
12.10.07 @ 10:28:16. Archivado en Filosofía
La unidad frente al terrorismo se ha convertido en palabra que suelen pronunciar todos los dirigentes democráticos, unos por verdadera creencia y otros por necesidad de lo que representan y han jurado. Lo nefasto es que esa voz hoy en España, más tímida que animosa, también tiene diversas tonalidades y timbres. Algunas no pasan de ser un mero murmullo, cuando las circunstancias exigen un verbo claro y hondo. Ya se sabe, por los años vividos haciendo historia humana, que una nación sumisa, atrapada por el miedo, sin habla, es una nación entregada a la ciega locura, que camina sin ojos y sin brazos. Conviene recordar que sólo en una nación de ciudadanos sinceros es posible la unión. Tomen lección aquellos que concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular, y aplíquenla en su diario de vida ciudadana.
Ya me dirán qué libertad es esa, qué para hacer política en una parte de España haya que llevar escolta. Fruto de este desbarajuste de transmisiones, tan desconcertante como disgregante, de dicciones a media voz, de decir y desdecirse, de ahora hacer cumplir la ley y mañana no, las instituciones del Estado español se han debilitado como nunca, en parte, porque la ley de leyes ha dejado de ser gramática de uso común en las diversas nacionalidades y regiones, además de ser de obligado cumplimiento.
La desunión nacional es tan evidente que el doce de octubre puede ser un buen día, ha de serlo por encima de todas las discrepancias políticas, para que la voz del pueblo tome nuevamente el valor democrático que le pertenece, pues de él emanan todos sus poderes, y lo haga con las más jubilosas fonéticas castellanas que todos los españoles tienen el deber de conocer y usar, bajo la gozosa fiesta de la palabra, que no es otra, que el gozo de celebrar todos a una que somos nación y que nos alegremos de serlo, bajo ese carácter hispano que nos identifica y universaliza, abiertos a todas las razas y culturas.
El terrorismo impone su agenda cuando sabe que las instituciones del Estado están fragmentadas como acontece actualmente. Por eso, pienso, que a la sombra de la fiesta nacional, se puede alzar una voz más auténtica de unidad. En realidad, conmemoramos el carácter genérico de todos los pueblos de lengua y cultura españolas unidos. Un buen espejo para ver otros horizontes. Téngase en cuenta, que la unidad es motor de diversidad, y la diversidad en la unidad ley natural. Sin duda, una acertada ocasión para propiciar encuentros de reflexión, cooperación y diálogo entre demócratas, con el fin de superar el miedo que incriminan los sembradores del terror y construir una coexistencia española más libre y menos violenta. Como dijo una voz agustiniana en otro tiempo: “En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad”. Bajo idéntica estela, yo también proclamo en voz alta la hispana libertad de pensamiento en la cuota ciudadana que me corresponde, y no diré que muera el que no piense como yo porque no es mi estilo; pero, por favor, que al menos nadie embista sin pensar.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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06.10.07 @ 13:05:45. Archivado en Filosofía
Hay amores que viven en nosotros
y por la voz nos reconocen,
somos como somos,
la forma de ser que el corazón vierte.
El que no tiene carácter es una piedra
con movimiento de estatua ciega,
que nada es y nada revela,
donde no cabe la vida ni el sueño.
Porque es necesario el temple firme
para hacer frente a las desengaños,
el ardor guerrero del sol
y el arranque de la aurora sobre la noche,
levanto mi voz con la grafía del mar.
El mar en su bravura y mesura,
con la audacia que mueve el aire sus brazos,
nos propone ser jinetes de ojos abiertos
antes de que la burla nos desfigure
la personalidad con un cincel en el pecho.
Y para siempre nos duela la carne del alma
por haber sido corchos en una sociedad
que rubrica sus derechos de propiedad
a su manera, que no tiene porque ser la mía.
Hay que dejar al hombre ser hombre,
que el hombre sea amante de sí mismo,
que se cultive en el hábito de quererse
para querer y, así cautivo, liberarse de mundo,
de un mundo de cosas que esclavizan.
Nos hace falta sembrar energías puras
para recoger esencias y coger los estribos del ser.
De un ser reencontrado a su especie y a su modo.
Dejar, pues, que el singular atributo de la letra,
con distintivo de género humano, trace sus pasos.
