Convivencia de religiones

El P. Kadowaki, jesuita y maestro Zen, ya está “unimismado”

06.08.17 | 17:40. Archivado en Bioética

R.I.P: Juan Kakichi KADOWAKI (1926-2017)

El 27 de Julio, 2017, se adentró definitivamente en la Vida de la vida este jesuita japonés, que nos deja un legado de antropología filosófica no dual, espiritualidad ignaciana dialogante y lectura cordial de la Biblia con el cuerpo entero.

Para evocar en su obituario el legado filosófico-espiritual del P. Kadowaki, no encuentro mejor palabra que la acuñada `por Unamuno sobre cuerpo y alma en El Cristo de Velázquez:

Enamorada de su cuerpo tu alma,
y por nupcial amor unimismados,
no como a cárcel al morir dejóla,
con el suspiro de quien queda libre,
sino como a un hogar en que se ansía
dejarse vivirsiempre...

Es que el P. Kadowaki, que enseñaba en los años setenta una antropología filosófica no dual, se alegró y animó al equipo de traductores que preparaba los cinco volúmenes de obras del pensador español de carne y hueso.
En la década de los 80 fue Pedro Laín Entralgo quien se interesó por la manera de hablar Kadowaki en japonés sobre cuerpo y espíritu suprimiendo la “y” para decir “cuerpo-espíritu”, aunando los dos pictogramas de cuerpo y espíritu (ambos con la misma fonética, shin) en el término shin-shin: que podríamos verter unamunianamente como “cuerpo-espíritu unimismados”.


KADOWAKI Kakichi nació en tierras norteñas de Hokkaido el 6 de enero de 1926. Bautizado católico por el P. Dumoulin, el conocido investigador del budismo, entró en la Compañía de Jesús -novicio dirigido por el P. Arrupe- en 1950. Ordenado sacerdote en Tokyo, en 1960, se doctoró en la Universidad Gregoriana en 1964.

Estudió especialmente el conocimiento por connaturalidad en Santo Tomás y la epistemología de Lonergan. Fue profesor de antropología filosófica en la Universidad Sofía de 1965 a 1996. Por contraste con otros profesores japoneses y extranjeros de la generación anterior -que se decantaban por escolasticismos medievales o idealismos alemanes en filosofía y tesis contrarreformistas en teología-, Kadowaki (que, antes de filosofar, se había graduado en ingeniería en la Universidad Imperial) estuvo abierto al diálogo con la fenomenología y hermenéutica.

Después, recogió el legado de encuentro con el Zen del P. Enomiya. Llegó a ser reconocido como Maestro del Zen por el Roshi (Maestro) Omori Sogen, según la corriente de Rinzai, Fue instructor de un grupo internacional de Tercera Probación en Japón, en 1982.

Ha continuado durante más de treinta años profundizando la relación enre la espiritualidad ignaciana y la práctica del Zen; ha dirigido en esa línea muchas tandas de ejercicios, integrando el estilo ignaciano que camina de la meditación a la contemplación, dando importancia al cuerpo, respiración, memoria e imaginación, con la práctica Zen, centrada en la respiración y el silencio. Trasladando este método a la teología, Kadowaki no ha cesado de pensar hasta sus últimos días la integación del aliento corporal con el soplo del Espíritu de Vida.

Dirigió el Instituto de Religiones Orientales de la Universidad Sophia, de 1985 a 1991. Tradujo el libro de los Ejercicios espirituales de san Ignacio al japonés. Fue publicado en la colección de bolsillo de la principal editorial japonesa, Iwanami, en 1995.

Entre sus numerosas publicaciones en japonés, destacan sus estudios sobre pensamiento y espiritualidad en la obra de Dogen (2008), al que calificaba como un santo Tomás del budismo. También es autor de dos piezas de teatro Noh, de temática cristiana, que se estrenaron en Tokyo, Roma, Bruselas y Buenos Aires.En español, recordamos sus libros: El Zen y la Biblia. Lectura coporal del Koan y la Biblia. Vivencia Zen de de un cristiano., ed. Paulinas, 1981; Por el camino de Oriente. Posibilidades de una filosofía cristiana japonesa, ed. Colegio de México, 2011,

Al redactar ahora para el blog estas líneas de obituario, tengo como telón de fondo el leit-motiv de conversaciones con él, que solía repetir: “Ustedes, occidentales, tienen que librarse de la antropología dualista y la teología exclusivista”. Creo sinceramente que los que hemos sido discípulos y colegas suyos en filosofía y teología todavía tenemos como asignatura pendiente tomar en serio este consejo suyo.


Siesta de Transfiguración y psicoanálisis en el Tabor

30.07.17 | 04:35. Archivado en Mística

Sueño y despertar de transfiguración en el monte Tabor,

En la reunión del equipo pastoral, preparando la homilía del 6 de agosto, nos hizo reir la catequista Herminia contando el cuento de las tres tiendas de campaña en lo alto del monte Tabor:

“¿Por qué tres solamente, si los personajes son seis en total, contando a los discípulos con los dos profetas y el Maestro? Es que Moisés y Elías son mayores, serios, estirados y encima roncan, necesitan estancia individual. En cambio, los discípulos se acurrucan en la misma tienda con Jesús, que reclina la cabeza en cualquier sitio, aun con menos de dos estrellas”.

Bromas aparte, el resto del equipo dudaba entre subir a montes de contemplación o bajar a rutas de compromiso.
Alicia, catequista de los pequeños, prefiere Lucas a Mateo y propone escenificar el sueño; “Pedro y sus compañeros estaban amodorrados por el sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria” (Lc 9, 32). De fondo, el salmo: “contempladlo y quedaréis radiantes"; aunque no todo es luz resucitadora, sino mitad ilusión de luz y mitad pesadilla de tinieblas en este “éxodo de pasión” que comentan Moisés y Elías (Lc 9, 30).

