(Prof Iñaki Piñuel).- Que paren el mundo, que me apeo. Tal parece ser el grito de muchas personas para las que vivir en semejante mundo y aclimatarse a él, es cada vez algo más heroico. Padres y madres dimisionarios, parejas dimisionarias, y ciudadanos dimisionarios, son los que a diario, y no pudiendo más con sus respectivos roles sociales, deciden tirar la toalla y permanecer “de cuerpo presente pero de mente ausente”, de manera vegetativa, tan solo a titulo aparente, externo y nominal.
El mundo del trabajo no es ajeno a las dimisiones psicológicas interiores que conocen según nuestros datos cada vez más trabajadores.
Un 38 % de los trabajadores están expuestos a alguno de los llamados riesgos psicosociales en el trabajo (Estrés, Burnout o Mobbing).
La creciente incidencia de estos riesgos psicosociales da cuenta de cómo muchos trabajos se han vuelto lugares emocionalmente insoportables, en lo que, ni siquiera la perspectiva de ganarse la vida o llegar meramente a fin de mes siendo un mileurista, permite al trabajador justificarse para permanecer ni un segundo más en el que se ha transformado para ellos en un “potro de tortura”.
La alternativa, imposible para muchos, de abandonar su trabajo para encontrar uno mejor, conduce a una legión de dimisionarios internos que abunda en las organizaciones a modo de una “silenciosa y ausente” presencia que no hemos terminado de asumir todavía como propia de nuestro tiempo.
El desapego emocional en el desempeño de estos trabajadores es una reacción de daño y no la mera consecuencia de un déficit actitudinal, una falta de resiliencia o una carencia de “inteligencia emocional”.
La otrora denominada “alienación en el trabajo” ha adoptado la forma moderna de un cuadro de abandonismo psicológico del propio trabajo que consiste básicamente en ponerse una especie de traje de neopreno emocional para evitar que nada le afecte a uno.
En cada vez más tipos de trabajos se respira una atmósfera social tan tóxica psicosocialmente que, en muchas ocasiones, los trabajadores huyen hacia adentro adoptando ante el sufrimiento que les genera ese ambiente irrespirable, una auténtica desconexión emocional respecto a si mismos, respecto al trabajo, y respecto a los demás.
Un fenómeno que los psicólogos que lo estudiamos hemos denominado la Dimisión Interior.
La mayoría de los estudios aluden a que suelen ser los años de exposición a riesgos laborales de tipo psicosocial, que no son evaluados ni aún menos son objeto de prevención alguna y que mayoritariamente el propio trabajador no identifica como tales, los que provocan la aparición de este daño que se da en llamar la dimisión interior.
La dimisión interior por tanto no es el resultado de un déficit en la actitud de personas vagas, perezosas, incompetentes, o indolentes, sino que se configura como una auténtica reacción de daño en la que la mente automáticamente y para preservarse de un daño mayor, elige desconectarse a todos los niveles del propio trabajo. En ese sentido los trabajadores dimisionarios interiores son auténticas víctimas. Arrebatarles dicho status, no solo es falso sino que resulta a la postre en una victimización secundaria.
Me parece ke lo ke se dice es realmente es verdadera cierto a muchisima gente ke conzco le ha sucedido y la verdad lo han pasado muy mal,ahora conrespecto al darse cuenta es un cuento muy personal , ke a veces no ocurre y la persona llega a enfermarse .
Hay una situación que puede compararse al trabajo y que, rara vez, los que la sufren pueden mencionar por los condicionamientos y justificantes ideológicos que llenan las mentes de los religiosos católicos. Muchos de los que abandonan los claustros se ven precisados a retirarse por el mal trato de parte de superiores que, además de sufrir taras y obsesiones sexuales, agreden a súbditos en los que ven continuamente faltas sexuales sin que realmente lo sean. La agresión va directamente por la acusación ante los superiores mayores, los cuales , sin criterios, las aceptan como verdad. Algunas de las agresiones surgen a causa de modos de pensar que fácilmente los superiores o los hermanos juzgan heréticas. Esto trae, como consecuencia, el colgar sanbenitos a las víctimas tratándolos con desprecio y en casos hasta con no hablarles. Esta situación llega a ser insoportable, y no tiene visos de cambiar, pues la justificación de que no son aptos llena estos ambientes. Es campo de investigación.
Domingo, 23 de noviembre
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