José Luís Rodríguez Zapatero eligió para el desayuno de oración con los Obama un pasaje del Antiguo Testamento, que por ser tan antiguo no deja de ser muy actual:
“No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea uno de tus compatriotas, o un extranjero que vive en alguna ciudad de tu país. Págale su jornal ese mismo día, antes de que se ponga el sol, porque él está necesitado, y su vida depende de su jornal. Así no invocará al Señor contra ti, y tú no te harás responsable de un pecado” (Dt 24, 14-15).
Este pasaje del Deuteronomio, no sólo condena la explotación de los jornaleros sino además precisa que no está permitida ni con los de su raza ni con los emigrantes. Justicia para todos al mismo nivel. El texto muy expresivo nos pone alerta contra la tentación de abusar del otro que está en necesidad, de no querer aprovecharse de la economía sumergida, etc.
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En las bodas de Caná, María, atenta al acontecer, se da cuenta de que falta vino y suplica a su Hijo que interceda por aquellos recién casados en apuros: “No tienen vino”. “Haced lo que Él os diga”. Estas dos cortas frases son suficientes para que Jesús haga su primer milagro.
En este cataclismo ocurrido en Haití, pidamos a María que estimule la ola de solidaridad en favor del pueblo haitiano.
Se necesitan muchos voluntarios para curar heridos y enfermos traumatizados por los hechos, para ocuparse de tantos niños en peligro de desaparición, para consolar y apoyar ancianos y muchas personas que han quedado solas.
Es necesaria la generosidad de todos para reconstruir este país. Dios no puede actuar sin nuestra participación. Jesús en el milagro de la multiplicación de los panes, quiso la colaboración de todos. ¿Cuantos panes y cuantos peces había en el descampado? Y por la amplitud de miras de los que tenían pan y unos pocos peces, comió todo el gentío.
De este mismo modo si todos compartimos, es decir “partir con”, este pueblo tan postrado por las desgracias naturales pero más por la avaricia de unos pocos, podrá levantarse de nuevo y mirar con esperanza el futuro. Es de desear que la comunidad internacional ayude a encontrar caminos de justicia para un pueblo que hace tantos años que vive aplastado bajo una injusticia tan desoladora. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
GRACIAS A TODOS LOS QUE YA HABÉIS COLABORADO CON VUESTRA GENEROSIDAD, las Hermanas de Haití, las que han ido para ayudar, y todas, lo agradecemos de corazón.
Para ayudas: Dominicas de la Presentación.
Entidad bancaria: “La Caixa”.
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2100 0832 62 0101192037. Barcelona
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En psicología se afirma que ser sensible es estar abierto a todo cuanto sucede a nuestro alrededor en todos y cada uno de los momentos; y que la sensibilidad va muy unida a la meditación. Saber captar la angustia, el sufrimiento, la necesidad del prójimo y ponerse a su lado para ayudarle, no es cuestión de dinero, sino de sensibilidad espiritual. Así lo atestiguan diariamente las personas entregadas al prójimo en cuerpo y alma.
La Madre Teresa de Calcuta decía que en nuestros días hay tanta carencia de amor y tanta pobreza porque estamos faltos de sensibilidad espiritual, porque no estamos dispuestos a conocer lo que los otros necesitan.
Ser sensible espiritualmente:
es tener un alma grande,contemplativa y caritativa;
es vestirla de fiesta, por la oración;
es abrirla de par en par, como quien abre una ventana;
es ponerla a caminar por las calles de la vida a imitación de Jesucristo y de su Madre.
Texto: Magua.
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Saber comunicar rectamente aquello que rectamente se sabe es un don que no todos tenemos. A veces somos o podemos parecer impositivos a la hora de compartir con los demás cuanto hemos aprendido en la vida. A veces cuanto hemos vivido puede convertirse en silencio en el presente. Imponer nuestra opinión, pretender llevar a los otros a compartir mis opiniones intereses y expresiones es algo que hacemos a veces tanto los mayores como los más jóvenes.
