Olla común o agua y aceite, he ahí el problema
18.02.08 @ 09:30:30. Archivado en general
Toda campaña electoral tiene algo de circo. ¿Qué otra cosa son las propuestas de los candidatos sino conejos de la chistera y golpes de efecto, entre el más difícil todavía y el humor desvaído de los clowns? Pero, a veces, el espectáculo tiene la virtud de poner sobre el tapete cuestiones que no son, en absoluto, coyunturales.
La inmigración. El PP ha tenido el acierto de coger el toro por los cuernos, aunque haya pecado de inconcreto; y el PSOE ha incurrido en la demagogia fácil (tildando a los otros de “xenófobos”).
Y mientras se enzarzan con la vista puesta en el corto plazo (menos de 30 días), España se las ve ante una de las metamorfosis más profundas en muchos siglos.
La inmigración de ida y vuelta de Almería a Alemania que reflejaba el landismo en el cine de los años setenta es un juego de niños comparada con los masivos desplazamientos de África, Asia y América a esta Europa dos veces vieja.
Habrá que reaccionar ante lo inevitable. Y sacar partido de los aspectos positivos. El más vital de todos es la savia joven que la inmigración va a aportar al asilo. España llegará a ser, en el año 2050, el tercer país más envejecido del mundo… Más de una tercera parte de la población será mayor de 65 años. ¿Se imaginan las consecuencias? El sistema de pensiones hará aguas cuando, a mediados de este siglo, tengamos dos jubilados por cada tres personas en activo. Un país envejecido es pasto de la pobreza, de la caída de competitividad, de la pérdida de peso específico en el mundo.
Pero la savia joven puede convertirse en arma de doble filo si abrimos el grifo indiscriminadamente, sin una política de inmigración justa y, a la vez, inteligente. Y esto es lo que ha brillado por su ausencia hasta ahora. En lugar de considerarlo asunto de Estado transversal, la inmigración ha devenido artículo de rebajas en los grandes almacenes electorales.
No hemos resuelto en España la premisa número uno: si vamos a un modelo de integración o a un modelo multiculturalista. El primero es mezcla, el segundo conjunto de comunidades cerradas. Integración es olla común. Multiculturalismo, aceite y agua. Ejemplo de integración ha sido EE UU (hasta hace poco). De multiculturalismo, los Balcanes.
La integración conlleva unas exigencias que los que vienen deben aceptar si quieren hacerse españoles (el contrato de costumbres de Rajoy es una idea, todo lo mejorable y matizable que se quiera). En cambio, el modelo multiculturalista se alimenta con el papeles para todos y la Alianza de Civilizaciones.
En Europa no existe una tradición de mestizaje, y culturas poco permeables como la musulmana tienden a cerrarse en núcleos herméticos: véase los turcos en Alemania, los paquistaníes en Reino Unido o los magrebíes en Francia. Y ya se está viendo en Sevilla, Barcelona… o la Sierra de Madrid.
El multiculturalismo conduce inexorablemente al enfrentamiento. En tanto que imponer unas mínimas condiciones para la integración abre el paso a una sociedad abierta y enriquecida por pertenencias múltiples.
En el caso español, no parece que sea mucho pedir la aceptación por parte de los musulmanes de los derechos humanos (a la postre, los valores más transversales). Y si no, puerta. Están en juego la dignidad de la persona y el futuro de la civilización.
Olla común o agua y aceite. He ahí la ecuación. Y es preciso resolverla cuanto antes. España ya es la segunda nación más multiétnica del mundo, después de EE UU. No sólo no es un problema ajeno y lejano, sino que nosotros somos el problema (el 10% de la piel de toro ya es extranjera). Un asunto demasiado importante para dejarlo exclusivamente en manos de los políticos.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/145254
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Y se ha premiado esta actuación. Nada es casualidad.
Ahora se manifiestan algunos al grito de "leyes racistas" y acusando de "xenofobia" a quien no acepte los hechos consumados, el "trágala" forastero(y el gobierno empieza a utilizar el mismo lenguaje).
Inconcebible en cualquier otro país, pero ya se sabe que esto es España, la patria del surrealismo.
A todo esto, el que suscribe tiene, igual que Vd., una opinión global muy positiva de la inmigración. Eso sí, a la europea, que ya sabemos todos como es: el negativo de la nuestra.
Entonces ya se demostró que la expulsión de una parte de la población del reino si no fué justa, fué necesaria. La actuación irresponsable de ahora, resuelta y planificada además por el gobierno actual pese a lo que pudiera parecer, nos retrotrae a problemas ya superados y se sustenta en el espejismo de aquella España que el Romanticismo convirtió en oasis, versión que solo conjuran los malos estudiantes de la Historia.
El efecto llamada indiscriminado ha dado paso a un indiscriminado ejército de reserva (mano de obra barata y sobrante) que se ha instalado en nuestro territorio sin respetar las fronteras ni las ...
El camino tomado por nuestro país -a juzgar por el poder que van adquiriendo determinados grupos,la presión que van ejerciendo,las regalías que van disfrutando, los servicios que van acaparando y las costumbres que van imponiendo- es ya irreversible. Se dice que en Granada hasta habría algún barrio dónde se habría acuñado moneda. Y no sería otro que "el del agua y el aceite", como corresponde a la importación de "culturas" que ya se demostraron incompatibles en el pasado; tal vez influidos sus mentores po...
La tercera pata, el turismo, se retraerá ante el aumento de la inseguridad ciudadana post paro y la crisis internacional.
¡Menudo banco vamos a construir con esas deterioradas tres patas! ¿Quien se quiere en él sentar?
¡Menudo panorama!
Sin embargo la construcción se surtía, para mayor beneficio de los anteriores, de mano de obra ilegal en muchos casos, barata siempre.
El consumo interno, la segunda pata, estaba potenciado artificialmente también por la inmigración descontrolada. Ahora se hunde.
Y ahora aparecen, con la crisis, los problemas que no van a tener otros países: los derivados de atender a este ejército de reserva que se ha importado desaforadamente en los buenos tiempos. Favorecía los benficios privados.
¿Y ahora? ¿Quien lo mantiene? Los gastos, claro, se imputan al dinero de todos, a lo público: privatización de las ganancias, nacionalización de las pérdidas.
Muy sencilla es su fórmula: remunerar a todo el mundo y especialmente a los jóvenes autóctonos, con justicia, suficientemente,para que pudieran pensar en el futuro sin temor, para crear familia y pensar en tener descendencia que tomara el relevo de la contribución que sostuviera las pensiones.
Siempre ha sido así hasta que los neoliberales, insaciables, han pensado que tras la caída del muro de Berlín ya no necesitan simular por más tiempo. El máximo beneficio es lo único que debe marcar la política económica. Y los dos partidos hegemónicos, ambos liberales y maastrichianos se han plegado a sus intereses.
Luego, el modelo de crecimiento desbocado, pan para hoy, hambre p. mañana, ha hecho el resto. El caos, en todos los ámbitos, está servido.
Tres patas tenía el crecimiento español, pero la primera, la construcción, se hundió por la rap...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alfonso Basallo





