Estado vegetativo permanente : ¿Suspender soportes vitales?
28.09.07 @ 16:23:14. Archivado en Bioética
La “Respuesta a ciertas cuestiones de la Conferencia episcopal estadounidense acerca de la nutrición e hidratación artificiales” (Congregación para la Doctrina de la Fe, CDF, 1-VIII-2007)deja perplejos a los moralistas familiarizados con la tradición teológica, que se remonta a Francisco de Vitoria. La Nota de la CDF provocará malentendidos por dos extremos.
Por un lado, en quienes la tomen a la letra, identificando el respeto a la dignidad con la prolongación a toda costa de la vida biológica. Por otro, en quienes opten por suspender los soportes por motivos meramente económicos u otros intereses egoistas o por no reconocer la dignidad de la persona en esa situación.
El comentario tan ponderado y cuidadoso que hizo en su blog Carmen Bellver (desde la propia vivencia personal de cuidar al ser querido hasta el final, admitiendo honestamente que uno no desearía para sí esa situación)fue un ejemplo de evitar ambos extremos, pero es de temer que no todas las reacciones, sobre todo en nuestro país tan propenso a la crispación extremista, sean tan comedidas.
La CDF ha hecho, una vez más, un flaco favor a la vida que quiere proteger, redactando un documento teológicamente pobre, éticamente mal fundamentado y redactado con ambigüedad.
Según la CDF la nutrición e hidratación artificiales, aun en estado vegetativo permanente, son medios “ordinarios, proporcionados y obligatorios”. La premisa mayor (con la que obviamente estaremos cien por cien de acuerdo) es que la persona en ese estado es una persona con dignidad humana fundamental. Pero no se sigue la conclusión de que mantener los soportes vitales sea siempre y en todos los casos la mejor manera de respetar su dignidad.
Si la persona ha manifestado de antemano su voluntad de que en esa situación se suspenda la prolongación artificial hay que respetar su decisión.
Si no consta su voluntad y ha de tomarse una decisión sustitutoria, tres opciones son posibles: a) prolongar durante algún tiempo hasta discernir y decidir responsablemente, b) optar desde la propia convicción por seguir prolongando, c) optar responsablemente por no prolongar más.
Cualquiere de las tres decisiones puede ser éticamente correcta, si la razón por la que se toma es para respetar la dignidad de la persona paciente.
Pero cualquiera de las tres opciones sería éticamente incorrecta, si se toma de un modo irresponsable, no en conciencia. Por ejemplo, si se opta por prolongar tan solo para defenderse de posibles demandas judiciales posteriores, o por asumir a ciegas que esa es la norma ética, o si se hace sin pensar ni discernir, tan solo por obedecer a una instancia eclesiástica autoritaria, o si se opta por no prolongar meramente por quitarse una carga o por considerar a esa persona sin valor o dignidad, o por falta de cariño hacia ella. En todos estos casos sería irresponsable la decisión.
La Nota de la CDF comete además otros muchos errores (los veremos en posteriores posts), por ejemplo: 1) Califican la Nota como “Documento doctrinal”; pero en cuestiones de bioética no hay ninguna que sea objeto de doctrina y no son competencia de dicho dicasterio (que, a pesar de haber cambiado su antiguo nombre de “Santo Oficio” por el de CDF, ha seguido siendo inquisitorial, desde los días del Cardenal Seper, pasando por el Cardenal Ratzinger, hasta el actual Cardenal Levada). Pablo VI le cambió el nombre; pero, por desgracia, no se atrevió a suprimirlo). 2) No admiten más que una única solución para todos los casos, sin margen para excepciones. 3) Lo formulan en lenguaje retóricamente ambiguo repitiendo dos veces la frase “en principio”, pero desdiciéndose al no admitir diversidad de opciones, con lo que dan lugar a malentendidos por los dos extremos. 4) Pretenden imponer esa solución autoritariamente como doctrina católica. 5) Dan la impresión de estar condicionados por la postura políticamente conservadora de gran parte del episcopado estadounidense.
Por consiguiente moralistas creyentes se verán en la obligación de disentir, respetuosa pero firmemente, de esta Nota involucionista, aunque lleve la apostila de haber sido aprobada en audiencia papal.
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¿Por qué no lo dejan en la manos de Dios?... Lo hemos hechos. Por lo visto no es una cuestión de Dios, ni dejarlo partir. Es un tema de calidad de vida... el pronóstico es difícil.
Las inquietudes éticas de mantener un paciente indefinidamente en este estado son, por tanto, lógicas. Muchos enfermos quedan permanentemente en esta situación hasta fallecer. Pero, para otros existió el Milagro. De ningún modo, se le puede considerar un enfermo terminal, dado que su condición se puede prolongarse de forma estable, incluso durante períodos de tiempo muy largos. Como promedio 5 años.
Andrés Contreras (31 años), es un joven atropellado en el camino público de Chimbarongo (Chile) y que actualmente se encuentra en ESTADO VEGETAL, postrado en una cama desde 11 MESES (320 dí...
Sinceramente creo que lo verdaremente necesario es que los hospitales, todos los hospitales, tengan una unidad de cuidados paliativos, en las cuales trabajen los profesionales necesarios, que pueden ayudar tanto a los pacientes terminales, como a sus familiares, con criterios tanto científicos, no alargando la vida de forma artificial, como humanos, tratando de que el trance sea lo menos doloros para el paciente y sus familias.
Sin embargo, desde una posición anti eutanasia, tambien es posible estar en contra del sufrimiento gratuito.
Tengo un amigo que trabaja en una unidad de cuidados paliativos, en estas unidades los pacientes están cuidados desde el punto de vista médico y humano, así como las familias, al contar con asesores sociales, psicólogos, etc.
Las familias que conozco y que han pasado por el trace de perder a algun ser querido, tratados en estas unidades, están tremendamente agradecidos al trato recibidos por el paciente y por ellos mismos.
Los cristianos creemos que la llamada muerte es un tránsito a la verdadera vida, ese tránsito...
Estoy de acuerdo con el P. Masiá, ya que es una frontera muy difícil de definir nítidamente, con que el criterio de la dignidad del enfermo es mucho más clarificador.
Yo he conocido un caso de un marido que quería mantener a su mujer en un clarísimo encarnizamiento terapéutico por dos razones, el no saber qué hacer con su vida después de esa muerte, y por las ayudas económicas que recibía.
Y conocí otro caso, este en un país en vías de desarrollo, donde una madre dejó morir a su hijo, retirándole la medicación (era para el corazón y en occidente muy común y accesible), por que en cuanto nos hubiéramos ido de allí, no podría haber asumido el coste de ese medicamento sin poner en peligro el mantenimiento del resto de su numerosa prole.
Paz y Bien
Juan Masiá, blogger
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