Enrique, catequista de confirmandos, insistía en que no vale la misma interpretación en la misa de infancia y en la de mayores. Es que no acababa de convencerles mi propuesta de centrarse en nuestros propios sueños, como en el sueño de Pedro, Juan y Santiago.

Los tres discípulos –invitados a quedarse en silencio ante el Enigma para escuchar al Misterio de Vida, que eso es orar...-, simplemente cayeron en el sopor de sobremesa, aunándose los temores con el mesenterio productor de ensoñaciones.

Los tres se quedaron dormidos en la siesta del monte Tabor (Mc 9, 2-13; Mt 17, 1-20; Lc 9, 28-36; cf Jn 12, 22-33), como también se les pegaron las sábanas, un año antes, en la madrugada de Cafarnaúm (Mc 1, 35-38) y como caerían rendidos de sueño, un año después, a media noche en Getsemaní (Lc 22, 39-46; Mt 26, 36-46; Mc 14, 32-42).

Estamos cotejando estos textos en el equipo, pero me parece que nos condiciona demasiado la preocupación con que solemos preparar las homilías: polarizados en cómo explicar la historia, o cómo contar el cuento de la manera que lo cuenta con su intención cada evangelista o cómo aclarar significados convirtiéndo los símbolos en alegorías que racionalicen la fe.

Quizás para Pedro, Juan y Santiago –y para nosotros hoy también- haga falta ayuda consejera: que, en vez de interpretarlo, nos plantee qué vamos a hacer con el sueño.

Y si el psicoanalista es Jesús en persona, escucharé la palabra que me hiere y abraza al mismo tiempo: levántate!

Levántate significa: despierta. Levántate significa: ponte en pie y echa a andar. Levántate significa: resucita.
“Levantaos” es palabra clave en esta escena: Mt 17, 7:, Levantáos (Gr. Egérzete), no tengáis miedo; Mt 26, 46: Levantáos (Gr. egéireze), vamos.

Nada extraño que tengan pesadillas de miedo los discípulos que, por el camino, habían oido de labios de Jesús el anuncio de la Pasión. Se mezclan en el sueño los miedos de muerte y tinieblas con los anhelos de vida resplandeciente: ellos habían dicho en la crisis galilea: “Nosotros no te dejamos, tú tienes palabras que dan vida definitiva (Jn 6, 68). Pero al abrir los ojos no saben con qué carta quedarse, con el recuerdo del miedo o con la lucidez de la esperanza. Se quedan inmóviles, “aterrados, no sabían cómo reaccionar” (Mc 9, 6), “al verse envueltos por la nube tormentosa se asustaron” (Lc 9, 34) a pesar de que la voz escuchada en sueños les había animado así: “Escuchadlo, es mi Hijo, al que tanto quiero” (Mt 17, 5)

Y Jesús sigue invitando a despertar del ensueño, del engaño; y abrir los ojos a otro sueño mejor, despertar a la realidad, a la lucidez de la iluminación. Despertar y salir del miedo, resucitar a la lucidez de afrontar la realidad y asumrla. Para Jesús, despertar es resucitar y resucitar es nacer de nuevo por el Espíritu, cuya creeatividad hace siempre posibles renaceres de transfiguración.

Pues levantémonos - y levántese la Iglesia- resucitando del miedo a la lucidez tras la consulta de psicoanálisis gratuita con Jesús en el monte Tabor


Los díscolos no captaron la parábola

15.07.17 | 18:34. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Si el recién fallecido Cardenal Meissner (q.e.p.d.) pudiera enviar desde su eterno descanso en la vida eterna un e-mail a sus díscolos compañeros del dislate anti-Francisco, tal vez el mensaje rezaría de esta guisa:

“Hermanos, no habíamos comprendido la parábola del sembrador:; el que tenga oidos para escuchar que entienda. El Papa Francisco habla en la Amoris laetitia como Jesús en el Evangelio y nos confronta con el símbolo de la escucha que discierne y la misericordia que sana. Pero nosotros no nos dejamos impactar por el símbolo y nos obsesionamos con la alegoría, que no escucha ni sana, sino racionaliza, moraliza y anatematiza, derecho canónico en mano, disparando misiles de sí o no, blanco o negro”

Este domingo 15 del Tiempo ordinario toca escuchar la perícopa de Mt 13, 1-23 (Salió el sembrador a sembrar su semilla...Mejor leer solo del 1 al 9).

Aprendamos de Jesús que nos lanza un símbolo para sacudir nuestra somnolencia y estimularnos con el enigma: quien pueda escuchar que entienda.

Como cuando el maestro de meditación Zen confronta al discipulo con un koan pradójico para romper su lógica y hacerle pensar sin pensar

Como el oráculo délfico que “ni dice, ni oculta, sino sugiere dejando perplejidad (ainissomai, en griego).

Como cuando Unamuno quería tantoa sus lectores que les sembaraba inquietudes practicando la “obra de misericordia suprema, despertar al dormido”...

La parábola tal como la contó Jesús termina en el versículo 9: ¡Quien tenga oidos, que escuche! Todo lo que viene a continuación desde el v.18 al 23 es un ejemplo de cómo la predicación primitiva convirtió la parábola en alegoría, atribuyendo significaciones para descifrar contraseñas: que si el terreno rocoso significa..., que si las raíces significan..., que si las zarzas significan,,,esto y lo otro, etc...

Con razón recomendaba Francisco en Evangelii gaudium que no prediquemos la homilía así: “La predicación puramente moralista o adoctrinadora y también la que se convierte en una clase de exégesis, reducen la comunicación entre corazones que se da en la homilía...” (EG, n. 142).

Ante los escrúpulos del ex-prefecto Müller, recuerda el cardenal Schönborn que lo importante es “escuchar”: “El clero debe escuchar como tal vez no lo hemos hecho antes, y escuchar a todo el mundo, a las personas en relaciones regulares y en las llamadas relaciones irregulares”

Habrá que aplicar a las “teologías de funcionario eclesiástico” lo que decía Paul Ricoeur de las filosofías faltas de hermenéutica; “no se acaba de dejar morir a los ídolos y apenas se tiene oidos para escuchar a los símbolos”. Hoy diríamos a los “escribas o escribanos de curia”: “no se acaba de dejar morir el derecho canónico y apenas se tiene oidos para escuchar la gratuidad del Evangelio y nutrirse de lo sacramental”.