Unos pretendemos que nuestro saber es recto porque la experiencia pasada nos lo ha mostrado. Otros pretenden lo mismo, porque la fuerza de su juventud les acompaña. Tengamos o no conciencia de ello nos influenciamos en el vivir diario más de cuanto imaginamos. Los puntos de vista y los temas de conversación son expresión de nuestra vida tanto intelectual como espiritual. Aprender a medir nuestras palabras y gestos es un ejercicio que dura toda la vida.
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En el imaginario colectivo hay una imagen muy limitada, inexacta y hasta caricaturesca de lo “espiritual” y de la “persona espiritual”. Se identifica lo “espiritual” con oraciones, misas o actividades de Iglesia o, en el mejor de los casos, con actividades meramente interiores; cuando se piensa en una “persona espiritual” se tiende a pensar en “beata”, poco comprometida, cuando no extraña y rara, con quien no se puede contar para los trabajos normales de la vida.
No es así. La espiritualidad cristiana está animada por el Espíritu de Jesús. Un Espíritu que nos abre a Dios como padre-madre, que nos hace vivir como hijos y que nos impulsa, como a Jesús, “a llevar la buena noticia a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, a dar la libertad a los oprimidos, y a proclamar un año de gracia del Señor”. Es el Espíritu que nos impulsa a “ayudar” a los otros y el que convierte en “espirituales” nuestras acciones, nuestros pensamientos y oraciones, nuestra vida entera. “Ayudar” hace espiritual nuestra vida, toda nuestra vida. ¿No veis la espiritualidad que inunda y desborda y va a enraizarse por las tierras de Haití? Texto: Magua.
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¡Qué alegría esta primera comunicación con Hna. Genoveva desde Haití!, sentí su voz muy apagada pero con un coraje y una valentía increíbles. Lo primero que le expresé fue: “las hermanas están ansiosas de recibir noticias… cuéntame”. Ella dijo: “Es difícil, no os imagináis… lo que nuestros ojos ven y lo que nuestro corazón siente; este pueblo está sufriendo por varias situaciones: en primer lugar, la pérdida de tantas personas, familias enteras desaparecidas, mucha gente joven bajo los escombros, niños aún deambulando sin contacto con familiares. Todo se complica ya que los recursos de primera necesidad: agua y alimentación hay que buscarlos. Nos hemos organizado para acoger heridos que viven cerca de nosotras, también varias congregaciones como: Lauritas, Jesús María, la Compañía Misionera del Sagrado Corazón están compartiendo y colaborando en todas estas labores de curar, alimentar a niños y orientar a los que deambulan sin rumbo. Nos han facilitado tiendas de campaña y ahí se encuentra la gente, al menos no están a la intemperie. Hemos tenido mucha suerte porque una parte del hospital está en pie, allí teníamos un depósito con material pediátrico, el cual hemos abierto y ya está todo aplicado a los niños, gracias a Dios nos han traído más medicinas y otros implementos curativos.
No tenemos noción del tiempo, mañana, tarde y noche… esto es interminable, pero sentimos una fuerza muy grande para estar y seguir, nuestra presencia tiene un sentido especial en estos momentos. De las hermanas os digo que Gloria ha viajado a Brasil, tenía un Congreso al cual estaba invitada, aún sin papeles, ya que quedaron con lo puesto, pero en las embajadas están facilitando a estas personas sus pasaportes. Era conveniente que Gloria (rescatada de las ruinas de la Iglesia), saliera, ya que a ella le ha tocado muy fuerte esta situación. Berta y Luz Marina están en Santo Domingo muy enfermas: una con los nervios destrozados y la otra con afección al corazón y una diabetes incontrolada. Las familias de las hermanas haitianas lo han perdido todo. Han llegado de Colombia hermanas Ofelia, Gabriela y Patricia; de Panamá, Cristina (y Genoveva que en estos momentos está al frente de todo).
