Setsuko reconoce que alguna vez ha probado la comida norteamericana -"me gustó mucho"-, pero no se ha decidido a incluirla en su dieta; sin embargo, Matsu afirma tajante: "Las patatas fritas y las hamburguesas no son para mí".
Cerca de ellas vive Teru Kinjo, de 86 años y madre de cinco hijos. Ella confía en llegar a los 105, "la edad que ha cumplido ya mi suegra, aunque en un hospital".
Teru se levanta cada día a las cinco y, después del desayuno, pasea por el vecindario para visitar a sus amigas, cuida su huerto y hace bashofu, un tejido típico de Okinawa, el más antiguo de la isla, que se cree que tiene su origen en el siglo XIII. Al mediodía, cocina y come, para luego echarse una siesta "de dos o tres horas"; por la tarde vuelve a trabajar en el huerto y en el telar; cena y se acuesta pronto, "a las nueve". "Estoy bien. Muy sana porque soy libre. Nada limita mi pensamiento ni mi libertad, hago lo que quiero cuando quiero", asevera serena y sonriente desde el suelo, donde recibe a las periodistas sentada tejiendo en su taller de madera, colindante con su casa.
En la zona, Hatsue Yoshimana, de 85 años y madre de tres hijos, es conocida por sus habilidades culinarias, que le han llevado a crear un delicioso mochi, un pastelito japonés de arroz. La mermelada de flores es otra de las especialidades de esta mujer, que se felicita de "no necesitar comprar casi nada, pues la mayoría de mis alimentos los cultivo en mi huerto". Explica que no coge ni un resfriado y que visita al médico "sólo una vez al año" y únicamente para que le controle una incipiente osteoporosis, que no le impide ir a todas partes en bicicleta o andando.
Las estadísticas no dejan lugar a dudas. Ogimi, de 3.500 habitantes, de los cuales unos noventa cuentan 100 o más años, registra la mayor concentración de centenarios del mundo, según datos de 2006 del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón. Las mujeres viven aquí un promedio de 86 años; los hombres, 79. Los problemas cardiovasculares son escasos, y el índice de infartos, cáncer de mama y de próstata se sitúa muy por debajo de la media nacional. El informe se basa en datos fiables, ya que en cada ciudad, pueblo y aldea de Japón se inscriben los nacimientos, bodas y fallecimientos en un koseki, o registro familiar, desde finales del siglo XIX, que se completa con un censo regular que se efectúa cada cinco años.
Ogimi se encuentra al norte de Okinawa, la prefectura más austral de Japón, integrada por 160 islas de las que 44 están habitadas por 1,3 millones de personas. La zona da a las aguas del Pacífico, que en esa parte recibe el nombre de mar de China Oriental; la selva subtropical cubre tres cuartas partes del pueblo, por el que corren ríos y arroyos, origen de un medio ambiente rico en biodiversidad. A los pies de esas frondosas colinas se extienden los numerosos huertos que cuidan sus venerables propietarios.
Domingo, 22 de noviembre
Juan Luis Recio
Pedro Antonio Martín
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Salud
Silvia Cañella
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