¿Por qué su carga se hace llevadera?

03.07.17 | 03:55. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Conmigo la carga se aligera (Mt 11, 30, Domingo XIV Ordinario)

"Caminen a mi lado, dice Jesús, quienes sienten el peso de la carga de la vida, que abruma a lo largo del camino.Yo me unciré a ustedes con un yugo que nos aúne para tirar juntos del carro de la vida. Asi el esfuerzo será llevadero y sentirán que la carga se aligera". (cf Mt 11, 28-30).

Dice el evangelista Juan en su primera carta (1Jn 5,3): Los mandamientos de Dios no deberían suponer una carga.
Habrá, sin embargo, quien piense que algunos mandamientos sí son una carga pesada, hasta insoportable. Por ejemplo, el mandamiento principal del amor parece una exigencia demasiado radical: ¡misión imposible!

Pero el evangelista Juan, el mismo que insiste en que el encargo de Jesús no es una carga, nos lo aclara al registrar para la posteridad las últimas palabras de Jesús en la cena de despedida, el día antes de su crucifixión. El encargo encarecido de Jesús, en aquellas palabras de testamento, fue el que se llama en el evangelio “el mandamiento nuevo”: Quereos mutuamente del mismo modo que yo os he querido.

¿Por qué nuevo? ¿En qué consiste la novedad del encargo de amarse mutuamente? ¿No era ya muy vieja la tradición de ese mandamiento en la Biblia hebrea?

La novedad del "mandamiento nuevo" consiste an amar “del mismo modo”, “como amó Jesús”.“El evangelista, que lo entendió bien, recomendaría no traducir entolé como mandato o mandamiento, sino como encargo entrañabñe, que no debe ser una carga (“sus encargos, entolé, no son un fardo pesado, bareia ouk eisín, como leemos en la carta de Juan: 1 Jn 5, 3).

Es que, en esa frase clave del testamento de Jesús, que proclamamos solemnemente cada Jueves Santo en la Liturgia de la Cena del Señor, es decisiva la expresión adverbial “del mismo modo” (en griego, hopos) .Si no entendemos su significado, nos parecerá imposible amar como Jesús. Pero Juan nos lo aclara: Jesús promete derramar sobre nosotros su Espíritu de Amor que nos haga capaces de amar con el mismo espíritu que Él amó. En vez de un imperativo imposible de cumplir, su encargo es una palabra esperanzadora que anima a amar.

Por eso insiste Juan en que se trata de amar del mismo modo, de la misma manera, con la misma fuerza (energeia y dynamis del Pneuma), del Espíritu de Vida, que actúa en nosotros capacitándonos para amar (Pablo diría "que nos energetiza con su dinamismo desde dentro de nosotros": cf. Col, 1,29). Es la fuerza del Espíritu, que capacita para amar.

Parafraseando al Jesús del cuarto evangelio, podemos escuchar así: “Ustedes, que se sienten incapaces de amar, podrán amar del mismo modo que yo les amé, si dejan pasar a través de ustedes ese espíritu, si se hacen canales que dejen pasar hacia los demás esa corriente de amor. Mi encargo no es una orden imposible (¿cómo se podría imponer, mandar, obligar a amar?); mi encargo es para animarles a amar, para decirles que es posible amar, si lo hacen del mismo modo y con el mismo Espíritu con el que yo lo hice. Y les prometo que voy a derramar en sus entrañas ese Espíritu, para que, con él, puedan amar”... . Sus palabras son una invitación a creer en el amor.

Y a la hora de aplicar este mensaje a la reforma perenne de la institución social eclesiástica, que el Papa Francisco apela a que se convierta en comunidad eclesial de amor, habrá que meditar de nuevo este domingo el encargo evangélico de llevarnos las cargas mutuamente y no imponer cargas.

Dice Jesús, en los evangelios según Mateo y Lucas, a los dirigentes religiosos: no impongan a las personas unas cargas que ustedes mismos no pueden sostener (cf. Mt 23,4; Lc 11, 46). Es una manera de decirles: en vez de aumentar la carga de los que caminan a su lado, ayuden a que disminuya el peso, compartan el esfuerzo de soportar juntos el tirón de la carga. Lo entendió bien Pablo, que transmitía el encargo de Jesús a la comunidad de la Iglesia de Galacia diciéndoles: “Llevaos mutuamente las cargas, ayudaos unos a otros a soportarlas” (Gal 6,5; cf. 1 Co 3, 8 y Mt 16, 27).


Sin vuestro "Amén", no puede haber Corpus Christi

16.06.17 | 15:38. Archivado en Religion y sociedad, Iglesia católica

Sin “Amén”, no hay ”Corpus Christi”

Sin el "Amén" de la ofrenda, la fe y la praxis de la comunidad, no se realiza la transformación eucarística de la vida.

En las reuniones con los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, dedicamos siempre los primeros diez minutos a repasar la lección primera: ¿Qué quiere decir “Amén”? ¿Qué estamos haciendo cuando contestamos diciendo “Amén” al sacerdote que nos muestra en alto la Eucaristía y dice: “Corpus Christi”?

Amén significa: dos cosas 1) “Así es”. 2) “Así sea”

Al contestar: “Así es” estamos haciendo un acto de fe, estamos reconociendo que “así es, como usted dice, que lo que voy a recibir es la vida de Cristo, para que esté El dentro de mí y yo dentro de Él, que Él viva en mí y yo en Él. Amén es la fórmula más corta del Credo, es el resumen, en una sola palabra, de nuestra fe.

Además, al contestar; “Amén”, estamos haciendo una oración, estamos expresando el deseo de “que así sea”, es decir, que yo me convierta en lo que recibo, que me convierta en Cristo y viva como Cristo para dar vida a otras personas. Eso es evangelizar, dice el Papa Francisco, dar vida.

