La última palabra la tiene usted
25.05.07 @ 07:30:07. Archivado en general
Nunca se les ocurrirá pensar (a los seres humanos) que democracia es en realidad el nombre de un sistema político, incluso de un sistema de votación, cuya conexión con lo que están intentando venderles es muy remota", explica Satán a sus aprendices de tentadores en Cartas del diablo a su sobrino, de C. S. Lewis.
Pero, a la vez, acudir a las urnas es una de las pocas libertades reales que el sistema nos reconoce. No sirve para frenar el calentamiento de la Tierra ni para hacernos más guapos, pero nos permite, modestamente, papeleta a papeleta, expresar nuestra aprobación o rechazo a quienes gestionan nuestros euros.
La urna cifra los anhelos y esperanzas de los ciudadanos, como si se tratara de la Bonoloto. En las elecciones de 1977, cuando empezó la Era Democrática, algunos columnistas se ponían tiernos con frases como ésta: "Es un doctorado honoris causa de la ciudadanía en el que cada hombre, cada voto, es un doctor que luce los colores de esta disciplina: el verde esperanza" (textual). Y desde entonces, los creatas de los partidos se han devanado los sesos para apelar al protagonismo del ciudadano. Los gobernados se sienten importantes una vez cada cuatro años, como se sintió una sola vez en su vida Don Eloy, el jubilado de La hoja roja de Delibes, cuando fue homenajeado en la Sociedad Fotográfica.
Pero la sensación es efímera. Uno se siente escuchado -y hasta visitado por el líder, si tiene la suerte de estar en el mercadillo oportuno en el momento adecuado-. Uno recibe su ración de promesas, cuyo plato fuerte no puede ser más pequeñoburgués: bienestar y seguridad. Uno quiere aparcar el escepticismo y creer, una vez cada cuatro años, que un hombre vale lo que valen sus palabras. Y lo consigue durante algún tiempo. Exactamente lo que tardan en extinguirse el eco de las fanfarrias -la noche electoral-, con el televisor lleno de porcentajes y quesitos en porciones.
Este cúmulo de sensaciones se acentúa cuando la cita con las urnas tiene un carácter decisivo, como estas primarias que no lo son pero en realidad sí lo son. Cuando después de una legislatura aciaga y atípica (desde su origen), crecen las esperanzas de cambio y se confía en que las autonómicas y locales dibujen el esbozo de esas generales que se hacen eternas.
Unas primarias que -no se olvide- ha forzado el presidente con una política irresponsable y alocada, que ha dividido a los españoles y ha puesto en juego intangibles laboriosamente conquistados después de 30 años, como el consenso y la convivencia.
La democracia es una suma de paradojas. Desde su irónica definición ("el peor de los sistemas políticos, a excepción de todos los demás") hasta los contrapesos que hacen de su necesidad virtud, pasando por los tributos pagados a las minorías (ese bisagrismo fraguado en la Transición que critica Otero Novas en ÉPOCA).
Si una cualidad tiene este sistema tan imperfecto es su capacidad de fomentar un sano recelo del ciudadano hacia el poderoso. Mediante el papel de la oposición, los medios informativos y el propio derecho al sufragio.
Si cree que se han reído de usted, despilfarrado el dinero que le administran, engañado con falsas promesas, o amenazado con el abuso, siempre tiene la posibilidad de echarlos. Si cree que han defraudado su confianza, despídalos.
Porque el dueño del chiringuito, el propietario de la Cosa, es usted. Ellos no son más que gestores contratados que deben rendirle cuentas cada cuatro años.
No digamos si, como ocurre en este caso, el futuro del país puede estar en juego con una comunidad autónoma -Navarra- como moneda de cambio del chantaje terrorista y nacionalista.
No digamos si, además de ineficientes, son inmorales, cómplices y traidores.
¿No le gustan? No se queje: póngalos de patitas en la calle.
Comentarios:
si os parece bien pasad el mensaje de la Noticia que dábamos hace unos minutos (antes que cerraran la pagina de PAZ DIGITAL) sobre el buzoneo de papeletas falsas del PP para que cuenten como votos nulos, (nuestra fuente es fiable cien por cien). Os pongo el mensaje a pasar:
ATENCIÓN. Las papeletas de su buzón pueden ser falsas. Elija la papeleta en la cabina electoral. ¡PÁSALO!
gracias.
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Alfonso Basallo



