¿Moral de criterios o de recetas?
12.04.08 @ 16:38:46. Archivado en Bioética
La opción por una moral de diálogo, no de recetas, la hizo el Concilio Vaticano II cuando rechazó el esquema títuladp De ordine morali. En su lugar surgió Gaudium et spes, sobrela iglesia en el mundo actual.
Los redactores del esquema preconciliar sobre moral reafirmaban la de los manuales. Acentuaban el "orden moral objetivo" (n.1), el "orden moral absoluto" (n.2), "vigente siempre y en cualquier parte independientemente de las circunstancias" (id.); insistían en que Dios no es solamente autor y fin del orden moral, sino su "custodio, juez y vindicador" (n.4); exageraban el papel del magisterio eclesiástico con "derecho y obligación de explicar autoritativamente e interpretar definitivamente la ley natural...", incluso "dirimiendo con decretos disciplinares controversias sobre puntos oscuros" (n.4); dedicaban espacio a refutaciones, ya que "el error es una serpiente variopinta y de muchas cabezas, pero la verdad es una " (n.6); centraban el capítulo sobre la conciencia en la concordancia con las normas (n.8); ponían en guardia frente a los peligros de una conciencia considerada como diálogo íntimo con Dios, los riesgos de insistir en la opción fundamental o de poner el amor como criterio de moralidad (nn.13-15); ponían como ejemplo de pecado mortal la negación de la fe en tiempo de persecución por miedo a la tortura (n.18), etc.
Este documento citaba en su n.5 el texto de Mt 22,37 sobre el resumen de la ley en el amor a Dios y al prójimo; pero, en el n.15, sintiendo la necesidad de evitar que el amor se convierta en criterio único de moralidad, citaba Mt 19,17, sobre la observancia de los mandamientos.Este fue el texto que sirvió de hilo conductor a Juan Pablo en la Veritatis splendor. Es inevitable la sospecha de que algunos colaboradores de redacción del Catecismo del 92 y de dicha encíclica trataron sutilmente de desenterrar el documento De ordine morali.
En tiempos de Juan Pablo II el Restaurador, dentro del marco de una sutil deformación del Vaticano II, que daba marcha atrás al mismo tiempo que afirmaba seguir su línea, se produjeron textos como el del Catecismo del 92, en los que un doble lenguaje de compromiso no consigue articular del todo la tensión entre una moral de diálogo y una moral de recetas prefabricadas.
El cardenal Martini, decía el 22-I-93 en una entrevista, que el Evangelio no tiene fecha y el Catecismo sí la tiene, que el Catecismo hay que volver a escribirlo una y otra vez en cada época; acentuaba el cardenal Martini la problematización de la fe y la fragmentación actual de la conciencia cristiana. Para responder, decía, a una necesidad de unidad se emprende la tarea del Catecismo. Es, decía, un problema percibido en diversos lugares eclesiales. Pero, ¿logró esa integración el Catecismo del 92 o mantuvo la desproporción entre la moral de discernimiento y la moral de recetas?
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pues decimos "casi" lo mismo. Los catálogos son la vieja ley y sirven para os niños, para crecer.
Pero SÍ creo que el propósito de cierta jerarquía es mantenernos en una eterna minoría de edad y en una moral enteramente heterónoma, disfrazada de "fe de los sencillos". Es más fácil conservar poder así sobre sencillos y menores.
El catálogo de vicios y virtudes sí vale de algo, aunque sea para llegar sólo a ser adulto y autónomo. Creo que el fondo de la Iglesia es ése. Enseña una moral general, con vicios y virtudes, pero con eso no quiere convertirnos en máquinas heterónomas, sino, qua magistra, indicarnos un camino que nosotros mismos tenemos que interiorizar. Yo así lo he vivido. Las confesiones, las lecciones sobre moral, me han servido para interiorizar y crecer.
Decía San Ignacio (tmabién pooc sospechoso) que aunque lo preferible es que el hombre obre por amor, es bueno que obre también por temor de Dios, porque a menudo éste es el primer para llegar al amor. Igualmente muestra en sus ejericios el tránsito entre el que actúa por ley y quien, siguiento el propio camino de la ley, alcanza la vida de...