Cuando esos niños y niñas presentan en la procesión de las ofrendas el pan y el vino, les recordamos: “Esto que traéis no es solo pan y vino, el pan y vino representan la vida diaria de vuestras familias, eso es lo que traéis a la misa para que le pidamos a Dios que envíe su Espíritu y lo consagre y transforme y convierta en vida de Cristo para la vida del mundo.

Cuando el sacerdote pronuncie las palabras de Jesús en la última cena, no dirá “Este pan es mi cuerpo”, sino que dirá en nombre de Cristoi: “Esto es mi cuerpo”.

¿Por qué dice “esto”, y no solo “este pan”? Porque lo que consagra no es solamente este pan y este vino, sino todo lo que ese pan y ese vino representan, lo que habéis traído a la misa: vuestra vida (Venís a la misa, dice el Papa Francisco con vuestra vida a cuestas)...

La consagración es la consagración y transformación del pan, del vino, de la comunidad reunida, de sus vidas y trabajos, de sus penas y alegrías etc... Si no venís a misa trayendo y presentando todo eso para que el Espíritu lo consagre y transforme, no hay manera de celebrar efectivamente la Eucaristía (aunque haya pan y vino y sacerdote que pronuncie las palabras de Jesús).

Y si no decís de veras y con toda vuestra vida el “Amén” de la Comunión (Así es, así lo creo y pido que así sea, que me convierta en lo que recibo y que yo viva para dar vida), entonces la Eucaristía queda incompleta. Sin vuestra ofrenda y sin vuestro amén no hay Corpus Christi (porqe las palabras de la consagración no son magia de abracadabra).

Como tampoco hay Corpus Christi efectivo, sin el amén de una comunidad comprometida para transformar el mundo, desarraigar la corrupción, liberar a los oprimidos, acoger a los excluidos y trabajar por la justicia, la paz y el cuidado de toda vida. Sin ese amén no hay Corpus Christi, aunque haya procesiones barrocas, custodias lujosas escandalizantes y políticos de nombre creyentes presidiéndolas con traje de gala.


No tengan miedo a Nuevas Espiritualidades

06.06.17 | 23:12. Archivado en Mística, Religion y sociedad

Sin miedo a nuevas formas de espiritualidad compartida, la comunidad interreligiosa medita y contempla compartiendo liturgia trinitaria.

Sin miedo a compartir inter-religiosamente la búsqueda espiritual, un grupo mixto cristiano-budista se reúne en la Casa de Oración para pasar tres días de Ejercicios corpóreo-espirituales.

Intercambian prácticas de “nuevas formas de espiritualidad” que, en realidad, no son tan nuevas; más bien de arraigo tradicional, como el uso de la memoria, la imaginación y el silencio en la contemplación ignaciana de los misterios evangélicos o en la contemplación icónica budista ante el retablo-mándala de Budas y bodisatvas del espléndido auto sacramental que escenifica el Sutra del Loto.

Para quienes venían de una tradición familiarizada con “los tres cuerpos del Buda”: histórico, glorificado y eterno” no fue difícil sintonizar con la meditación sobre la carta a la iglesia de Éfeso: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesús el Cristo, que, por medio de su Enviado, nos ha bendecido desde el cielo con toda clase de bendiciones del Espíritu.

Para quienes venían de una tradición de fe trinitaria (lejos de terrorismos monoteistas, relativismos politeistas y monismos panteistas) también ha sido fácil sintonizar con la meditación sobre los “tres cuerpos de Buda”, que sugería una manera de expresar en términos de cultura y religiosidad Mahayana lo central de una fe trinitaria en un Misterio Absoluto Único.

Estas experiencias de espiritualidad compartida trans-religiosamente son momentos fuertes de iluminación con Jesús en el Tabor o con Shakamuni en Pico del Águila. Pero, sin plantar tiendas en esas cimas, hay que descender del monte y retornar al camino de la convivencia cotidiana: agápe y dikaiosyne, para proseguir la práctica de la compasión liberadora.


Ante políticas de osario, soplo de vida: Ezequiel vs. Trump

02.06.17 | 07:12. Archivado en Justicia y paz, Iglesia católica

Si Kurosawa y Chaplin levantaran la cabeza... ¿llevarían a la pantalla la reencarnación de la estupidez dictatorial con imágenes de un Trump y un Putin fantasmagorizando patriotismos de siglos pasados?

Si Ezequiel levantara la cabeza... ¿describiría de nuevo en clave de Espíritu de Vida la resurrección de los huesos calcinados?

Ezequiel 37 es el pasaje más impresionante sobre la fuerza de huracán de la Ruah en toda la Biblia hebrea. Buena falta nos hace... Lo releeré para la homilía de Pentecostés de este año, aunque no toque en la liturgia, programada en abstracto.

La comunidad particular y la comunidad mundial necesitan repostar combustible espiritual. Anímicamente decaídas, políticamente despiezadas y espiritualmente en plena sequía, tanto la comunidad particular como la mundial necesitan más que nunca el soplo del Espíritu de Vida, admirablemente escenificado en este auto sacramental de los huesos calcinados y danza de vida que concibió Ezequiel por obra del mismo Espíritu.

A algunos predicadores decimonónicos, que criticaban la cremación, les gustaba aplicar literalmente la parábola de Ezequiel a la resurrección en el último día; hablaban de “reunirse las almas con los mismos cuerpos que tuvieron”. Pero el simbolismo del profeta no es de biología o anatomía, ni de escolasticismos de cuerpo y alma, sino expresión de la resurrección corporativa del pueblo por obra del Espíritu. Estamos ante el pasaje en que con más fuerza destaca en todo el Primer Testamento la Presemcia vivificadora de la Ruah, que anima al pueblo fiel con la promesa de la fidelidad divina resucitadora.

Ezequiel, poeta y profeta, pintó con trazos fuertes el espectáculo desolador político-religioso del pueblo y sus dirigentes, pero anunció la restauración de la vida tras la sequía de muerte espiritual.

