiencia nos lleva a reconocer su verdadera fragilidad.
De repente, ante una enfermedad grave, o un accidente cuyas secuelas son imprevisibles, una muerte que decimos fuera de tiempo, hace que todo quede transformado, todo cambia, nada vale lo mismo.
El salmo 117 es un salmo muy repetitivo. Se diría que su autor tiene la cabeza un tanto perdida y repite una y otra vez: “Porque eterno es su amor”. Pero no, es un hombre completamente cuerdo que tiene la experiencia del amor de Dios que envuelve toda su vida y su corazón reboza la alegría de esta experiencia.
De tal modo que el hombre sube al autobús y le dice al conductor: “¿Sabes?, el amor de Dios es eterno”. Va a la tienda y le dice al comerciante: “El amor de Dios es eterno”. Va a buscar a su hijo en la escuela y le dice al profesor de su hijo: “El amor de Dios es eterno”. ¿Qué pensarán estos hombres? Este se ha pirado. Su hijo que le quiere mucho conoce la muletilla de su papá pero no importa porque él también le repite muchas veces: “Mi pequeño como te quiero”. Y el niño también le repite: “Papá, te quiero un montón”.
Cada amanecer es como una pizarra limpia, en la que todavía no hemos escrito nada, no hay ni letras ni números equivocados, la tiza está nueva, esperando que despertemos para empezar a utilizarla, para que vayamos llenando todo su espacio.
Por esto, al amanecer, podemos iniciar nuestra jornada pidiendo a Dios que nos conceda vivir el día nuevo de la mejor manera posible, desde las circunstancias propias de cada uno, desde las energías y posibilidades que tenemos en este día nuevo que vamos a empezar.
Vivir de la mejor manera posible será poder ir realizando cuanto la jornada nos presente, sin dejarnos caer en el desánimo, reconociendo aciertos y fallos, facilitando la vida a cuantos hoy tendremos cerca, sin dar más importancia a las cosas de la que verdaderamente tienen, en una palabra sin dramatizar las situaciones, gozando de lo hermoso de cada día y sin quedarnos con cuanto vamos a vivir y no posee esa hermosura.
Jueves, 20 de junio
José Moreno Losada
José Manuel Bernal
Mundo Mejor
Asoc. Humanismo sin Credos
Bernardo Pérez Andreo
Rufo González Pérez
Josemari Lorenzo Amelibia
Javier Velasco y Quique Fernández
Pedro Miguel Lamet
Adolfo Sillóniz