Creo que te vas del tema. Estamos hablando estrictamente sobre moral, y tú te has lanzado a un tema más amplio como es el de el magisterio y la doctrina. Eso sería más largo de discutir.
Sobre el tema de la moral, las "recetas" no conducen necesariamente a una moral heterónoma. A mí eso me parece un prejuicio ilustrado. Todos hemos tenido que ser aleccionados sobre moral. Todos estamos sujetos a unas leyes generales que no podemos violar. Todos creemos que hay géneros de acciones que no se deben realizar (robar, matar al inocente)... aunque estos géneros no existan más que en el mundo cultural. Por ello no entiendo tu extremista rechazo de los catálogos. La ley positiva es un catálogo. La ley vetotestamentaria es un catálogo (y conviene recordar que Jesús no la erradicó). Lo que tú enseñabas a tus hijos ...
A mis niños, cuando tenían 3 añitos les valdría sutentar lo bueno o lo malo sobre mi palabra. Ahora tengo un adolescente y un preadolescente a los que mi palabra, por suerte para ellos, no les vale sin más averiguaciones: precisan preguntarse porqués y buscar un sustento a las razones que no sea la palabra de su madre ni la de ninguna autoridad. Vendrán otras etapas en su desarrollo ético. Pero a partir de ahora ya no les basta un catálogo que no sientan en sus carnes.
A menos que eso de la fe "de los sencillos" consista en dejar a las personas en una eterna minoría de edad en lo que al juicio moral se refiere
Precisamente porque ni siquiera una escala de grises se compone de unidades discretas, sino que es un continuum en el que difícil resulta establecer cortes y porcentajes de negro/blanco, es por lo que el catálogo de vicios y virtudes, descarnados de la humanísisma humanidad de CADA ser humano, no vale de gran cosa a alguien que se quiera ver libre y adulto, como nos qu...
En esencia, hablar en términos generales, prescindir del sujeto, no es algo malo si su objetivo es clarificar la acción. Aristóteles, poco sospechoso de legalismo, decía que para que el hombre adquiera virtud se empieza por al educación y la ley... es decir, que para ser bueno, primero hay que enseñarle l...
"una verdad metaética palamaria: existen acciones que son malas. El problema es que la ética es una ciencia práctica, no teórica, y su objeto se dirime en las circustancias. El peligro es que perdamos de vista esto"
Y los catecismos, recetas y catálogos prescinden de la circunstancia, prescinden del sujeto. En definitiva, prescinden de la humanidad de la persona. Ergo pervierten su sentido. Así no hay mMAdre ni Maestra, y mucho menos que se pueda autoproclamar "experta en humanidad.
En modo alguno creo que la Iglesia zanje el tema así como tú dices. Tu afirmación es una simplificación injusta, igual que la de Masiá. Lo que le toca a la Iglesia es ser madre y maestra, y en esos dos roles se ve obligada a enfrentarse contra el grueso gordo de la dicatomía entre lo universal y particular en el orden moral.
Por otra parte, admito que vivimos un momento de mayor tendencia a las "recetas", pero es algo natural cuando hemos pasado por otro mucho más relativista dentro de la Iglesia y nos enfrentamos a un mundo relativista. El movimiento pendular es esencial a las dicatomías.
Pero yo creo que en sí el catálogo de pecados, las "recetas" y demás no son algo malo. Son algo necesario y se sustentan en una verdad metaética palamaria: existen acciones que son malas. El problema es que la ética es una ciencia práctica, no teórica, y su objeto se dirime en las circustancias. El peligro es que perdamos de vista esto.
Su esbozo es demasiado simplista; el problema es más difícil que rechazar un modo de comprender la moral y abrazar otro. Que rechazar la moral de recetas y abrazar la del diálogo. Repase todos los grandes tratados de moral y verá que la dicatomía que usted presenta es condición de posibilidad de la propia moral. La tendencia hacia una moral absoluta y hacia otra relativa conforma la propia historia de la ética. Y es que una sin la otra lleva hacia extremos peligrosos: la falta de algo que puede llamarse absoluto co...
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