Ezequiel juega doblemente con las palabras sobre la Ruah, en los versículos primero y último (Ez 37, 1-14) de la escena: el Espíritu del Señor sopla en su interior contemplativo y le abre los ojos para ver la escena en la que ese mismo Espíritu, activo en la historia, sopla arrasador como un tifón sobre el osario entero y lo convierte en una pista inmensa para la danza de la vida.

Ante el decaimiento anímico del pueblo desilusionado, el desmoronamiento del sistema político decepcionante y la sequía que agosta el campo religioso-espiritual deshidratado, el soplo del Espíritu proclama: “Como huesos secos no debéis quedar, como huesos aireados podéis revivir”. A lo que el osario entero responde a coro: “Podemos, podemos, aleluya”.

La Ruah hace revivir todo un pueblo entero de huesos calcinados, que se tornan danza viviente. Contrastan los “huesos secos y esperanza disipada” (v.11) con el papel del Espíritu Resucitador. La Ruah, que se deja escuchar en la interioridad contemplativa del profeta-poeta, es la misma que sopla vivificante sobre el mar de huesos secos y lo convierte en sinfonía danzante de vida.

Ezequiel ve que el pueblo entero, la Casa de Israel, se encuentra en estado anímico deprimente, “con los huesos secos y la esperanza disipada”(v.11). Pero el mismo Espíritu será el ejecutor de la transformación de esa situación, para que revivan restaurados en su tierra“ (cf. vv.11-14).

Nos llevaría muy lejos, hay que abreviarlo aquí, el contraste con la crítica de Ezequiel a los malos pastores y al liderazgo pervertido de sus dirigentes políticos y religiosos)

Así como los “huesos triturados” del penitente se tornan, en el salmo 51, “regocijo de salvación” gracias al espíritu nuevo de vida y a la creatividad del perdón, también en Ezequiel el Espíritu de Vida, que cambia corazones de piedra en corazones nuevos, inyecta esperanza para superar el desánimo psicológico, el desmoronamiento político y el enflaquecimiento religioso del pueblo

En medio de la perplejidad política ante la situación internacional en estos días, la celebración del Domingo de Pentecostés nos invitará a releer con esperanza el libro de Ezequiel y... a recomendar a los dirigentes políticos que lo mediten, siquiera sea unos minutos...


En la Pietá, el Descendimiento es Ascensión

22.05.17 | 02:17. Archivado en Mística, Iglesia católica

En la asignatura transversal sobre Arte y Teología, una pregunta con trampa desconcertó al alumnado interdisciplinar.
Pregunta el profesor: “Si Pilatos, cincuenta días después de la tragedia del Gólgota, manda abrir la tumba de Jesús y encuentran un cadáver en putrefacción, ¿que problema crearía este testimonio contra la predicación sobre el resucitado?

Un alumno de teología, fundamentalista y timorato, responde: “No era el cadáver de Jesús, sino otro que habían colocado allí por orden del consejo de ancianos. Fueron los mismos sobornados por los principales sacerdotes para extender el rumor de que los discípulos robaron el cadáver de Jesús, como se cuenta en Mt 28, 11-15”.

Otro alumno de filosofía, incrédulo y cientificista, responde: “Ese descubrimiento desmonta el argumento de la tumba vacía. Hoy se confirmaría con la prueba del ADN”.

Una alumna de informática, abriendo en su celular la aplicación “túnel del tiempo", responde; “La foto de la tumba está manipulada. En el twitter siguiente, vemos una instantánea del despegue de la Ascensión, en cohete hacia las nubes, vale para refutar la foto del cadáver en la tumba”.

Otra alumna, de estética y bellas artes, se gana sobresaliente respondiendo así : “Aunque el ADN confirmase que el cadáver es de Jesús, eso no niega la resurrección. Como tampoco niega la resurrección el hecho palpable del cadáver de Jesús sobre el regazo de María en la escena del Descendimiento. Si el momento de la muerte es el mismo de la resurrección, el hecho del cadáver es compatible con la realidad del Viviente. Lo comprendió genialmente Miguel Ángel al representar a la madre contemplando en los restos del crucificado la Presencia de El Que Vive”.

Tenía razón esta alumna, acreedora de Premio extraordinario. Efectivamente, la Piedad de Miguel Ángel es imagen dinámica de Ascensión, como el Cristo de Velázquez es icono sereno de Resurrección.

Haciendo búsqueda de imágenes en la historia del arte, hallaremos otras diferentes. Por ejemplo, la que vemos en la catedral de Notre Dame tiene más de Angustias que de Consuelo. Está con los brazos abiertos en cruz y la mirada hacia el cielo, como si clamase: “¿Por qué le han hecho esto? ¿Por qué nos has hecho esto, Dios mío? ¿Por qué has dejado que le hicieran esto?” Y el cadáver del crucificado, dejándose caer en diagonal hacia el suelo, anticipa un cierre de la tumba sin retorno.

Otras imágenes medievales representan el Descendiemiento con una postura de María inclinada en un abrazo hacia el cadáver del hijo, como cuando lo acunaba hace más de treinta años, pero ahora la sonrisa que amamanta se torna llanto desconsolado.

Por el contrario, la escultura de Miguel Ángel no es Dolorosa, ni Angustias, ni Soledad, sino Piedad de Fe que alumbra Compasión.

Por eso el cuerpo muerto no es trágico, rígido y violentado, sino plácido, sereno y apolíneo, como el Cristo de Velázquez. Por eso la madre no protesta dolorosa hacia las nubes, ni se inclina desconsolada ante el hijo muerto, sino conserva la misma verticalidad con que estaba, stabat mater, de pie ante la cruz. Ahora sigue enhiesta contemplando con fe, no un cadáver, sino un viviente. Su serenidad apacible puede competir con las mejores esculturas orientales de meditación iluminada, a la vez que de su lucidez nace una compasión ilimitada sugerida en el ademán inefable del rostro, ligeramente inclinado para identificar su mirada con los ojos, a la vez cerrados y abiertos, de El Crucificado que Vive.

