El celibato, ¿condena o virtud?
03.10.07 @ 13:49:23. Archivado en Iglesia

La cuestión del celibato vuelve a saltar a las rotativas de los periódicos que se hacen eco, una vez más, de una noticia sobre la imposible continencia de algunos sacerdotes.
Esta vez ha ocurrido en Italia, en un programa de televisión donde se desvelaba abiertamente la doble vida de algunos sacerdotes, en este caso homosexuales. Pero días atrás, era cuestión de un sacerdote que compatibilizaba su ministerio con una mujer con la que había tenido un hijo.
Sin querer tratar aquí las excelencias que tiene el compromiso celibatario para la Iglesia, mi pregunta se centra, sin embargo, en las dificultades reales que esto conlleva para que pueda ser vivido con las renuncias y exigencias que se demanda sin que se convierta en un sufrimiento, y si además eso es posible.
Comencemos afirmando que el celibato en abstracto no existe. Existen célibes insertos en una sociedad multicultural, con una experiencia particular de Dios y de la Iglesia, con unas limitaciones tanto afectivas como psicológicas, con tendencias heterosexuales u homosexuales, con debilidades e intereses particulares.
Son personas por hacer, con un nivel mayor o menor de madurez personal, con más o menos voluntad interior para dominar sus pulsiones, que viven su sexualidad con mayor o menor compulsividad, con ciertas limitaciones en sus relaciones personales y con mejor o peor disposición para asumir la soledad.
El celibato no es igual en un sacerdote aislado en un pequeño pueblo perdido en ambiente rural, que el de una religiosa contemplativa en un monasterio donde hay muchas monjas, o el de un sacerdote dedicado a las enseñanza universitaria en una gran ciudad, o el de un cartujo enfrentado a largos días de silencio sin contacto ni con el exterior ni con sus hermanos de comunidad, o el de un joven cura recién salido del seminario trabajando codo con codo con chicas y chicos en la pastoral juvenil.
Cada caso es diferente, y a todos no se les puede pedir ni exigir lo mismo, porque no sería justo. Se comprende bien que en un caso o en otro los “riesgos” no sean iguales.
Aclaremos primero el significado que la Iglesia le da al celibato para no confundirnos con la comprensión, casi siempre parcial, que le da el resto de la sociedad. La Iglesia dice que el celibato implica la soltería y la continencia genital. Por lo tanto, no sólo implica el hecho de no fundar una familia y de abstenerse de mantener relaciones sexuales con un hombre o una mujer, sino en observar la continencia.
La continencia implica la renuncia a hacer uso de la sexualidad, no sólo con otra persona, sino personalmente con uno mismo, por eso la masturbación tampoco está permitida en los célibes (en realidad no le está permitida a nadie, ni célibe ni casado, pero eso es otro tema que ahora no es objeto de mi reflexión).
La gran pregunta es si los célibes, son capaces de asumir la continencia total, sin que esto afecte a su compromiso de vida ni a su estabilidad emocional y personal.
Los psicólogos ponen en duda que la continencia total sea posible mantenerla a lo largo de toda la vida. Otra cosa es que parcialmente y en algunos períodos de la vida sí se pueda vivir. El control de las pulsiones genitales puede ser vivido por algunas personas, pero no por todas.
Así vistas las cosas, y apoyándome en lo que dice la ciencia, la realidad es que en la Iglesia se dan dos tipos de célibes: los que pueden vivir la continencia total a lo largo de su vida y los que no pueden hacerlo. Por fortuna, el control de la genitalidad es algo que supera a la propia razón y a la voluntad del hombre.
Si embargo, cuando la sexualidad no se da de manera compulsiva en las personas, el dominio de ésta es más bien una predisposición natural antes que un acto de virtud evangélica. No sería bueno confundir la naturaleza particular con la heroicidad.
¿Qué pasa entonces con los célibes que no consiguen vivir la continencia total? En primer lugar se debe pensar que no vivir la continencia no está en contradicción con un compromiso celibatario.
Dicho de otra manera, se puede ser célibe y faltar a la continencia puntualmente, porque el celibato implica otras realidades teológicas que van más allá de la propia genitalidad, como son la entrega, la generosidad, la dedicación, o la exclusividad al proyecto del Reino de Dios.
El problema, si es que esto es un problema, no lo tienen los célibes, sino la Iglesia que pide a los consagrados (sacerdotes o religiosos) algo que no les es posible vivir, salvo en casos determinados, y con ciertas sospechas de equilibrio psicológico personal.
Si la continencia del celibato es tan ardua y casi imposible de mantener, no deberíamos extrañarnos de que esto se convierta en noticia casi todos los días.
Entonces, la Iglesia debería replantearse el significado del celibato y no exigirlo como conditio sine qua non para el sacerdocio, cuando sabe de hecho que no se podrá vivir por parte de la mayoría de los curas. Con esto no estoy diciendo que el celibato no tenga valor en sí mismo, sino que no debería ser la exigencia fundamental para la ordenación sacerdotal.
Sí al celibato, pero para el quiera y pueda mantener la continencia de por vida.
No me gustan las mentiras ni la doble moral. Si la Iglesia sabe de hecho que sus célibes no podrán ser continentes, salvo en casos contados, ¿por qué lo sigue exigiendo para la ordenación sacerdotal, y por qué se sigue escandalizando de los casos de sacerdotes que salen a luz pública por no poder mantener sus compromisos?
O el celibato se asume en la Iglesia con toda esa carga de incontinencia natural, o se hace opcional para no desvirtuar el sentido de ese compromiso evangélico y no confundir ni engañar al resto del Pueblo de Dios.
Por último me gustaría decir que el sentido del sacerdocio o de la Vida Religiosa no estriba en el grado de continencia, o de compromiso por el celibato, sino en otros elementos que tienen entidad en sí mismos, más allá de la genitalidad.
Verlo, exclusivamente desde esta perspectiva, es un reduccionismo simplista y erróneo. El sacerdocio y la Vida Religiosa están, gracias a Dios, por encima del sexo.
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Disculpas aceptadas. pero entendereis, sobre todo tú, Emérito, que no está el horno para bollos y que, es mejor no menear "tópicos" que pueden herir.
No escribo estos días porque estoy muy liado con el trabajo y no tengo la cabeza ni el tiempo para sentarme ante el ordenador.
Dena den, berriro itzuliko naiz.
Besarkada bat ete, berriro, gabon.
osea, que volveré a escribir de nuevo y un abrazo.
Paz y Bien,
Mudejarillo.
P.D.. escoltas, "exilios", la maldita ETA que no nos deja en paz. No obstante, sigo creyendo en la Esperanza porque, como dice Juliana de Norwich: "Todo acabará bien, y todo acabará bien"
Mayor que el acto sexual, al que situas
en el paralelo de tu comentario.
Tienes, sin embargo razón en ésto: en que este Sentimiento del Alma de Dios siendo entrada por el alma de un HOMBRE sincero, sin miedo, y sin culpa, no tiene que ver con el Templo, ni con la Ley, ni con la fe, ni con el porvenir, ni con una confesión religiosa, sino con el Árbol de la Vida.
Es la diferencia que existe entre esperar, y tener; fe (futuro) y ACCIÓN: amarlo ahora.
"No hay mayor amor que éste, que uno de su alma a quien ama" Jesucristo en Jn. 15: lo va a sentir.
Quien no sepa enviar todo su sentimiento a la persona amada de esta manera, no la va a embriagar; sencillamente, no sabe amar.
3. Dios y el alma.
Miremos ahora la Teresa del Bernini en la victoria de Roma. Lo que ella está recibiendo... viene de fuera; y su cerebro emocional se está dando en contrapartida de tal manera.. que el éxtasis está asegurado: el Espíritu de Dios entra en el alma (psique) de un ser humano sencillo, y éste le entrega todo el SENTIMIENTO de que es capaz. El rio de aguas de vida es el sentimiento de Él unido, en fusión con el sentimiento de tí, lector.
Soy testigo de que cuando un HOMBRE, liberada ya su psique de todo el peso de la norma moral (obsesivo), y del mér...
Hay personas que, debido a un intenso darse en amor a otro ser a quien aman, ponen en funcionamiento otras zonas cerebrales que mueven los sectores centrales de la amígdala, el hipotálamo la zona límbica en pleno... consiguiendo bloquear el área del neo-córtex que pretendería ese obsesivo dominante de la norma. La moral siempre es racionalista y dominante; es útil, pero sólo cuando se aplica a la interrelación social, de trabajo, de familia, de ley.
Por eso a la persona en quien domina su factor psiquico de conducta frente al ser amado, no se le puede exigir que SIENTA un éxtasis de presencia amorosa que lo embriague... desde lejos. Pero al que es LIBRE, a quien ama mucho, sí le es factible el enviar todo su ser a esa otra persona, y ésta, como una partícula cuántica ENTRELAZADA sentiment...
2. En el sentimiento. Dos personas pueden tener sólo una relación sexual, en cuyo caso las áreas del cerebro que se van a activar son apenas zonas motoras y las ínsulas de Reil, su amigdala se mostrará a la resonancia magnética.. bloqueada, y la zona límbica no les va a otorgar un gozo mayor que aquel que la naturaleza guarda para el acto reproductor, coartado además por condicionantes
'morales' (Reil). Esta activación neuronal tan escasa se manifiesta aún cuando las dos personas están juntas físicamente. De ahí que generalmente aquella esperada primera experiencia resulte en desilusión. La mayoría de las personas continúan el resto de su vida sin evolucionar en este terreno. Nada saben.
En el mundo de la neurociencia, las ideas que una persona pueda tener, las promesas que de, o la fe que pueda guardar, NO tienen capacidad para activar a voluntad zonas extensas de su cerebro emocional a la altura en que se pueda hablar de Fe...
Y ALMAS ENTRELAZADAS (amor sentimiento)
En un análisis superficial se pudiera decir que muchas personas no perciben algo que otro ser desde lejos pueda sentir sobre ellas, ya que en general tienen poca sensibilidad. Hay otras personas que sienten la empatía, quienes se entristecen cuando se les envía tristeza, se sobresaltan ante la violencia, y quienes se subliman cuando
se les envía.. ternura, presencia.
Esto que expongo es importante.
1. Sobre la materia. Paradoja Einstein Podolsky Rosen, "EPR". A Einstein y a otros el entrelazamiento cuántico les resultaba extremadamente perturbador. En la mecánica cuántica de dos partículas en un estado entrelazado, manipulando una se puede modificar el estado de la otra... A DISTANCIA, de manera instantánea. Esto habla de una correlación entre las dos partículas que no tiene contrapartida en el mundo de nuestras experiencias cotidianas, lo que contradi...
Dios "sentimiento" sin la mujer no es nadie.
¿Cómo puedo amar (sentir) a Dios a quien no veo, si no amo (siento) a la mujer con la que me acuesto a diario?
A ésta sí que la siento, la palpo, la hago mía...
A Dios..., ¡vaya usté a saber!
Es cierto que quizás la expresión de Coherencia en este blog (bestia=vasco) no haya sido afortunada. Pero te aseguro que no lo ha hecho por ofendernos a los vascos, sino, como él dice, por "honrarme a mí", "recio leal y cojonudo". No ha puesto absolutamente ninguna malicia. Ha sido un caballeroso cumplido personal, de verdad. Ambos disfrutamos de nuestros mutuos desacuerdos principalmente en el blog "Humanismo sin credos".
Y ahora entre tú y yo. Tú vas escoltado, dices. Yo llevo treinta y algo años "exiliado".
Gabon. Gero arte.
Tenía un amigo, Josechu, que medía como dos metros a lo alto y casi tanto a lo ancho, y una noche paseando en verano a las tres de la mañana nos dijo aquello que nunca olvidaré... a ver quien de vosotros es capaz pegar un eructo y despertar a alguien en esta plaza, dicho y hecho... el berrear de un niño en una sexta planta hizo que huyéramos todos como... angelitos.
Espero disculpas por esa comparación entre vasco y bestia. Para tu interés, yo soy un español vasco, por cierto escoltado, y me ha desagradado profundamente dicho comentario. Con expresiones así no me parece que hagamos una sociedad mejor.
Paz y Bien,
Mudejarillo
El asunto es bien simple, todo lo que sea norma de conducta se llama derecho consuetudinario, y se inventó antes que la ley positiva, es simplemente protocolo para que los seres humanos se relacionen entre ellos según la situación económica que rija en cada ensayo. Así, en tiempos de la esclavitud había mujeres que eran propiedad del hombre, y quien las llevaba tenía pena de muerte; ahora, no. La pena de muerte que habla la Biblia para el adulterio se establece AL MISMO TIEMPO que Moisés dicta la Ley de la Esclavitud, por esa misma razón, que el hombre era dueño de ambos.
El matrimonio es instituto de la evolución humana, y los sensatos lo siguen y lo cuidan, porque es fundamento de esa cosa tan difícil de guardar que se llama la familia.
Pero el sentimiento es otra cosa, tanto como el Espíritu es otra cosa que la norma.
Mi opinión al respecto es que al hombre de espíritu no le debe importar si la Iglesia dice que es pecado o no el sexo. Dios no tiene sexo, y tiene mucho sentimiento con esa parte del hombre que se llama Espíritu, eso de él que NO tiene que ver ni con la Ley, ni con la norma, ni con la sociedad, ni tan siquiera con la moral, sino con nacer de nuevo a la "presencia de Dios".
Lo que no parece sano es decir que se tenga miedo al sexo o a la mujer, ya hay que ser insensato. Desde luego, quien ni tiene mujer ni tiene a Dios es que no ha sabido ni tan siquiera para qué han puesto ellos aquí tanta belleza. Y tanta ternura.
La vida es o ternura, o soledad.
De manera que Jesucristo te abre la brecha al Espíritu, todo sentimiento, y la mujer a la ternura,.. y el hombre pasa de largo porque ve sólo lo sexual.
O se mete e...
Me he limitado a comentar la idea de Ciudadano.
Efectivamente el problema del celibato en la mentalidad de la Iglesia es la desconsideración a la mujer (todavía se la sigue considerando la "inductora") y la "entrepierna". ¿Miedo? Sí. Pero yo me pregunto ¿Miedo a qué? ¿al sexo?
Cuando la Institución cambie esta mentalidad ciertamente desaparecerá en el clero todo atisbo de "polvo y paja".
Cuántos seglares compaginan su trabajo diario con el compromiso en sus parroquias. Y no por eso abandonan a su familia, sino que potencian su fe comprometida y su matrimonio.
Dejemos a un lado ya la absurda idea de que el amor a una mujer y a unos hijos resta “posibilidades” de entrega al servicio de los demás. El amor y el egoísmo no se miden por matemáticas, ni por tiempos ni por espacios. Algunos confunden la “dedicación plena” (trabajo funcionarial) con la “disponibilidad absoluta” (la “diakonía”, es decir el servicio a la comunidad). No hablemos de dedicación “exclusiva”, porque las “exclusivas” sólo se dan en la “prensa del corazón”; en la vida práctica cotidiana no existe el exclusivismo. ¿Quién se dedica “exclusivamente” a una t...
En la situación actual en la que por un lado la vocaciones son menos que lo que solían ser y por otro lado los medios de trasporte y comunicación modernos, parece que buena parte de los impedimentos deberian de estar superados, si a eso le añadimos que muchos hombres casados sienten la vocacion sacerdotal, pues da la sensación de que el Vaticano debería de reflexionar sobre el tema y posiblemente tratar de dar cauce, da alguna manera a ambas vocaciones, cuando se den, la del sacerdote por la familia, la del padre de femilia por el sacerdocio.
Tal vez entonces se podría hablar incluso del orden sacerdotal para la mujeres.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Fausto Antonio Ramírez
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