Pregunta la periodista: “Según lo dicho hasta ahora, podrían entenderse hoy los votos como un ir contracorriente?”
Respondo: Sí, pero me resulta presuntuoso presumir de ello, como si la vida religiosa tuviese la exclusiva.
Tiene que ir mucho contra corriente una familia que no se quiere dejar llevar por las exageraciones de la sociedad de consumo, o una pareja que quiere vivir con fidelidad su relación en medio de los altibajos de la vida cotidiana, etc.
No pongamos en un pedestal aparte la "vida consagrada", como si fuera necesaria para la dedicación apostólica, o como si fuera heroica y elitista, o como si fuera impuesta por Jesús o por la Iglesia para formar un grupo selecto o superior. Nada de eso.
Mira, un ejemplo curioso. Cuando las religiosas de un colegio católico pasaron a vestir modestamente, pero sin hábito, el profesorado no católico del colegio se opuso y dijeron que las prefería “de monjitas, como Dios manda”.(Lo de "monjitas", pronunciado con retintín me molesta, es un machismo más...) Claro, como que es muy cómodo ensalzarlas como “vestales” en un pedestal, sin que nos cuestionen. Es más fácil huir del mundo que estar en el mundo sin ser del mundo.
No se resigna la periodista a meter el bisturí en lo personal y me dispara de nuevo a bocajarro:: “Ya entiendo, por lo que dijo antes, que en su época las relaciones en la juventud no eran como hoy. Pero, si usted fuera un joven hoy, elegiría la pareja o el celibato?”
Respondo: “Vaya, de nuevo la trampa, hija mía” (“Bueno, perdona el paternalismo del “hija mía”, me ha salido espontáneamente, porque tus preguntas al abuelo me hacen percibirte cariñosamente como nieta”).
Mira, si esta pregunta la haces en mi clase de antropología, te bajo la nota. Has pasado por alto algo tan importantísimo como el tiempo y la historia para el ser humano.
Si una pareja, antes de unirse, tuviera que demostrarnos matemáticamente que están hechos el uno para el otro o la otra, no consumarían jamás su unión. La capacidad humana de prometer va unida a la de compromterse a mantener la promesa, aunque uno cambie y las circunstancias cambien. Esto está muy olvidado, por eso el problema de divorcios y separaciones coincide con el del cambio de opción de vida en quienes hicieron votos.
Me preguntas qué elegiría yo hoy. Lo sincero y auténtico es contetsar que no lo sé. Si te dijera que elegiría otra cosa, sería contradictorio. Pero si te dijera que elegiría lo mismo, sería presuntuoso. Si te dijera que elegiría otra cosa, tendría que ser consecuente y salirme de mi opción, lo que no es mi caso. Si te dijera que estoy seguro de que elegiría lo mismo, sería presumir de lo que no sé. ¿Cómo voy a saber yo el joven que sería si hubiera nacido en 1990 en vez en 1941?.
Lo que sí te puedo decir es que para permanecer yo en mi elección y quien está en pareja permanecer con su pareja, tenemos que reelegir cada día lo mismo, aunque uno y las circunstancias no sean lo mismo. Reelegimos una elección, digo con el filósofo Paul Ricoeur. (Proseguirá)
Los comentarios para este post están cerrados.
Alfonso, buen planteamiento y buena formación en ete caso. A tu comentario le falta un poco de más dulzura.
Para SOFIA: Querida Sofia, u saludo cordial. Respondiendo a tu pregunta ¿Y se eleige no elegir? Inevitablemente, te digo que ya estas eligiendo. Es como cuando alguien dice, ni lo uno ni lo otro, neutro. Pues neutro también es una opción.
Se quiera o no, diga lo que digan algunos, en la vidq hay tanto elecciones como opciones y estados de vida. Y por mucho que le pese a nuestro querido amigo Emerito Augusto, en la vida hay vocaciones y muy distintas. Al mismo Emerito le digo que a la llamada de Dios se responde diciendo sí o diciendo No. Vaya si yo dije NO en un principio y bien alto y claro a lo planes que Dios tenía sobre mí. Y vaya si Dios mete y mete el dedo en la llaga y urga en la herida. Pero al final (sin determinismo que valga) es la persona quien decide responder a la llamada de Dios. Y ahí no hay nada de ambigüedad.
Creo que los pasos son más o menos en síntesis así: Dios llama, yo respondo y después vendrá como dice Pilar el modo o el estado de vida.
Hay elección/opción de por vida y hay elecciones y opciones de momento, circunstanciales. Si las circunstancias te muestran (no te demuestran) que te equivocaste, es cuestión de corregirse.
En la vida todas las opciones circunstanciales se unifican y se integran en una opción de vida que es la que cuenta y que sólo Dios juzga.