Al contemplar el Descendimiento como Ascensión, nuestra mirada recorre el cuerpo de Jesús desde los pies a la cabeza. Superado el ángulo recto de la rodilla, único residuo de rigidez mortal, comienza una curva elegante de ascensión hasta la cima y, al cruzarse con la verticalidad de la madre, columna y torre ebúrnea, configura una cruz, que ya no es patíbulo, sino sede gloriosa.

Definitivamente, esta Piedad de Miguel Ángel y el Cristo de Velázquez son para mí las mejores imágenes de Resurrección y Ascensión.

Unamuno no habría logrado la maravilla del poema al Cristo de Velázquez
, si lo hubiera compuesto ante la imagen del Cristo Yacente de Santa Clara, al que en otra ocasión dedicó terribles versos...”. Pero para contemplar la blancura serena de La Pietá como reflejo de la Ascensión del hijo y anticipo de la Asunción de la madre, me ayuda la inspiración unamuniana:

Eres Tú de los muertos primogénito,
Tú el fruto, por la Muerte ya maduro,
del árbol de la vida que no acaba...

Eres Tú, la Verdad que con su muerte,
resurrección al fin, nos vivifica


Lázaro, muerto y vivo; sepultado y resucitado

28.04.17 | 15:24. Archivado en Mística, Iglesia católica

Resurrección sin tumbas vacías

Lázaro, como Jesús, muerto y vivo; sepultado y resucitado. “Lázaro, sal fuera” (Jn 11, 43), dijo Jesús. Es decir: “Sal fuera de este mundo y vive resucitado en la vida de Dios”. Lázaro no sale físicamente de la tumba. Siguen estando allí sus restos, ya en putrefacción quatriduana. Al mismo tiempo, su cuerpo-alma-glorioso, su persona transformada (vita mutatur, non tollitur!) está viviendo resucitada en la Vida de la vida. La Resurrección no necesita tumbas vacías. Ni una tumba llena niega la resurrección, ni una tumba vacía la prueba.

Es lo mismo que ocurre en la escena del Descendimiento: Jesús, ya cadáver, reposa en brazos de su madre. María ve con los ojos del cuerpo los restos de lo que fue cuerpo, persona y vida de su hijo. Al mismo tiempo contempla con ojos de fe la presencia de El Que Vive. (Por eso son tan genialmente serenas, con paz de éxtasis, la Piedad de Miguel Ángel y el Cristo de Velázquez, pintura y escultura no de muerte, sino de resurrección).

El momento de la muerte es el mismo de la resurrección y es el mismo de entregarnos su Espíritu
(Jn 19, 30) , no hay que esperar tres días ni treinta tres...

También en la cena del capítulo 12 está presente Lázaro, pero... ¿de qué manera está presente, si ya murió? Está “de cuerpo presente”, porque aunque sigan pudriéndose sus restos en la tumba, los que creen que Jesús es la Resurrección y la Vida, creen que cuando Jesús está en medio de ellos, los que murieron y viven en la Vida de Dios están allí con ellos, “de cuerpo presente” (Si nos diéramos cuenta, al celebrar la eucaristía con los difuntos, de la hondura de esta expresión: están de verdad “de cuerpo presente”...!!! Merece celebrarse la eucaristía como acción de gracias por su vida y confesión de nuestra fe en la Vida de la vida).

Cuando escribí el post sobre la resurrección de Lázaro (muerto y vivo), leida en clave simbólica como escenificación del mensaje de Jesús: Yo soy la Resurreción y la Vida, recibí comentarios como los siguientes

(Ver el post de 29, 3, 2017: “Dejad que Lñazaro se marche dignamente hacia la Vida, http://blogs.periodistadigital.com/convivencia-de-religiones.php ).

>> Sigue...


Todo se cumplió, pero... queda mucho por hacer

03.04.17 | 08:07. Archivado en Francisco, Iglesia católica

Viernes Santo. Jesús muere gritando: no está todo consumado, os paso el testigo y entrego el Espíritu

En un twitter sedicente “anti-bergogliano”, leo que se alegran desde la oposición al Papa, diciendo así: “No le va a dar tiempo a su reforma, vendrá después un Juan Pablo III que haga volver la riada al cauce”.

En un blog digital de entusiastas de la primavera de Francisco, leo que se lamentan animados por su carisma, quienes dicen así: “Qué lástima, le va a faltar tiempo para culminar las reformas. Tememos que venga después otra vez la restauración ratzingeriana”.

Los anti-bergoglianos se alegrarían de que a Francisco no le de tiempo a consumar la tarea. Los pro-Francisco se impacientan temerosos de que no le de tiempo para decir consummatum est.

Unos y otros necesitarán (necesitaremos) meditar en Semana Santa el sentido exacto del Consummatum est: Todo está cumplido, sí, mas... no todo está consumado, puesto que aún queda mucho por hacer.

Pienso que a Francisco (que tanto repite lo de la prioridad del tiempo largo de discernimiento, más que el control de los espacios de poder) no le preocupa ninguna de estas dos voces (enemigas por defecto o amigas por exceso) sobre la falta de tiempo; ni le inquieta la voz de quienes desean acelerar su final, ni le seduce la de los que le desean larga vida.
Quien ha meditado y predicado, como Francisco, durante muchos años la tercera semana de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio: Pasión de Cristo, confórtame, conoce bien el tema: A Jesús no le dio tiempo, a Jesús se le quedó mucho, o casi todo, por hacer. Jesús muere quedándosele tantas cosas pendientes...

Aunque su muerte-resurrección consuma la obra de la salvación, Jesús muere encargando a sus seguidores la realización en la historia de la misión para la que les entrega su Espíritu al expirar.