Dice Hna. Genoveva que la comunicación ha sido posible porque en la zona están intentando abrir algunas líneas y pudo aprovechar. El gran interrogante que se les plantea es: ¿cómo vamos a reconstruir? Confían en la Providencia. Al final de la conversación Hermana Genoveva dijo: “Marta, gracias por vuestra oración y afecto, os necesitamos”. Texto: Hna. Marta Elena Vélez.
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25.01.10 @ 08:00:30. Archivado en Santos
En el crudo 24 de enero de 1744, moría en Sainville, pequeña aldea de la Beauce, Francia, Marie Poussepin, cargada de años y virtudes. Había nacido en la prospera ciudad de Dourdan, de una familia con profundas convicciones cristianas, laboriosa y abierta. Sus primeros años trascurren en medio del ajetreo de una pequeña manufactura de medias de su padre, en la escuela de la Instrucción Cristiana, en la asistencia de los pobres junto a su madre, que era presidenta de la Cofradía de Caridad de San Vicente de Paul, y en asistir a los oficios de su parroquia.
Ya de jovencita gozó de la estima de sus conciudadanos puesto que en el registro parroquial aparece su nombre trece veces como madrina antes de cumplir los 15 años. La quiebra e imprudencias en el negocio por parte de su padre, cambió la vida de la joven Marie que tuvo que hacer frente a las copiosas deudas contraídas por su progenitor y hacerse cargo del único hermano que le quedaba.
Persona organizada supo solventar, con inteligencia y esfuerzo la catástrofe familiar. Se arriesgó a introducir en su taller cuatro telares que importó de Inglaterra para tejer medias de lana. Hizo instruir a su hermano en el manejo de las nuevas máquinas. Contrata aprendices y hace con ellos unos contratos impensables en la época: suprimir la tasa de aprendizaje muy onerosa para las familias sencillas e instaura una prima por los pares de medias que tejen de más. Era una buena forma de estimularlos al trabajo. Muchos de estos jóvenes los vemos unos años más tarde establecidos por su cuenta. De tal modo que Dourdan viene a ser una próspera ciudad industrial. Todavía hoy se la recuerda en el lugar, como una gran innovadora.
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La situación de Haití sigue caótica, las calles huelen a muerte, la gente sin comida, sin casa, sin nada, el hambre azuza, el desespero está a flor de piel. Los que pueden huyen de este infierno, y es normal. Sólo hay una razón para quedarse: La solidaridad con los más abandonados, el deseo de ayudar y acompañar al pueblo haitiano ante tanto dolor; llorar y rezar con ellos, dar consuelo en su aflicción, intentar hacer lo que se puede.
Hay todavía otros, con más valor, que acuden del exterior, para llevar ayuda humanitaria unos con grandes contingentes otros con su pequeña contribución. Son muchos los que están llegando a Haití. Llegan con material de primera necesidad y con la intención de colaborar. Entre éstos se encuentran varias de nuestras hermanas. Especialmente enfermeras que trabajan en Panamá. Estas tres hermanas llegaron a la zona con 12 maletas de material sanitario y artículos de primera necesidad. Las primeras en acudir fueron las Sto. Domingo porque hay una comunidad que está en la frontera con Haití. Hoy salía otro grupo de hermanas de Colombia llevan cinco tiendas de campaña y material sanitario. Van para atender los heridos y también para que las hermanas que han vivido la tragedia en primer plano tengan un respiro y se organizan para hacer turnos. Si se quiere ser eficaz hay que rehacer fuerzas para continuar. Todas están dispuestas a trabajar al aire libre si es preciso. Los heridos no pueden esperar más, es urgente actuar.
Ayer fueron a buscar a las hermanas para que fueran a atender un grupo de 100 heridos que no habían recibido atención alguna. Otra que trabajaba en el hospital de niños enfermos de sida y que había ido a Colombia porque su madre estaba muy enferma, al oír la noticia dejó a su mamá con los otros hermanos y se fue para ver que quedaba del hospital del Sto. Espíritu: Todo se vino abajo. Allí con otros empleados supervivientes de la catástrofe se organizaron para atender enfermos y heridos.