Es un buen signo de hacer camino,
cada cual con los suyos y los suyos con los demás,
respetando los andares de uno en uno, todos unidos.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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23.09.07 @ 00:24:29. Archivado en Filosofía
Pensamos que la vida es más vida con poder,
y el poder es una escalera de deberes,
donde el deber primero es amar el amor,
el primer paso en la pirámide de la existencia.
Creemos que la vida es un beso interminable
que nos merecemos, y, cuando nos damos cuenta,
se nos ha ido la vida sin haber dado ni las gracias.
Atrapados en los labios de la nada de un todo,
el tiempo circunscribe e inscribe nuestros andares.
Un tiempo que descubre la verdad de lo que somos,
los recuerdos vividos en el bosque de las esencias,
esencias que dieron luz al libro de la conciencia.
Sobre el cielo negro de la muerte,
soledad nos mira, el silencio reposa el desespero,
el preludio de un sueño nos espera,
la eternidad nos aguarda, aunque la tierra nos olvide.
Por ello, cuando la expiración nos llegue,
ya dormidos, abrazándonos al Padre,
nuestro cuerpo labial dejará de hablar
este lenguaje de tronos endemoniados
y de lenguas a imperios anclados;
pero la inmortal alma, ya purificada,
seguirá hablando al mundo
por los poros de la poesía y por los ojos del cielo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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23.09.07 @ 00:23:53. Archivado en Filosofía
Pensamos que la vida es más vida con poder,
y el poder es una escalera de deberes,
donde el deber primero es amar el amor,
el primer paso en la pirámide de la existencia.
Creemos que la vida es un beso interminable
que nos merecemos, y, cuando nos damos cuenta,
se nos ha ido la vida sin haber dado ni las gracias.
Atrapados en los labios de la nada de un todo,
el tiempo circunscribe e inscribe nuestros andares.
Un tiempo que descubre la verdad de lo que somos,
los recuerdos vividos en el bosque de las esencias,
esencias que dieron luz al libro de la conciencia.
Sobre el cielo negro de la muerte,
soledad nos mira, el silencio reposa el desespero,
el preludio de un sueño nos espera,
la eternidad nos aguarda, aunque la tierra nos olvide.
Por ello, cuando la expiración nos llegue,
ya dormidos, abrazándonos al Padre,
nuestro cuerpo labial dejará de hablar
este lenguaje de tronos endemoniados
y de lenguas a imperios anclados;
pero la inmortal alma, ya purificada,
seguirá hablando al mundo
por los poros de la poesía y por los ojos del cielo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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23.09.07 @ 00:16:01. Archivado en Filosofía
Pensamos que la vida es más vida con poder,
y el poder es una escalera de deberes,
donde el deber primero es amar el amor,
el primer paso en la pirámide de la existencia.
Creemos que la vida es un beso interminable
que nos merecemos, y, cuando nos damos cuenta,
se nos ha ido la vida sin haber dado ni las gracias.
Atrapados en los labios de la nada de un todo,
el tiempo circunscribe e inscribe nuestros andares.
Un tiempo que descubre la verdad de lo que somos,
los recuerdos vividos en el bosque de las esencias,
esencias que dieron luz al libro de la conciencia.
Sobre el cielo negro de la muerte,
soledad nos mira, el silencio reposa el desespero,
el preludio de un sueño nos espera,
la eternidad nos aguarda, aunque la tierra nos olvide.
Por ello, cuando la expiración nos llegue,
ya dormidos, abrazándonos al Padre,
nuestro cuerpo labial dejará de hablar
este lenguaje de tronos endemoniados
y de lenguas a imperios anclados;
pero la inmortal alma, ya purificada,
nos seguirá hablando al mundo
por los poros de la poesía y por los ojos del cielo.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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15.09.07 @ 16:02:19. Archivado en Filosofía
Marchitada la belleza de la creación,
nos queda sólo seguir penando
con los ojos ahogados de lágrimas.
Destruida la gracia del asombro,
se echa por tierra lo que el cielo engrandece,
las maravillas siderales,
el bosque de las grandezas,
el sueño de los poetas,
la oración del aire, el canto de las delicias.
