(PD).- España parecía blindada frente a esa peligrosa epidemia de «vacas locas» que empezaba a afectar al Reino Unido. Desde que se identificaron las primeras reses con encefalopatía espongiforme bovina en los años 80, no se había detectado en España ningún caso de transmisión humana.
Aunque la lista de afectados crecía, poco a poco, en Gran Bretaña, Francia, Irlanda, Portugal o Estados Unidos.
Escribe H. Ramírez de Castro en ABC que la enfermedad sí se había extendido con rapidez entre el ganado español y no parecía que el siguiente paso en la cadena fuera la población, como había ocurrido en otros países europeos.
Hasta que en verano de 2005 se anunció la primera muerte: una joven madrileña de 26 años. María no había vivivido un tiempo significativo fuera de España, ni recibido transfusiones. Lo único que la relacionaba con la enfermedad era su gusto por las hamburguesas y su trabajo en un laboratorio de sanidad animal.
El Ministerio de Sanidad se apresuró a calificar su caso como un hecho «aislado». «No existe un problema de salud pública... Este caso no tendrá repercusión posterior», afirmó entonces la ministra Elena Salgado. También lo pensaban algunos expertos. Hasta que el lunes pasado, tres años después de la primera muerte, la Junta de Castilla y León anunció dos casos más en su territorio. Los dos en provincia de León.
¿Pura casualidad o una señal de que algo ha cambiado?
Sábado, 2 de junio
Juan Luis Recio
Jorge Gómez Alcalá
Pedro Antonio Martín
Juan Antonio Reig
Ricardo J. Nieto
Nicolás Ruiz Humanes
Periodista Digital
Silvia Cañella
Enrique Romero Aguilar
Soc. Esp. de Medicina de Familia y Comunitaria| Junio 2012 | ||||||
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