Jesús descendió a los infiernos para llevar la Buena Nueva de su Resurrección. Todos los voluntarios que acuden a Haití van con deseo de llevar consuelo a tanto dolor. Son la buena noticia de la curación, del alivio del sufrimiento. Son los buenos samaritanos, su recompensa será grande. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
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La vida nos va enseñando, nos va haciendo fuertes, es un camino de esfuerzo, de entrega y disponibilidad. A veces pensamos que no necesitamos de nadie porque solos nos bastamos para hacer frente a cualquier situación. Creemos tener las armas necesarias, pero no es así… en el fondo estamos pidiendo a gritos que nos amen, que nos escuchen, que no nos dejen solos.
Hechos como el de Haití o como el de cualquier otro país que sufre pobreza y miseria, pueden llegar a sacar lo mejor del ser humano, nos muestran que el hombre es capaz de amar pasando por encima de cualquier otra cosa. Después de vivir una situación de destrucción y de horror, queda la impotencia y la tristeza, pero también la esperanza de que podemos hacer algo por nuestros hermanos, por todos aquellos que con urgencia necesitan de cada uno de nosotros.
Estuve en la Eucaristía que se celebra cada domingo en la prisión “Modelo” de Barcelona. Salí emocionada y con el corazón lleno de agradecimiento por el compartir sencillo y sincero de todos los que allí participaron de la mesa y la Palabra. Quisiera compartir con todos que ayer viví en primera persona el evangelio de la viuda:
“Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: Muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir". Mc. 12, 38-44
En el momento de las peticiones, cada uno de los que allí estábamos, libremente, hicimos una petición por aquello que llevábamos en el corazón. La mayoría de los internos pensó en este país devastado por la destrucción y pidieron por ellos, por los fallecidos, por los que viven, los que han perdido familias y por supuesto, con preocupación y cariño especial, por los niños. Uno de los internos hizo una proposición a todos sus compañeros. Aseguró que, a pesar de todo lo que ellos viven, pueden decir que están bien, por eso proponía que cada uno de los que estaban en prisión se comprometiese a dar una “chapa” (equivalente a un euro), para donarlo y enviarlo a Haití. Todos estuvieron de acuerdo por unanimidad y se dispusieron a recoger para dar de lo poco que tienen. Una vez más, doy gracias a Dios por la capacidad de amar del ser humano, por la generosidad infinita de tanta gente anónima que es capaz de preocuparse y sufrir con el que sufre, de olvidarse de sí para pensar en el otro. Cada vez que pensamos en los demás, en aliviar la pena del que sufre estamos dando aliento y dibujando una sonrisa en la vida del otro. Gracias. Texto: Hna. Conchi García.
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Haití es un país castigado frecuentemente por catástrofes naturales. Ya de por si una nación estigmatizada por la pobreza. Es el país que va a la cola de la renta per capita de América Latina y uno de los más pobres del mundo. Se puede decir que es un estado sin estado.
Este fuerte seísmo ha dejado asolado Port-au-Prince. Se tardarán días en saber cuantos muertos se ha cobrado este terremoto. La muerte aparece en todas partes: entre los escombros, por las aceras. El pánico asoma por todos los rincones. Después del fuerte temblor otros han seguido en una magnitud de 5,9 y 5,5 en la escala de Richter. Por el momento nosotras, Dominicas de la Presentación, sabemos que la escuelita con 400 niños que se construyó con muchos esfuerzos y gracias a la generosidad de varias aportaciones se desplomó por completo. Una hermana estaba en la clase con 20 niños, vio como la tierra se abría y los engullía a todos después el techo se vino abajo. Ella quedó en pie. Físicamente no le ocurrió nada pero está completamente traumatizada sin reaccionar.
Las hermanas trabajan también en dos hospitales, uno de enfermos comunes y otro de niños enfermos de sida y con malformaciones. Los dos se han derrumbado. Las hermanas empezaron a escarbar para buscar supervivientes y rescatar material sanitario. La gente corrió en su ayuda.
La casa de las hermanas ya no existe. Están en la calle con lo puesto. Una de ellas muy atrevida pensó en el sagrario y escurriéndose por una rendija llegó hasta él. Por el momento sabemos que una hermana que estaba en Misa está herida de consideración pero una religiosa de otra congregación que estaba junto a ella murió.
Hay que tener mucho valor para enfrentarse a este espectáculo dantesco. Falta de todo y es urgente que las ayudas lleguen cuanto antes porque las epidemias están ahí.
Tres hermanas nuestras haitianas estaban en una reunión en Medellín (Colombia). Una tiene noticias de sus padres las otras dos no saben nada y no pueden viajar a Port-au-Prince porque los vuelos están cancelados y las comunicaciones telefónicas son muy difíciles o inexistentes. Cuatro hermanas de la comunidad de Santo Domingo han pasado a Haití para colaborar en lo que sea.
El problema es el caos total. No existe organización. Las ayudas llegan a muy pocos en comparación de las ingentes necesidades. El pillaje empieza a campar a sus anchas, el hambre, es tan fuerte como el dolor de haber perdido a los suyos.
Habrá mucho que reconstruir y mucho que consolar... Las ayudas no pueden restringirse en la emergencia de esta catástrofe, sino que deberán perdurar a corto, medio y largo plazo si queremos que este castigado país pueda levantarse de su tremenda situación. Texto: Hna. María Nuria Gaza.
Para ayudas: Dominicas de la Presentación.
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Con esta frase de "tú eres mi Hijo el amado, el predilecto", hemos terminado las lecturas del tiempo de Navidad. Ojala que Jesús a lo largo del año sea para nosotros el amado, el predilecto!
Pero mientras meditaba este evangelio, con las diferencias bien guardadas, nosotros también somos los hijos bien amados del Padre. Pues tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo. Él bajo de su solio celestial y tomó nuestra carne para que nosotros viniéramos a ser hijos de Dios. ¿No es esto ser muy amados por Dios? De inmortal pasó a ser mortal, nació pobre. El que no tenía pecado se hizo humilde y se puso a la fila de los pecadores para hacerse bautizar por Juan el Bautista de este modo santificaba las aguas del Jordán y anunciaba el nuevo bautismo que nos hace hijos de Dios y templos del Espíritu Santo.
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La contemplación del Nacimiento de Jesús en Belén y la celebración de todas las fiestas que llamamos de Navidad y Epifanía ha concluido ya este año 2010. Ahora decimos que empezamos un año nuevo, una etapa nueva, que es en parte pura continuación de lo anterior pero que nos hemos dicho y hemos expresado de muchas formas que deseamos vivirlo de un modo “nuevo”. El año nuevo trae un deseo también nuevo para vivir con mayor profundidad.
Hemos expresado que deseamos vivir lo mismo, pero mejor, queremos evitar el mal, queremos acercarnos al bien, soñamos con que se pueda decir que cada uno intentamos hacer lo bueno, ser más conscientes de cuanto recibimos como don de Dios y regalo de los demás, para poder caminar a lo largo del año con mayor plenitud, con más conciencia y mejor compromiso para lograr un mundo, una vida mejor.
Una forma de alcanzarlo es borrar de nuestro corazón el egoísmo, buscando nuevas formas, o quizás nuevos medios para expresar a los demás nuestro aprecio hacia todo cuanto constituye su vida, pendientes de aquello que les da gozo o les es un motivo de preocupación o dolor. Hacer realidad cualquier deseo de paz y de verdad pasa por el reconocimiento de la acción de Dios en cada hombre, en cada vida. Texto: Hna. Carmen Solé.
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