Este mundo ya no es el mundo del verso,
obra de Dios y que por Dios vive,
hay que retomar el pulso santo
y tomar la vida unidos por el verbo,
antes de que la noche
nos siegue la vida para siempre,
y como las telas de araña
se nos rompa el hilo de tanto tensarlo.
Mortecina historia la del ser humano
deshumanizándose,
familias contra familias,
la explosión de la ordinariez
en carne viva,
destronando el orden que rige el universo.
Somos de un desorden mayúsculo
en el minúsculo espacio,
el desentono que todo lo desentona
al par de la envidia y el egoísmo,
la mentira en un cristal virgen,
el espejo de la apariencia,
el rey de las brutalidades,
el gobierno de la ambición,
el último refugio del fracaso
de una ciudadanía sin conciencia,
en pugna de mordiscos contra sí.
Se han perdido las sonrisas del alma,
porque el mal avanza destruyendo la belleza,
esparciendo las semillas del odio
en una creación engreída y recluida.
Alejados del Creador seremos soledad
de fuego, llama que envenena
las rosas que fueron rosas
sobre los caminos de la existencia.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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12.09.07 @ 22:55:11. Archivado en Filosofía
Premiar la ejemplaridad, aparte de ser un acto de justicia es también un modo de hacer camino. En realidad, la vida, que es un colador que clarifica, se mueve bajo ese trayecto de memoria purgante, de conciencia colectiva. El Museo del Holocausto de Jerusalén, recuerdo vivo de una gran tragedia histórica, ha vuelto a ser rememorada y conciliadora estampa, una vez ya depuradas todas las bilis de hostilidad, racismo e intolerancia, y merced al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2007 y al valor de Angela Merkel que lo ha presentado como lección troncal, disciplina a transmitir a las generaciones presentes, y a las futuras del futuro.
El Museo del Holocausto de Jerusalén es una ventana a la meditación que viene muy bien para estos tiempos en los que el caminante, o sea el hombre, a veces no se le considera el camino primero, que no es otro, que el de la salvaguardia y promoción de la dignidad de la persona y de sus derechos, en todas las etapas de su vida y en toda circunstancia política, social, económica o cultural. Todavía hoy se puede verificar el abismo que existe entre “los andares” reconocidos a nivel internacional en numerosos documentos, y “el andar” obligado, sin libertad ninguna. Por desgracia, son innumerables las personas, cuyos derechos son despreciados cruelmente. Este premio viene a refrendar la letra y el espíritu de los derechos humanos, o sea, “los andares” de la igual dignidad de toda persona.
La memoria de los seis millones de judíos víctimas del Holocausto nos deja sin palabras. El silencio nos evoca una riada de llantos. El respeto a la vida no tiene precio. Es bueno recordar, claro que sí, sobre todo para que se desgasten los males y el bien pueda respirar un poco más cada día. El ejercicio de la evocación, no debe ir vestido de venganza o como una bufanda de odio que nos ponemos por montera. Sólo un camino en paz, con sombras de justicia para todos, puede evitar que se repitan los tropiezos, las zancadillas, los terribles golpes de muerte.
El planeta no está en horas bajas por las víboras vestidas de personas, sino por aquellos lagartos de pajarita que permiten la maldad. De entrada, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación español se ha apresurado a ratificar que confía en que este galardón permita difundir en España y en el mundo la labor extraordinaria de esta institución, (Yad Vashem-Autoridad para la Memoria de los Mártires y Héroes del Holocausto), que ha sabido conferir a la memoria y a la enseñanza del Holocausto de una gran fuerza moral sobre la que sustentar la inalienable dignidad del ser humano, con independencia de su origen o condición. Sin duda, la resonancia de este prestigioso premio a la Concordia, nos hará sentir un poco más humanos ante la advertencia que nos llega de las víctimas del Holocausto y de su cruel testimonio. Toda una lección para el tiempo presente, con sus capítulos vitales: Que todo ser humano pueda vivir porque el bien común gobierna, seguir la voz de su conciencia, adherirse a la religión que elija…; en suma, que no tenga miedo a la sociedad a la que pertenece porque la sociedad le protege.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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09.09.07 @ 10:33:56. Archivado en Filosofía
Hablan por nosotros y nosotros sin habla.
Dicen y nos desdicen y nada decimos.
Se sirven, sin conciencia,
de nuestra conciencia ausente.
