Elogio de la desobediencia
18.05.07 @ 08:00:59. Archivado en general
LOS lectores mayores de 40 años recordarán los libros de Formación del Espíritu Nacional (FEN) de la editorial Doncel, con los dibujos gordos de Perelló, los versos de Pemán y los himnos de las distintas familias del régimen (carlistas, falangistas). La asignatura era un truño, invariablemente impartida por un capitán o policía secreto (a éstos se les distinguía por el bulto de la americana), que se acaba un sobresueldo como profesor de Educación Física o de FEN. Y a nadie le importaba un rábano.
Quién nos iba a decir a nosotros que, en pleno siglo XXI, nos íbamos a encontrar con otro pestiño ideológico, con la diferencia de que nos importa mucho porque amenaza la integridad intelectual de nuestros hijos, y quizá no sólo intelectual. Se trata de Educación para la Ciudadanía, un tiro estatalista en la línea de flotación de la libertad de enseñanza, que pretende imponer el Pensamiento Único, con los himnos de las distintas familias del régimen (laicistas, lobby gay). Gregorio Salvador, vicedirector de la Real Academia, lo denuncia en una entrevista a ÉPOCA.
La ministra de Educación quita hierro al asunto y niega que haya la menor “intención de nada que pueda parecerse a adoctrinamiento”. ¿Ah, no? La asignatura te impone a ti, ciudadano libre e intocable, la visión laicista de la vida y, encima, te obliga a estudiarla, metabolizarla y examinarte de ella, como si fueras un chino de la época del Gran Timonel.
Si eso no es adoctrinamiento, que baje Mao y lo vea.
De esa forma, el Estado vulnera su obligación de ser exquisitamente neutral en ese tipo de asuntos (eso quiere decir precisamente a-confesional). El Estado debe ser laico, no laicista. Porque si, como explica Habermas, el Estado hace de la laicidad su instrumento de poder e influencia, si impone esa visión a golpe de cates (la letra con sangre entra), está cometiendo un abuso y entrando en la libertad de los ciudadanos como un elefante en una cacharrería.
La Educación para la Ciudadanía es una gran mentira, comenzando por su propio nombre. Educación y relativismo equivale a hablar de círculo cuadrado. Si no existen el bien y el mal, si la ideología de género trata de decir que lo blanco es negro al borrar la más elemental de la distinciones -varón y hembra-, si la ética queda en manos del Estado, si no hay verdades objetivas… entonces no cabe hablar de educación, sino de repetición de consignas.
Si el relativismo conduce a la ley del más fuerte, el adoctrinamiento para la ciudadanía es el resquicio por el que el Estado allana la república independiente d tu cabeza.
Tan grave y decisivo es el asunto que sólo cabe apelar a la objeción de conciencia. Un derecho, reconocido por la Constitución, cuando una norma jurídica entra en conflicto con las convicciones ideológicas o religiosas. Y que ya han invocado algunos padres y un centro (el colegio Monte Tabor de Madrid), plantando cara a quienes se atreven a dictarles lo que tienen que pensar.
A esos padres habría que hacerles un monumento, porque son unos Daoiz y Velarde de la democracia frente a la tiranía del Pensamiento Uno, Grande y Laico.
No sé ustedes, pero a mí no me hace gracia que me traten como a un dominguillo, me frían a prohibiciones, me organicen el día, me quieran salvar la vida amenazada por vicios nefandos (beber, fumar, pensar). Y encima me catequicen tratando de convencerme de que, si exploro a fondo mi cuerpo, llegaré a la conclusión de que soy una señora.
Comentarios:
Lo intolerable sería que tuviesemos que subvencionar los colegios católicos y que se nos impusiese la educación en esos colegios. La católica, judía, musulmana, o laicista-gay. Los padres, responsables de la educación de sus hijos según la constitución, escogen el colegio que mejor representa la educación que quieren para sus hijos, pero el Gobierno no puede decidir qué cosmovisión se va a imponer en todos los colegios.
El Estado es aconfesional, es decir, que no sigue ninguna confesión de forma oficial. Esto significa dos cosas: el Estado no impone ninguna (ni la laicista-gay), y el Estado permite la existencia de confesiones religiosas.
La injerencia en el ámbito privado de las creencias de los ciudadanos o en el modo de educar a los hijos es, además d...
Una aclaración al sr. Menut. Los colegios religiosos, si privados, a vd. no le cuestan nada y si son concertados, no solo no le cuestan sino que ahorran una pasta. Salen más baratos que los públicos. Así que no diga más tonterías.
Los héroes de ese colegio, vista su voluntad de adoctrinamiento sectario católico, que se paguen la salvación con su dinero, con el mío no. Objeción de consciencia ya. Ni un duro a los colegios religiosos.
Estamos en un estado laico, ya está bien de que se de prebendas a los religiosos, ya sean católicos, musulmanes, judíos, animistas o cienciológicos.
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Alfonso Basallo