Dos gritos estentóreos de Jesús al agonizar y expirar. Grita como fuera de sí. Un grito de queja y un grito de victoria.
Un primer grito que protesta: “¿Hasta cuándo, Padre, hasta cuándo? ¿Por qué, Abba, por qué? ¿Por qué a mí? ¿Por qué de este modo? Es el grito de Job. Es nuestro grito, cuando creemos en Dios, no porque resuelva el mal, sino a pesar de que se calla y no lo resuelve como quisiéramos. Es un grito de queja, fuera de sí ante lo insoportable del silencio de Abba.
Y, a continuación, otro grito, el de quien muere “expulsando el último aliento”, “expeliendo (en griego eksepneusen) su espíritu, su pneuma, entregando su espíritu a Abba y entregándonos su Espíritu para que nos haga vivir, dándones la fe en la resurrección como morir hacia la Vida.

Si el primer grito era el desesperado: “¿hasta cuándo, por qué?, el segundo grito es el que clama: “¡Por fin! ¡Al fin!”. Por fin se llega a un fin que es un comienzo. Aunque al crucificado se le quede todo por hacer en esta vida, su vida y misión sin terminar, sin embargo “todo está consumado y realizado”, no hay que añorar pasados nsotálgicos ni soñar futuros idealizados. Es el “hoy” del Presente de la Vida. Es la entrada en la otra cara del presente: ya no hay engaño de muerte y vida, sino vida verdadera resucitada. Muerte, resurrección y ascensión son todo uno en el Pentecostés del triunfo del Espíritu.

Acostumbrados a la traducción de la Vulgata latina, consummatum est: “todo está consumado” (Jn 19, 30), quizás pasa inadvertido el doble sentido tan rico de esa expresión: ya está cumplido y ya está entregado. Por una parte, Jesús muere demasiado pronto, quedándosele tantas cosas por hacer, tantas palabras que decir, tantos abrazos que dar... en el momento de morir hacia la Vida. Por otra parte, la continuación de su obra y la realización del Reinado de Dios está totalmente entregada en manos de la comunidad que se reunirá por su Espíritu. A ella le entrega el Espíritu al expirar el último aliento del suyo, que es el primero de la constitución de su iglesia por el Espíritu. Esta entrega, dramatizada en el brote de sangre y agua del costado abierto, es recibida por Juan y Magdalena, primera comunidad eclesial, amparada por la Madre de Jesús, la Piedad del Descendimiento, que se convierte en Madre de la Iglesia.

Jesús murió quedándosele mucho por hacer, pero su muerte no es una derrota, porque lo principal está cumplido y entregado. La garantía de su continuidad es su propio espíritu, entregado y vivo como Espíritu de Vida del Resucitado. Por eso pudo morir, por una parte, inclinando la cabeza (Jn 19, 30) y, por otra parte, puede morr gritando (Lc 23, 46 Mc 15, 37 Mt 27, 50). Muere gritando un grito de victoria, porque morir es salir fuera de sí para extenderse a todo, es salir de sí para entrar definitivamente en el misterio de la Vida. Morir es resucitar: no como re-vivir, sino como vivir plenamente y de veras en la vida de la Vida.

>> Sigue...


Dejad que Lázaro se marche dignamente hacia la Vida

29.03.17 | 17:53. Archivado en Bioética, Eutanasia, Iglesia católica

No pensaba escribir una vez más sobre Lázaro (quinto Domingo de Cuaresma), para no abusar de repeticiones hermenéuticas. Pero veo que todavía abundan las lecturas literales que confunden la resurrección con el revivir. Lázaro no revive, no vuelve a esta vida, sino sale de esta vida hacia la Vida, es un éxodo hacia la verdadera vida (cf. J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, p. 518)

Tampoco pensaba escribir una vez más sobre la dignidad en el morir, sobre el respeto a la dignidad de la persona moribunda durante y a lo largo de todo el proceso de morir. Pero veo que no desaparecen los malentendidos en los debates de proyectos legislativos sobre limitación o regulación de los esfuerzos terapéuticos y el uso de los recursos paliativos y sedación; todavía no desaparece la confusión entre un “buen morir, digno y justo” y un “mal morir, sin respetar la dignidad y autonomía de la persona paciente”. (cf. Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp.123-162).

Curiosa coincidencia en torno a estos dos temas: las mismas mentalidades que se escandalizaron cuando apoyé el rechazo de Inmaculada Echeverría a la respiración asistida (2007) o el uso responsable de la sedación terminal por el doctor Montes en el Severo Ochoa (2005) o la ley andaluza sobre Derechos y garantías de la persona en el proceso de morir (2010), esas mismas personas se escandalizaron cuando comenté (en Religión Digital, 6 abril, 2015)la palabra clave de la perícopa sobre la muerte( y éxodo hacia la vida de Lázaron en el evangelio según Juan (Jn 11, 44).

En un caso, falta de fe en la resurrección; en otro caso, falta de respeto a la dignidad personal. Y en ambas casos, falta, sobre todo, de crítica, de hermenéutica y de esperanza.

Reavivaré aquí la reflexión sobre Jn 11, 44: dejadlo que se marche. Quédese para el siguiente post la reflexión sobre el buen morir, que no se indigeste la consumición de ambos platos en el mismo menú...

¿Nos damos cuenta de que el versículo 44 sugiere el sentido de: Dejadlo irse más allá, dejadlo irse hacia la Vida de la vida?

“Jesús gritó muy fuerte: -¡Lázaro, sal fuera de este mundo! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: -Desatadlo y no lo retengáis, dejadlo que se marche junto a Abba...

La mentalidad dualista no sale de la disyuntiva entre literalidad y ficción. Por eso le cuesta tanto comprender los evangelios. El lenguaje religioso es cien por cien simbólico. Sin sensibilidad para la creatividad mitopoética es imposible dejarse transformar por la relectura evangélica. Pero el problema se remonta a la escuela elemental: aprender a leer, releer e interpretar.

Releamos, por tanto, y reinterpretemos recreando la narración a la luz de las palabras de Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida.