Nos poseen y nos pasean a su antojo,
como si fuésemos una burbuja
de nada en la codicia del poder,
y esa pujanza nos reduce al silencio.
No quiero habitar en este imperio
donde la jerarquía se merienda a los pobres.
No quiero, necesito sentir otro poder
más amoroso y un latir más libre.
Adiós, amargos poderes invisibles,
dejad que me vaya, aunque sea al olvido,
quiero llegar alzando la vista
a otros reinos con menos reinados.
Detesto el apetito de potestad y señorío
que sopla con desprecio y exclusión.
Deseo rescatar un contemplar sereno
y recordar la imagen del beso
brotando de las aguas del sol,
cuán dichoso nacimiento,
que sólo este júbilo de nacer seas el amor tú.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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02.09.07 @ 20:02:52. Archivado en Filosofía
Se ha puesto de moda en septiembre, por parte de la clase política, a mi juicio cada día más desclasificada de su razón de ser y, por ende, descalificada a más no poder por el pueblo, el puedo prometer y prometo, que bautizó en otro tiempo Adolfo Suárez, aunque diciéndolo claro está de distinta manera. Lo del mismo perro con distinto collar porque los tiempos cambian, aunque ya saben, también todo pasa y también todo vuelve. Vayamos, pues, al tajo de los que debieran ser vocacionales obreros al bien común por encima de cualquier otra vestimenta, que lo saludable sería que lo fueran todos los que deciden voluntariamente hacer política con el ejercicio de su actividad, sobre todo para no disgustar lo que reza en la conciencia soberana. Septiembre, y máxime ahora que faltan dos campanadas para ser de nuevo citados a las urnas, siempre ha sido un mes agobiante, de muchos dimes y diretes políticos, de mucha bisutería labial y poco oro del que reluce.
Quisiera, no obstante, antes de examinar lo que han dicho o pueden decir en los próximos días destacados políticos, subrayar que todos ellos, con el plan descanso del verano, han ganado cuerpo. Ya veremos si corazón. Está visto que el veraneo favorece el lustre corporal. Quizás haya que ir pensando, ahora que desde los gobiernos tanto nos quieren proteger socialmente y adoctrinar en plan borrego, que desde el Ministerio de Trabajo o desde el nuevo Ministerio del Ocio que se podría crear, se decretasen vacaciones pagadas a todos por igual, sin que los curritos de siempre, los que no llegan a final de mes, sólo ellos tengan que quemar la extra y encima pedir un crédito si quieren cambiar de aires. El decreto del ocio pagado para los que no pueden pagárselo, ¿para cuando? Qué decretazo más justo sería. ¿Quién lo puede prometer y prometo? Oiga, que hay cientos de cientos de curritos que votan. ¿No hay ningún partido que quiera representarlos? Desde que el PSOE ha perdido la ese, la o y la e, es el singular del PP. Nos da igual una P que dos, van en paralelo, o sea, ahora yo, después tú. En cualquier caso, es público y notorio, que de vez en cuando darle un gusto al cuerpo, y si es de gracia ya me dirán el regusto, viene bien para calmar los nervios. No estaría fuera de órbita que pudiesen recetar los médicos del seguro, como se decía antaño, un tiempo para poder desconectarse de un sistema enfermizo de poderes que se traga, en ocasiones, hasta nuestra propia autonomía personal.
Dicho lo anterior, uno de los principales opositores a Presidente del Gobierno, que a mi manera de ver no ha ejercido la oposición que se esperaba o que incluso esperaban hasta sus colegas de partido, Mariano Rajoy, ha adelantado parte de su repetitivo discurso, no se si pensando en aquel puedo prometer y prometo, sin innovación alguna, que la prioridad de su proyecto político para las próximas elecciones generales va a ser “el bienestar de los ciudadanos, o lo que es lo mismo, el coste de la vida, las hipotecas, el nivel adquisitivo de los salarios, la vivienda o las pensiones”. Es más de lo mismo de lo que se dice siempre, desde igual tajo político, porque entre ellos no hay diferencias como ya advertí anteriormente, el gobierno de Zapatero que se mira el ombligo orgulloso igual que Rajoy, ambos también prometen idénticas guindas, que al final no pasan de ser migajas, como son las relativas a mejora salarial y pensiones. De la herencia y de la inercia de un pueblo luchador suelen vivir los que menos arriman el hombre; es más, suelen derrochar los sudores de los que menos tienen, para sus deleites personales, sin importarles, -en otro caso pondrían remedio-, las familias que se mueren en la incertidumbre.
Todos los políticos ansían ganar las elecciones, malditas mayorías absolutas, porque dicen que las cosas no van bien y que las pueden mejorar. Que saben cómo hacerlo. Pues, ¡háganlo demonios! No esperen, pónganse manos al diálogo y al consenso. Al final, resulta como siempre, otra cantinela más del político de turno, en el escenario de una sociedad esclava de sus propios vicios, atrapada por el feroz consumo, injustamente desigual unas regiones de otras, unos barrios de otros, jerarquizada hasta los tuétanos. De la Vega, que no es tonta y ve que el gobierno ha sembrado muchas normas de política social, o sea mucha palabrería barata, pero que, en realidad, el pueblo ha recogido sólo palabras, pocos frutos, cuando no tomaduras de pelo, anuncia que también aprovechará hasta el último momento para cumplir sus compromisos con los ciudadanos y, así, contribuir a mejorar su vida cotidiana. Este es un mensaje, sobre todo, para los defraudados, que cada día son más, porque ven en el puedo prometer y prometo de siempre, más poder que aventura social, más injusticia que justicia social, más sumisión que solidaridad y libertad social.
Como nunca la desclasificada y descalificada clase política, incapaz de ordenar y de organizar cuestiones que son el abc de los principios rectores de la política social y económica, ha generado tanta inseguridad y desconfianza. La improvisación va consigo, decir una cosa y hacer otra es lo que gobierna. Sería bueno que los políticos, aparte de recuperar el aquiescencia, otro abc del espíritu democrático, recuperasen el sentido común y trabajasen con esa vocación de servicio que exige la propia oposición a político, el que no la tenga que se vaya, trabajando por proyectos que nos unan, por realidades que nos acerquen. Habría que inventarse, tal y como está el patio, un día para regenerar la política antes de que sea demasiado tarde, puesto que son en un estado democrático pieza fundamental, concurren a través de sus partidos a la formación y manifestación de la voluntad popular. De lo contrario, es fácil que se imponga en ella la búsqueda egoísta del interés personal, en detrimento de la dedicación necesaria al bien de la generalidad. El gran Nizami advierte: “No comas delante de los hambrientos o, si lo haces, invita a todos a tu mesa”. En suma, que el pueblo debe poder sentirse tan comprendido como protegido. Debe poder constatar que sus líderes trabajan para garantizarles un futuro mejor y un futuro más igual para todos. Ojalá no suceda jamás que el ciudadano, que ante situaciones de creciente injusticia, se vea impulsado a repetir lo del poeta: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. El mañana a todos nos pertenece vivirlo y, desde luego, corresponde a los poderes públicos, injertados de políticos y políticas, promover las condiciones igualitarias que las hagan reales y efectivas.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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28.08.07 @ 22:19:35. Archivado en Filosofía
Comienza la verdadera vida del castizo Paco. Siempre después de muerto, ¡mecachis!, parece que es el sino de los auténticos cultivadores de palabras. De momento, se ha ganado un altar de calificativos como nunca había recogido hasta ahora, a lo que ha de sumarse el caudaloso anuncio de calles por todos los sitios de la hispánica madre patria. La verdad que causa cierto esperpento oír la retahíla de flores a Umbral, que no digo que no las tenga merecidas, sobre todo aquellas rosas puestas en boca de los que le negaron el agua, o de parte de los que jamás se han bebido un trago de su obra ni durante la siesta. Lo de beber sus letras todavía están a tiempo, nunca es tarde para empezar. Los epitafios vertidos lo encumbran como si fuese un ser alado cervantino. Que si el poeta de la prosa y creador de metáforas, que hacía literatura de todo lo que pillaba. Que si el padre de la columna literaria. Que si el amigo Umbral. Que si el mundo de las letras llora la muerte del “gran escritor”. Que si maestro del periodismo y uno de los escritores más relevantes de las últimas décadas. Que si no deja heredero y ninguna persona puede ocupar su lugar… Que sí… ¡ya!, pero a veces le vedaron sillones y tribunas, fue a la tele y quiso hablar de su libro y de misericordia le dejaron unos minutejos, dicen que creó escuela y, sin embargo, más de una vez le negaron la pizarra de la libertad, espero que su cátedra de sufrimiento sirva como ejemplo, también pudo pasear su semblante por esas avenidas que se anuncian en su nombre y tampoco se las dejaron disfrutar en vida. ¿Por qué han de sufrir en sus carnes estos agricultores de aradas verdaderas, el rechazo, cuando no el abandono?
