Los padres no existen
09.01.06 @ 19:21:41. Archivado en general
ACABO de ver al fantasma cenizo de Kafka en televisión. Resulta que los padres no existen. Los regalos de la noche mágica del 6 de enero no los ponen ellos, sino… las grandes superficies. Mercado 1, Familia 0.
El XX ha sido el siglo de la muerte del padre, preconizado por el autor de la Metamorfosis. Todo empezó con el matrimonio, sometido a sospecha por el teatro escandinavo y rematado por las comedietas de Alfonso Paso y la ley/adefesio de Fernández Ordóñez. Las rupturas conyugales produjeron semihuérfanos, con derecho -eso sí- a una visita dominical del progenitor en esos locutorios de padres separados que son las hamburgueserías.
Después empezaron a nacer hijos fuera del matrimonio (uno de cada cuatro según las últimas estadísticas) e, incluso, dentro del laboratorio. Eso los que tenían suerte. Casi un millón se ha quedado en el camino, durante los últimos 20 años, una vez que sus madres les hicieron una oferta que no pudieron rechazar.
Paréntesis. ¿Se escandaliza alguien de que utilice la retórica de Corleone para referirme al asunto? ¿O prefieren interrupción voluntaria del embarazo? Fin del paréntesis.
Reducidos los hogares a orfelinatos, a pisitos de solteros o a frankenstein de familias, hechas con remiendos de otras familias, previamente descosidas; convertida la pareja conyugal en protagonista prácticamente diaria de la página de sucesos, el padre quedaba fuera de juego y la patria del hombre dejaba de ser su infancia.
Pero la Historia y el sentido común sugieren que la familia es más grande (y más práctica) que los experimentos con gaseosa. Leyes como las de Zapatero (el cóctel de divorcio exprés y matrimonios gays) destrozarán a un par de generaciones, pero carecen de futuro.
¿Por qué, desde los albores de la Humanidad, el hombre busca a la mujer y promete quererla? ¿Quién le obliga a ello? ¿Por qué no ha dejado de haber matrimonios en todas la latitudes geográficas, y en todos los periodos de la Historia, por difíciles o oscuros que fueran?
¿Por qué varón y hembra han dejado a sus familias y han formado otra nueva, y se han hecho una sola carne? Y no porque lo diga un tipo con alzacuellos o un civil con una toga o el capitán de un barco.
¿Qué tiene la familia? ¿Qué clase de imán irresistible continúa empujando al hombre a organizar su vida en pareja? ¿Qué grandeza late en algo tan corriente, como la promesa que se hacen un hombre y una mujer para unir sus vidas, ayudarse mutuamente y traer hijos al mundo?
La respuesta parece obvia: se trata de algo natural. Y, frecuentemente, lo natural corre el peligro de ser considerado vulgar.
No existen los padres en la España de 2006... pero tampoco magos. Detrás de las barbas blancas y el rostro tiznado de betún no hay otra cosa que consumo, el monstruo de la mitología moderna.
Sustituir a los padres por videojuegos, a las madres por madrastras o a la familia por extravagantes combinaciones equivale a “sustituir los ojos, el corazón o los pulmones de la sociedad” (Chesterton).
La familia es política (y sobre todo) económicamente incorrecta. Su lógica es la del gratis total: el amor no se puede merecer, tampoco exigir. Es el único lugar del mundo donde las personas no son valoradas por lo que tienen, por su eficacia o por sus resultados, sino por lo que son. Un oasis de desinterés en un desierto llamado mercado
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Alfonso Basallo



