18.11.08 @ 19:02:21. Archivado en general
Lo que faltaba. Ahora es Amnistía Internacional la que tercia en la polémica de las fosas y Garzón, y dice que es preciso depurar las responsabilidades de la Guerra Civil y el franquismo. Y no ya por obligación moral, sino por “imperativo legal“. O sea, hay que hacer Memoria Histórica, si o si. Porque lo dicen ellos.
La izquierda siempre ha tenido querencia histérica por la Historia, como instrumento de reescritura del pasado y por el lenguaje, como instrumento para distorsionar la realidad (el presente). Suele salirle bien. Pero a veces, se descubre el pastel y queda en paños menores.
Empeñarse en poner el retrovisor a España y enviar a jueces y policía hacia el pasado, como time-runner, pasajeros del túnel del tiempo, es absurdo se mire por donde se mire.
En primer lugar, porque nunca habría límite. ¿Por qué 1936 y no la Guerra de Marruecos de los años 20, donde hubo corrupción de Estado a mansalva, mientras la juventud española se desangraba en un conflicto colonial , y donde las complicidades-si alguien quiere investigar- podían llegar al Rey? ¿Y por qué no depurar responsabilidades del caciquismo, el pistolerismo, el anarquismo, o los Gobiernos de la Restauración, con aristócratas podridos de sobornos y terribles expolios, abusos e injusticias? Y así estaríamos hasta llegar a Napoleón, pidiendo a Sarkozy que indemnice a los descendientes del Dos de Mayo.
En segundo lugar, porque ya hubo una amnistía, aprobada en 1977, cuando sabiamente se puso el contador a cero, y la democracia arrancó finalmente en España, limpia de polvo y paja. Lo anterior nunca fue verdadera democracia -ni siquiera la II República-. Ya hubo un acuerdo de las fuerzas políticas por ceder generosamente posiciones y enterrar el pasado, a fin de desactivar la bestia cainita.
Y en tercer lugar, porque la Memoria Histórica se podría volver contra quienes la alientan. ¿Qué me dicen de Paracuellos, o de las masacres de religiosos en zonas de la Mancha o de Aragón, o -también hubo víctimas en la izquierda- de la desaparición, torturas y muerte del troskista Andreu Nin, líder del POUM, con la complicidad de Juan Negrín, jefe de Gobierno socialista?
Es más, la Memoria Histórica se puede volver incluso contra quienes reclaman que se depuren responsabilidades “por imperativo legal”
Algún día habría que contar el origen de Amnistía Internacional, que con la excusa de de denunciar injusticias, la capa de ozono, la extinción de las ballenas, el trabajo forzoso o la obesidad, se han convertido en una suerte de Inquisición laica… y unilateral.
Y es que, en su origen, Amnistía fue un invento de Alec Digges, un disciplinado miembro del Partido Comunista que, nada más morir Stalin, en los años 50, planeó con sus colaboradores la creación de una organización que exlotara las contradicciones de Occidente y las reservas de decoro humanitario de los países de la alianza estadounidense, para socavar así su autoridad moral.
Con el tiempo, AI se ha rodeado de un ejército de comparsas tan bienintencionados como útiles (¿tontos útiles?) y no ha dejado de castigar el higado de Occidente, por el flanco que más duele -la correción política-. Esas campañas son sistemáticamente ignoradas dentro del mundo comunista o poscomunista, que se encuentra a salvo de una prensa y una opinión pública libres. Lo cuenta un especialista, el chileno Claudio Véliz, en El verdadero origen de Aministía Internacional.
Ya dijo Heráclito, tan estudiado por Marx, que nunca te bañas en el mismo río. Pero los nietos de Marx no aprenden y, se empeñan en hacerlo zambulléndose en las agua pasada.