Es cierto que escribió intenso y extenso, lo expresó bien, generó estilo y puso señorío en el verbo a la hora de conjugarlo. El mejor homenaje, pues, sería redescubrirlo. Que se agotasen todos sus libros en las librerías. Que se desempolvasen las bibliotecas con la moda del Umbral. Me lo imagino con la risa burlona y el corazón hablando, sembrando justicia y tejiendo rebeldías, haciendo crítica y rehaciendo sueños. Su legado bien vale una vida digna, cuando menos se haría justicia literaria a quien fue un inventor de independencias. El inolvidable Umbral vivió enteramente consagrado a las Letras, se dejó la vida en ellas y se la jugo diciendo lo que pensaba, por eso no ha muerto, vivió al servicio de la palabra, con la palabra como imperecedero reloj de su tiempo. Los apóstoles de la metáfora fácil nos han anunciado que había fallecido con impresionantes titulares, los moradores de este mundo somos así de hiperbólicos, o lo convertimos en dios o en diablo, y yo pienso que Paco acaba de ofrecernos su último libro, el de la lección de la vida. Hasta el último soplo nos ha dejado un testimonio verdaderamente resplandeciente de luchador, por reconquistar en el mundo un lenguaje de entendimiento que a bien seguro le sacaba de sus honestas casillas. Nadie le callaba, ni tampoco le casaba ningún poder, tenía la fuerza del poeta a tiempo completo.
En su decir como en su obrar, había literatura de combate contra el monstruo de la maldad. Me da la sensación que se liberaba, y a más de uno nos liberaba en ocasiones, con sus columnas periodísticas. Le llegó la muerte a Paco, es el final de la vida terrena, algo que nos llegará a todos, aunque esta sociedad prefiera tenernos entretenidos con cotilleos de poca monta para que no pensemos en ella, pero quedan muchas hojas impresas de su cultivado pensamiento, que bien puede ser cuando menos una reflexión. La hondura de sus ideas, que a mi juicio no están escritas como adoctrinamiento, sino como llamada a la verdad, como revulsivo de queja, permanecen vivas para lección del tiempo. Nuestras vidas, realmente, están medidas por ciclos, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de nuestra existencia. De poco sirven ahora cumplidos al muerto, ya sólo nos puede servir hacer silencio con lo que nos expresan sus obras, subrayar sentimientos y acordarse de él, convivir participando de su lenguaje que era, al fin y al cabo, el de entenderse y atender a los que nadie atiende (no son poder) o entiende por su altura de autenticidad.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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28.08.07 @ 22:19:19. Archivado en Filosofía
Comienza la verdadera vida del castizo Paco. Siempre después de muerto, ¡mecachis!, parece que es el sino de los auténticos cultivadores de palabras. De momento, se ha ganado un altar de calificativos como nunca había recogido hasta ahora, a lo que ha de sumarse el caudaloso anuncio de calles por todos los sitios de la hispánica madre patria. La verdad que causa cierto esperpento oír la retahíla de flores a Umbral, que no digo que no las tenga merecidas, sobre todo aquellas rosas puestas en boca de los que le negaron el agua, o de parte de los que jamás se han bebido un trago de su obra ni durante la siesta. Lo de beber sus letras todavía están a tiempo, nunca es tarde para empezar. Los epitafios vertidos lo encumbran como si fuese un ser alado cervantino. Que si el poeta de la prosa y creador de metáforas, que hacía literatura de todo lo que pillaba. Que si el padre de la columna literaria. Que si el amigo Umbral. Que si el mundo de las letras llora la muerte del “gran escritor”. Que si maestro del periodismo y uno de los escritores más relevantes de las últimas décadas. Que si no deja heredero y ninguna persona puede ocupar su lugar… Que sí… ¡ya!, pero a veces le vedaron sillones y tribunas, fue a la tele y quiso hablar de su libro y de misericordia le dejaron unos minutejos, dicen que creó escuela y, sin embargo, más de una vez le negaron la pizarra de la libertad, espero que su cátedra de sufrimiento sirva como ejemplo, también pudo pasear su semblante por esas avenidas que se anuncian en su nombre y tampoco se las dejaron disfrutar en vida. ¿Por qué han de sufrir en sus carnes estos agricultores de aradas verdaderas, el rechazo, cuando no el abandono?
