Fútbol y humildad
13.02.07 @ 18:44:42. Archivado en Fútbol general
Desde su llegada al estrellato, incluso un poco antes, Samuel Eto'o ha sido un personaje controvertido. Su carácter temperamental le ha granjeado tantos defensores como detractores, aunque en multitud de ocasiones estas posturas vengan más determinadas por estúpidos forofismos que por argumentos sólidos. Sin ser madridista ni culé, hasta esta semana el goleador del Barça me despertaba cierta simpatía.
No me ha sorprendido la pataleta del camerunés, protagonista de otros episodios de caprichos que sólo se explican hablando de cierta inmadurez. Tampoco la primera reacción de Frank Rijkaard, un especialista en quitar hierro a los problemas menores para que no adquieran la dimensión que suelen tomar en casas vecinas. Ni siquiera las justificaciones de Joan Laporta, tras esa sonrisa de presidente modélico, parecían salirse del guión. Sólo se trataba de una rabieta más, algo habitual en las superestrellas. Sin aprobarlo, ni mucho menos, sí me resultaba relativamente rutinario el comportamiento de Eto'o.
El motivo que me lleva a cambiar mi opinión sobre el vigente pichichi de la Liga es de otro tipo, irremediablemente unido al fútbol pero fuertemente impregnado del aroma de otras esferas. Yo creía que Samuel era un tipo humilde.
Entendamos el término humildad dentro del contexto en el que nos estamos moviendo: hablamos de jóvenes atiborrados de dinero y fama, de lo sinceramente humildes que pueden llegar a ser bajo el loco sistema de desorbitados sueldos y cuotas de popularidad desmadradas. La actitud del Eto'o futbolista puede ser calificada de un sinfín de maneras, pero humilde no sería uno de los adjetivos que frecuentaría la lista.
Sin embargo, yo estaba convencido de que Samuel era una persona medianamente humilde donde tenía que serlo: detrás de los focos y de las portadas que, para qué negarlo, tanto le gusta ocupar. Sus constantes ayudas a chavales con su mismo pasado, pero con un porvenir menos halagüeño; su preocupación por la miseria racista que ensucia al deporte; me llevaban a pensar que detrás del díscolo público podía haber un hombre reflexivo. Que la chulería de la fachada podía esconder compromisos reales.
En este momento, sólo consigo ver a un crío cegado por la rabia y la envidia, capaz de llevarse por delante a quien sea para imponer sus razones. Y qué quieren que les diga: la humildad no termina de casarme con esta actitud barriobajera. Por supuesto, seguirá siendo un jugadorazo, uno de los mejores de su época. Pero ahora sí creo que, tal vez, para ser un número 1 haya que tener algo más que magia en las botas.
Ni siquiera es una cuestión de humildad: basta con aprender a cerrar la boca.
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la cabra siempre tira al monte ( aunque ya tardaba )
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