El decisivo indeciso
03.03.08 @ 09:30:36. Archivado en general
Los indecisos, esos apestados de la vida real, esos parias de los deportes de riesgo, el ligue o el ajedrez de tiempo, son los reyes del mambo en la vida electoral.
Si dudas en la Bolsa, date por muerto: pierdes dinero. Si dudas en las elecciones, te conviertes en el objeto de deseo de los grandes partidos: dejas de ser un cero a la izquierda y puedes tener en tus manos el futuro de tu país.
Con un empate técnico como el registrado en la campaña más infartante en décadas, y un amplio margen de indecisos (el 30% del último sondeo del CIS), los Hamlet alcanzan un protagonismo de excepción en el sprint final del duelo PP-PSOE.
Su papel viene realzado por la creciente tendencia al bipartidismo que registra la cartografía política española. De los 10 millones de votos del PSOE felipista frente a los cinco millones de la AP fraguista en 1982, hemos pasado al 9-9 de la actualidad. El punto de inflexión lo marcó Aznar en 1993, cuando llegó a la cota de los ocho millones frente a los nueve del PSOE.
La consolidación del centro-derecha, aglutinado en torno al PP tras el naufragio ucedero, explica la línea ascendente de una fuerza que en su arañar votos al rival evoca la fábula de la tortuga y la liebre.
El corazón sociológico de España tira más bien a la izquierda (en una proporción aproximada de 60-40); sin embargo, el apoyo de su electorado al PP es más fiel que el del PSOE. Eso explica las fluctuaciones y quiebros de la liebre y la carrera de fondo, pasito a pasito, de la tortuga.
Esta última es más previsible y aburrida, pero más eficaz cuando llega al poder. En tanto que la liebre parece a priori más audaz, prometedora e ilusionante... pero sistemáticamente defrauda a los españoles con una gobernación irresponsable o corrupta. Ocurrió con el famoso “cambio” de González, cuando el PSOE llegó con las alforjas plenas de ilusión y las llenó de otras cosas. Y ha ocurrido con Zapatero, que va camino del récord de disparates, poniendo a España al borde del despeñadero económico.
Y a quienes tienen el corazón a la izquierda (votantes del PSOE o indecisos) se les termina acabando la paciencia. Lo hemos detectado a lo largo del cuatrienio necio en las encuestas de Intereconomía: una parte significativa de esos electores manifiesta descontento con las actuaciones más emblemáticas del zapaterismo. Un 18% de su propia hueste no quiere que el presidente de las cejas circunflejas continúe en La Moncloa.
La puntilla de la economía y sus tres jinetes oscuros (paro, inflación y desplome de la confianza) y la constancia del PP explican que la tortuga haya sobrepasado a la liebre, por un margen de más de 700.000 votos, como indica la Encuesta Intereconomía que publica ÉPOCA a una semana escasa de la cita con las urnas.
No hay nada que saque tanto a Hamlet de su limbo como una cesta de la compra por las nubes, la hipoteca y el frío de la calle. Y Zapatero no sólo ha hecho experimentos con dinamita, sino que ha jugado con lo único intocable: las cosas de comer.
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Muy cierto, sr. Basallo: la mayoría de la sociedad española es de izquierdas pero los votantes de derechas son más constantes, lo que explica tanto la mayoría absoluta de 2000 como el vuelco de 2004. Pero luego están los votantes centristas, que en 1996 y 2000 optaron por el PP y en 2004 por el PSOE. Entre una cosa y otra puede haber muchas sorpresas, como seguramente las ha habido esta vez.
Quizás el PP deba reducir una forma de hacer política que le asegura el voto de la extrema derecha pero le quita el del centro. Seguro que Pimentel, Piqué, Gallardón y Rato lo habrían hechop bastante mejor.
"Poderes lujuriosos"
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Alfonso Basallo