Es cierto que escribió intenso y extenso, lo expresó bien, generó estilo y puso señorío en el verbo a la hora de conjugarlo. El mejor homenaje, pues, sería redescubrirlo. Que se agotasen todos sus libros en las librerías. Que se desempolvasen las bibliotecas con la moda del Umbral. Me lo imagino con la risa burlona y el corazón hablando, sembrando justicia y tejiendo rebeldías, haciendo crítica y rehaciendo sueños. Su legado bien vale una vida digna, cuando menos se haría justicia literaria a quien fue un inventor de independencias. El inolvidable Umbral vivió enteramente consagrado a las Letras, se dejó la vida en ellas y se la jugo diciendo lo que pensaba, por eso no ha muerto, vivió al servicio de la palabra, con la palabra como imperecedero reloj de su tiempo. Los apóstoles de la metáfora fácil nos han anunciado que había fallecido con impresionantes titulares, los moradores de este mundo somos así de hiperbólicos, o lo convertimos en dios o en diablo, y yo pienso que Paco acaba de ofrecernos su último libro, el de la lección de la vida. Hasta el último soplo nos ha dejado un testimonio verdaderamente resplandeciente de luchador, por reconquistar en el mundo un lenguaje de entendimiento que a bien seguro le sacaba de sus honestas casillas. Nadie le callaba, ni tampoco le casaba ningún poder, tenía la fuerza del poeta a tiempo completo.
En su decir como en su obrar, había literatura de combate contra el monstruo de la maldad. Me da la sensación que se liberaba, y a más de uno nos liberaba en ocasiones, con sus columnas periodísticas. Le llegó la muerte a Paco, es el final de la vida terrena, algo que nos llegará a todos, aunque esta sociedad prefiera tenernos entretenidos con cotilleos de poca monta para que no pensemos en ella, pero quedan muchas hojas impresas de su cultivado pensamiento, que bien puede ser cuando menos una reflexión. La hondura de sus ideas, que a mi juicio no están escritas como adoctrinamiento, sino como llamada a la verdad, como revulsivo de queja, permanecen vivas para lección del tiempo. Nuestras vidas, realmente, están medidas por ciclos, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de nuestra existencia. De poco sirven ahora cumplidos al muerto, ya sólo nos puede servir hacer silencio con lo que nos expresan sus obras, subrayar sentimientos y acordarse de él, convivir participando de su lenguaje que era, al fin y al cabo, el de entenderse y atender a los que nadie atiende (no son poder) o entiende por su altura de autenticidad.
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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25.08.07 @ 15:45:59. Archivado en Filosofía
Los vientos andan crecidos
de injusticia social
y trotan por el camino del vicio
tan espigados como los ojos del sol.
Las plazas son balcones de odio.
Torres de fuego dejan sin aire,
lo que es aire de vida,
y la baranda del tiempo quema
lo que aún es poesía de verde rama.
Todo es desespero,
ni un grano de alegría en el cuerpo,
rearme militar hasta los huesos,
sones de águilas al acecho
se tragan todas las sonrisas,
celdas de armadura por doquier,
dolores y más dolores se clavan
en los pétalos del corazón,
se sirven en bandeja como si nada,
y nadie retira los platos rotos.
Ciegos, vamos feneciendo
entre las sábanas del abuso,
los cumpleaños de hipocresía,
las onomásticas de la sin razón.
En las habitaciones de la tierra
ya no hay espacio para el amor,
sólo interés bañándose en el capital,
a un rédito de camuflaje.
Crecí besando odio y amargura,
dirán nuestros hijos,
que han guardado sus heridas abiertas
para cerrar la venganza,
en este mundo de poderes,
que poda libertades y despide ira.
El exceso de cólera
encala las paredes del ser humano
y aviva el cancionero de la locura.
¡Qué pena! ¡Qué dolor!
Víctor Corcoba Herrero
corcoba@telefonica.net
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