En temas de libertad y compromiso uno no se juega a la verdad y a la certeza sino a la esperanza y a la confianza.
Yo no creo que exista “vocación” para nada. Nadie “llama” a nadie a un “destino” determinado. Es cierto que, desde el punto de vista religioso, se dice que existe la “llamada de Dios”; pero eso es muy discutible desde el punto de vista humano. Sería un “determinismo” que anularía la libertad. “Otra cosa es el discernimiento sobre el estado de vida”, como bien matiza Pilar.
SOFIA. El “amor” en abstracto no existe. Existen “personas que aman”. No es un don que se recibe. Es un “sentimiento”. No “te elige”; está dentro. Sí estoy de acuerdo en que “se puede realizar de distintas maneras según las circunstancias de la vida”. Incluso “des-amar”. Y ahí está la “elección”.
Sofia:
Ya sé que es una frase hecha pero "el amor es un Yo que busca un Tú, para formar un Nosotros".
El amor se construye día a día, por el mismo camino que el desamor.
Claro que hay vocación de casado y de célibe. Son opciones personales hechas con una finalidad concreta. Como decía Masía no se es célibe para encerrarse en sí mismo sino para darse a los demás.
Lo otro mejor que lo responda Masiá.
Bueno sofía, si lo dices en ese sentido, yo diría que el amor es un don. Dado y recibido. Elegir la vía del amor, sea en la situación que sea, ya es una opción. En cada situación vital o ante cada encrucijada, elegimos una entre muchas posibles opciones.
Otra cosa es el discernimiento sobre el estado de vida. Hay quien lo tiene claro desde jóven. Hay quien no. Hay quien encuentra el amor en la exclusividad de una pareja, hay quien lo encuentra en todos aquellos que lo necesitan.
Carmen: las circunstancias no evitan la elección. A lo más la condicionan. Si no es así hablaríamos de determinismo.
Hay que elegir en nuestras circunstancias, las que tengamos en cada momento. Y cada opción nos define y nos conforma.
Estoy con Sartre: la libertad es una condena. Estamos condenados a ser libres.
NADA MAS QUE RECORDAR QUE,EN LA ANTIGUA ALIANZA EL CELIBATO ERA UNA ABOMINACION.
Y el Catecismo de la Iglesia Catolica de 1994 dice que la Antigua Alianza no esta derogada...
Dios mio eso es UNA APOSTASIA,pura y dura.
LA ANTIGUA ALIANZA ESTA DEROGADA POR LA IGLESIA.Hoy cabe la pregunta inquietante,si la Iglesia ya no es el NUEVO ISRAEL ¿que demonios es? tal vez una simple asociacion,en fin,tremendo.
LA ACTUAL CRISIS DE IDENTIDAD NO TIENE PARANGON EN 2000 AÑOS.
Volvemos a Ortega: "Yo soy yo y mis circunstancias". La vida es una noria y a veces da unas vueltas que marea. Ser consecuente es elegir todos los días. Y la no elección también es elección.
Pero mejor me planto, porque entramos en un terreno filosófico en el que me puedo perder.
Adelante blogger, para desbrozar el campo se necesitan buenos labradores.
Sofía, me temo que es inevitable elegir la vida que quieres, a la que te sientes llamado o la vida elegirá por tí. es decir estarás a merced de las circunstancias. Eso creo.
Estoy muy de acuerdo en todo Masiá, aunque lo razones muy bien y tus argumentos sean sólidos, mi afinidad va por la experiencia.
Reelegir una elección no es otra cosa que ser consecuente con la elección. Ser responsable, esto es ser dador de respuesta a una libre opción.
Hoy queremos elegir, optar, ser libres sin la contraprtida de ser responsables de lo que elegimos. Por eso los compromisos no son duraderos ni hay opciones de por vida.
El otro día el párroco de un pueblo cercano dejó la parroquia plantada y se marchó porque se había enamorado. Así, sin más.
¿Cuántas veces podríamos enamorarnos si estuviéramos abiertos a esa posibilidad?. Pero ese camino se cerró porque encontramos otro mejor, único y maravilloso que merece, como el tesoro escondido dejarlo todo por él.
SOFIA. Muy buena tu pregunta. Yo pienso que sí está claro que la vida es elegir y reelegir. Lógicamente, no sólo entre “una y su contraria”, sino entre mogollón de opciones.
Tanto el matrimonio como el celibato se presentan como “propuesta, respuesta y apuesta”. Todo ello supone una “opción”; por tanto, una elección y una renuncia…
La pregunta del millón sería “¿De por vida?”
Viernes, 27 de noviembre
Escuelas Católicas
Vicente Haya
Editorial San Pablo
Sor Gemma Morató
Siro López
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis