En cuestión de valores, el PP se enfrenta al dragón con un alfiler
20.04.08 @ 15:59:06. Archivado en general
Han subestimado al PSOE. ¡Claro que éste tiene ideología, aunque sea falsa y nihilista! Y los populares ¿qué tienen? Ante la determinación del adversario es inútil apelar al centrismo.
La impresión no puede ser más penosa.
Mientras el nuevo-viejo Ejecutivo prepara una segunda edición del cuatrienio necio, corregida y aumentada (más ideología de género, más mentiras descaradas a cuenta del trasvase, más coqueteos con ETA, más ocupación de los resortes del poder), el PP trastabilla a la deriva entre la indefinición y la parálisis, debilitado por las hemorragias de la Guerra de Sucesión.
Mientras el zapaterismo se apresta a rematar la faena en cumplimiento de la voluntad del Profeta ("A España no le va a conocer ni la madre que la parió", Alfonso Guerra dixit) y a cortar todos los puentes para impedir el acceso del PP al poder, antes de 8 años, el PP semeja un boxeador sonado, con una autoestima tan caída como en la segunda mitad de los años 80, cuando se planteaba la renovación o la muerte.
La diferencia es que entonces surgió un Aznar, capaz de poner patas arriba a la vieja Alianza, renovar equipos e ideas, acabar la terrible travesía de la Mancha (Hernández) y colocar a un remozado PP en la rampa de lanzamiento.
No parece el caso, salvo sorpresas de aquí a los exámenes de junio.
Vidal-Quadras acaba de poner el dedo en las tres llagas del púgil mareado: "Contenido, estrategia y comunicación". Sin dramatizar, pero pidiendo, muy oportuno, una reflexión. No puede seguir todo igual tras la derrota pírrica del 9-M.
Porque es en esas tres asignaturas, imprescindibles para pasar de curso, donde el PP ha cosechado sonoras calabazas.
Contenido, estrategia y comunicación. El PP se ha estrellado frente a Zapatero porque no tiene ideas, porque no tiene un plan de batalla eficiente, y porque vende mal lo que hace…
Pero siendo las tres decisivas, Génova y su corte de asesores áulicos (haría bien en distanciarse de bufones mediáticos) comenzaría la casa por el tejado si se dedicara a la estrategia y la comunicación sin sentar primero las bases en el capítulo de las ideas.
Se equivocan quienes piensan que el crepúsculo de las ideologías y el tono cool del siglo XXI aboca a un horizonte de partidos-gestores, sin línea editorial, perfectamente intercambiables.
Quizá ese haya sido el más grave error de percepción cometido por los conservadores españoles. Creer que es preciso ganar elecciones primero y sentarse a pensar después; que primero viene el poder y luego ya veremos cómo cambiamos esto o aquello o cómo desfacemos el entuerto dejado por Atila; que, dado que nadie tiene ideas o que todo es transversal, cebemos los cañones, aunque no tengamos munición ideológica.
El PP cae en la trampa de ese relativismo político inducido por el PSOE. El zapaterismo les ha hecho que es un indigente intelectual, capitaneado por un simplón, que todo es transversal e intercambiable. Pero lo trans termina en la demagogia sexual y en los golpes de artificio. Bajo su frivolidad y su aparente ligereza, el zapaterismo construye su discurso (y deconstruye España) con una batería de ideas muy concretas.
Una de ellas es la ideología de género. Devastadora, pero ideología al fin. Tan nihilista como el marxismo, pero tan sólidamente trabada como la trola de Karl. Tan falsa como muchas de las propuestas de la izquierda del último siglo, pero con una visión global de la vida y del mundo.
No se puede decir lo mismo del PP. Oponer a las nuevas cosmovisiones la inercia del capitalismo o los peores resabios del liberalismo es como enfrentarse contra un dragón armado con un alfiler.
Recurrir a algo tan etéreo y relativo como el centrismo es abonarse a la derrota de por vida.
¿Qué visión tiene el PP de España (cuando han picado en el anzuelo del relativismo nacional, vía reformas estatutarias)? ¿Qué visión tiene de la familia, de la mujer, de la civilización, de los valores antropológicos que la sustentan?
Es que eso no es decisivo para algo tan técnico como administrar los pueblos, alegan algunos. ¿No? ¿No responde la estrategia del PSOE a un fondo de armario ideológico, no son sus leyes una traducción técnica de sus objetivos antropológicos?
Cierto. Hay dirigentes aislados, propuestas sueltas, con mensajes de interés en ese sentido. Pero el PP en conjunto no parece tenerlo claro. O mejor dicho, no parece aclararse qué es lo que piensa de la vida y, en consecuencia, qué quiere ser.
Y se le acaba el tiempo.
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Alfonso Basallo






