Kosovo, 'Galeuscat', la rana y el escorpión
27.02.08 @ 09:30:28. Archivado en general
Son como gusanos. Los nacionalismos asoman en cuanto el organismo presenta síntomas de descomposición. Ocurrió en el siglo XIX, cuando los grandes imperios comenzaban a atomizarse. Y ocurre ahora, con el último meteorito del big bang de Austria-Hungría (Kosovo), o cuando olfatean debilidad en un Estado gobernado por un indocumentado (Gal-eus-cat).
Así son los nacionalismos: aves de rapiña. Y, en mayor o menor grado, todos responden a una dinámica regida por la ley de la fuerza. De hecho, la independencia de Kosovo es resultado de sumar dos factores (EE UU y el terrorismo albanokosovar) y de restar la anemia de esa ficción llamada Unión Europea.
La violencia y la radicalidad son el corolario inexorable del nacionalismo. Porque no se basa en la razón, sino en el mito. Y cuando falta la lógica se impone la arbitrariedad.
Por eso no cabe hablar, estrictamente, de nacionalismo moderado. La presión de 20 años de pujolismo ha abonado el terreno al chantaje abierto del radicalismo de ERC. Del mismo modo que los órdagos del PNV son vasos comunicantes con la voracidad de Batasuna y los proetarras.
Por un lado o por otro, la violencia termina estallando. Como ha ocurrido con los ataques de grupos independentistas contra María San Gil y Dolors Nadal, y de radicales de izquierda –conectados con nacionalistas- contra Rosa Díez.
Cierto que la política es el arte de lo posible. Pero el precio de los nacionalistas siempre es caro. Y antes o después, se cobran su apoyo fenicio. PNV, CiU, ERC y BNG esgrimen una identidad propia, basada en algo tan irracional como el mito y tan poco democrático como la desigualdad (el fet diferencial, el Rh). ¿Para qué? Para conseguir dinero. Pura extorsión. En eso coinciden con los terroristas.
El soberanismo no es más que una excusa argumental, como el famoso macguffin de Hitchcock. El órdago independentista carece de sentido -amagan y no dan-, pero ¿qué importa el sentido? Lo que importa es sacar pasta.
Business is business. Pero para los que creemos en la democracia se trata de un mal negocio. Mal asunto dejar a unas minorías como árbitros del juego político. De hecho, la mitad de los españoles quiere limitar su poder, mediante una reforma de la Ley Electoral, según el sondeo de Intereconomía que publicamos en ÉPOCA.
Muchos ciudadanos perciben que los nacionalismos llevan el germen de la traición y tarde o temprano te la meten doblada. Se llenarán la boca apelando a la lealtad y la moderación, con el mismo desparpajo que un charlatán de feria. Pero te la terminarán clavando.
Recuerdan a la fábula de la rana y el escorpión.
Ya saben: un escorpión quería atravesar un río y le pidió a una rana que lo llevase. “No” -respondió la rana-; “si te llevo a mi espalda, me picarás y me ahogaré”. “¿Dónde está la lógica?” -replicó el escorpión-, “si te pico tú morirás y yo también me ahogaré”. La rana se dejó convencer y aceptó llevar el escorpión a la espalda. En mitad del río, la rana sintió el picotazo. “¿Y la lógica?” -se lamentó mientras se hundía-. “Lo que has hecho no es lógico”. “Lo sé” -respondió el escorpión-, “pero no puedo actuar de otra manera: es mi naturaleza”.
No sé si la comparación es exagerada, pero sí sé que, como el escorpión, el nacionalismo carece de lógica.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/146640
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alfonso Basallo