“Dejadlo irse, dejadlo que se marche”: es la palabra que Juan pone en labios de Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11, 44). Lázaro no resucita de la tumba para volver a esta vida. Este episodio del evangelio según Juan no es un milagro de resurrección, sino la puesta en escena del mensaje de Jesús: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11, 25). Si Lázaro saliera vivo de la tumba, lo normal sería que los familiares se precipitaran a abrazarlo, darle algo de comer y beber o ponerle ropa de abrigo.

En una escena así parece que no es apropiado decir: “Dejadlo que se marche” (A menos que la relectura se tome la libertad de traducir libremente: “Dejadlo marcharse de este mundo”). Parece que no cuadra el guion con esa escena. Para entenderla hay que darse cuenta de que no se trata de una salida de la tumba para volver a esta vida. Jesús, que ha levantado los ojos al cielo, mira ahora fijamente a la tumba donde sigue estando el cadáver. Sabe Jesús que no es ese el lugar de buscar entre los muertos a quien va a vivir desde ahora en el seno de la vida divina; “sal fuera” no es “sal fuera de la tumba”, sino “sal de esta vida y entra en la vida de Abba”.

“Dejadlo ir (Jn 11, 44)” significaría: “Dejadlo que siga atravesando la muerte para entrar en la vida. Lázaro no está donde están sus restos. Lázaro está ascendiendo a Abba. Dejadlo morir hacia el Padre”.

Si fuera hoy día, en un telefilme, el evangelista habría hecho un montaje muy bueno para su guión. Imaginemos la figura blanca de Lázaro envuelto en un sudario que se va convirtiendo en túnica gloriosa a medida que asciende y se pierde en las alturas, yéndose a lo lejos la imagen difuminada. Cambia la cámara a una panorámica de los familiares entristecidos que extienden sus manos como queriendo retenerle. Se escucha una voz en off que repite las palabras de Jesús a Magdalena en la mañana de resurrección: “No me retengas.” “Me voy hacia mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios” (Jn 17, 20).

De nuevo un primer plano de Jesús, rostro sereno, mirando alternativamente al interior de la tumba y a lo alto de los cielos. Y repite Jesús: “Dejadlo ir, dejadlo y no queráis retenerlo aquí en este mundo con vosotros. Dejadlo morir hacia la vida. No busquemos entre muertos a quien vive”.


Obispos japoneses con Amoris laetitia (antes y después)

13.03.17 | 05:31. Archivado en Japón, Iglesia católica

Lo dijeron en 2001. Lo repiten en 2017.

(Antes, en y después de dada a luz Amoris laetitia.

“Cuando, tras lamentar un divorcio, se produce el encuentro con una nueva pareja, la iglesia ha de estar cercana y acogedora para apoyar a los cónyuges que emprenden un nuevo camino para rehacer su vida. La iglesia, que les acompañó con corazón de madre durante el recorrido de preparación prematrimonial, desea seguir acompañándoles en el nuevo camino y estar cercana como comunidad con la que consulten sus pesares y ansiedades. Es misión de la iglesia proporcionar nueva luz y esperanza,acogiendo a cualquier persona sin excluirla, sea cual fuere su pasado”.

Estas palabras, corroboradas por una cita del n. 242 de Amoris laetitia, son el colofón de los párrafos dedicados al amor, matrimonio y divorcio, en la carta pastoral Mirada de Dios sobre la vida (en japonés, Inochi he no manazashi) , publicada al comienzo de esta Cuaresma de 2017 por el episcopado japonés, que la firmó por total unanimidad el 1 de enero de 2017, Jornada mundial por la paz.

No es la primera vez que lo afirman. En realidad, esta carta pastoral es una reedición, en versión corregida, aumentada y actualizada, de la que, con el mismo título, hicieron pública en 2001 para tratar a comienzo del nuevo milenio las cuestiones del amor, la familia y la ética de la vida.

(Una presentación de aquella carta pastora, en: Homenaje a Javier Gafo, por la Catedra de Bioética de la UPComillas, 2002, "Boética y fe según el episcopado japonés", pp.947-958)

Aquella carta, en la que adoptaban una postura positiva, acogedora y abierta, a la vez que responsable, ante las cuestiones de sexualidad, bioética, natalidad, etc, se difundió con diez reimpresiones y diez mil ejemplares durante la primera década del siglo, algo inédito e inaudito en el caso de documentos oficiales del episcopado en este país...

En la versión actual reiteran lo que dijeron entonces sobre familia o sobre ecología, pero ahora lo hacen citando al Papa Francisco en Laudato si y Amoris laetitia.

El cardenal Shirayanagi (q.e.p.d, de agradecida memoria) fue uno de los pocos obispos que se atrevió a pedir, en el Sínodo sobre la familia, de 1980, alguna de las reformas hoy favorecidas por el Sínodo de 2015 y por el Papa Francisco, pero que solo tuvieron un eco tímido y minimalista en el n. 84 de Familiaris consortio (Juan Pablo II), obsesionado con la cuestión de la participación en los sacramentos (un pseudoproblema superado hace tiempo en la práctica pastoral, y hoy al fin superado en la enseñanza oficial eclesiástica después del último Sínodo).

Los obispos japoneses, en la versión de 2017, reiteran una de las afirmaciones más fuertes de su carta del 2001 (la novedad es que lo hacen citando a pie de página los nn. 242 y 299 de Amoris laetitia) :

Su preocupación pastoral como obispos les lleva a decir así, sin tapujos:

"Nosotros tenemos que reconocer, arrepintiéndonos, que la iglesia se ha venido comportando hasta hace poco más bien como juez que como madre, por lo que se refiere a las personas que no han podido salvar su matrimonio. Pero hoy pensamos que se debe acoger y abrazar cálidamente, como hizo Jesucristo, el sufrimiento de las personas, y que debemos apoyarlas y animarlas, acompañándolas en el camino para rehacer de nuevo su vida”. (n. 34, pag. 61 del texto oficial japonés)


Miércoles, 16 de agosto

BUSCAR

Editado por

Síguenos

Hemeroteca

Agosto 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031