Derrotar no es vencer
11.03.07 @ 23:15:45. Archivado en Sobre el autor
“No te dejes vencer por el mal. Vence al mal a fuerza de bien”, dice san Pablo (Rom 12, 14-21). Hay manifestaciones por la paz nada pacíficas ni pacificadoras. La del día 10 de marzo contra el gobierno, bajo la apariencia de paz y libertad, atizó fuegos de guerra civil. Preocupa el lenguaje belicoso: “derrotar”, “vencer”, “acabar con”, “enviar al hoyo, junto con su abuelo”, etc. Rezuma –inhumana y anticristianamente- llamamientos al odio y la venganza.
Se abusa del lenguaje de retribución: “pagar por lo que hicieron”, “expiar”, “satisfacer a las víctimas”, “hacer justicia”. Oyéndolo ese lenguaje, resultan explicables, aunque injustificables, los horrores del 36. Es increíble escuchar ese lenguaje en labios de personas (o de emisoras episcopales) supuestamente cristianas: el evangelio de Jesús es paz, unidad y diálogo.
Con tono evangélico, monseñor Blázquez recomendó, el pasado 3 de febrero, la unidad, en vez de la división de los partidos. Pidió que desaparezca ETA, pero insistió en la unidad que “fortalezca en la sociedad la erradicación de la violencia”. Invitó a agresores y víctimas a pedir perdón y a otorgarlo, pero antes reconoció la parte de culpa que todos tenemos, por lo que “en la medida de nuestra responsabilidad pedimos una vez más perdón”. El lema era: “Muévete por la paz” y concluyó diciendo “Dichosos los que trabajan por la paz”.
Desarraigar la violencia y el terror abarca más que “derrotar al terror y castigar la violencia”: Desarraigar el terror del corazón de los terroristas. Desarraigarlo del corazón de las víctimas, para que no se conviertan en agresoras y verdugos, manipuladas electoralmente. Desarraigar el terror del interior de cada persona y de la sociedad entera.
Insistía monseñor Blázquez en “limpiar de odio el corazón”, clave para “erradicar la violencia”. ¡Qué diferencia entre quienes insisten frenéticamente en “derrotar a los terroristas” y quienes predican evangélicamente la “erradicación del terror”! El talante de Blázquez es humano y cristiano. Juan Pablo II (1-I-2002) decía: "Ni paz sin justicia, ni justicia sin perdón... ". Son palabras que animan a los cristianos por la paz y el diálogo a mediar en procesos de paz para que no se interrumpan...
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Y según uno de los comentarios encima los que agradecemos las aportaciones de Juan Masiá somos progres e intolerantes con ropaje evangélico que prostituimos la verdadera fe cristiana, toma ya.
Que Dios nos coja confesados a todos (los de las dos Españas).
Vamos, que si se utiliza a JP para apoyar su discurso (mal utilizado) , que sea para todo, sr. Masiá. ¡Vaya incongruencia!
Por cierto ¿cómo fue el proceso de diálogo entre Cristo y los mercaderes del templo? Espeero que ninguna de las partes emplease la violencia, aunque un tal Lucas diga que Cristo afirmó que había venido a traer la división a la tierra.
Tan sólo te propongo meditar sobre los comentarios que acaban de hacerte.
Ocurre en cualquier post que se atreva a poner en cuestión el dogma de la guerra total como realidad última (En los míos no escriben por respeto a Sócrates)
Ahora que acaban de condenar a Jon Sobrino, no más constatamos que el amor tiene enemigos y que esa enemistad no es una causa metafísica, sino una defensa ideológica de privilegios: el uso de la palabra para interpretar la presencia y la acción de Dios-a. No te tentaré diciendo que tengas toda la razón, pero nadie puede ocultar que tu propósito es participar de un deseo divino (ni imperativo categórico, ni mero arbitrio): trabajar por la paz. Abrir caminos al encuentro entre quienes se marcan ese objetivo, limpiar el corazón de odios, liberarnos del terror.
Me temo que una cosa es predicar y la otra dar trigo...
Heiwa !
Ustedes los progres están acostumbradísimos a darse golpes de pecho cuando las cosas no se hacen como les apetece, pero cuando son otros los que osan darse una palmetada en el torax ante lo que hacen ustedes, se rasgan las vestiduras.
Eso sí, si son progres religiosos, adornan su intolerancia con ropaje de apariencia evangélica. Digo apariencia, porque en realidad lo que hacen es prostituir la fe cristiana al servicio de una cosmovisión político-social que se da de tortas con la fe verdadera.
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