Ni Una, ni Grande, ni Libre
20.11.09 @ 17:53:27. Archivado en Política Nacional
Hoy se cumplen 34 años de la muerte “oficial” del General Franco, coincidente casualmente en fecha con el 73 aniversario del fusilamiento del Jefe de Falange Española D. José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante. Bajo el lema de Una, Grande y Libre, se provocó un alzamiento militar contra el Gobierno de la II República y una guerra civil que, tras millones de bajas y un total empobrecimiento, llevó a España a una férrea dictadura militar de 40 años que finalizó, al menos sobre el papel, con la aprobación en referéndum de la Constitución de 1978, del sistema político de Monarquía Parlamentaria y el reconocimiento de las Autonomías, algunas de ellas con sus propios Fueros y distinciones sobre el resto.
Ese sistema ha envejecido bastante mal y sus pilares que parecían sólidos han demostrado ser de materiales de baja calidad que están a punto de provocar la caída de todo el edificio. La verdad es que la tan envidiada “Transición” pacífica, solo ha sido un espejismo y por la debilidad de sus bases lo que ha conseguido es solo un retraso en un inevitable y cada vez más cercano enfrentamiento con las posiciones nacionalistas separatistas. Ya se habla sin ambages de insumisión y de amenazas de secesión.
Y si buscamos una explicación del cómo se ha llegado a esta situación, la respuesta es simple, la ambición desmedida de una casta política profesionalizada sin ideología ni ética, una clase sindical subvencionada y la apatía progresiva de una Monarquía. Como nexo común en todos los casos es que están, alejados del sentir de los ciudadanos, anclados en un plano de prebendas y prerrogativas inapropiadas e inaceptables para los tiempos actuales y obsesionados con el objetivo de perpetuarse y legitimar sus derechos amparados en esa débil y enferma Constitución.
La verdad es que es una auténtica vergüenza el papelón que están haciendo las Instituciones más altas del Estado y entre ellas el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Lo que debería ser el “Sancta sanctórum” de los derechos cívicos y de la defensa de las libertades de los ciudadanos, se ha convertido en unos foros de luchas políticas para alzarse con el poder mayoritario que otorgue el control. Por eso, esas Instituciones han perdió toda la credibilidad y el respeto para acatar sus sentencias.
Un Tribunal Supremo que pone en duda el derecho a la privacidad y permite el uso de un sistema ilegal de vigilancia de los ciudadanos sin el debido control y amparo judicial. Y como justificación indica que este sistema es “preferible” al que había antes, supongo que se referirá al que implantó el Gobierno del PSOE del Sr. González con las escuchas por el CNI “desde el rey hasta abajo”. Es decir, el TS opta por asumir de lo peor, lo menos malo, sin profundizar en la ilegalidad real de dicho sistema sin cobertura mediante Ley Orgánica.
Un Tribunal Constitucional que lleva estancado en esa lucha por conseguir las mayorías de control para asegurar el sentido político de sus sentencias. Una paralización de las actividades de impacto como la no resolución del Recurso de inconstitucionalidad contra el Estatuto de Cataluña. Una sentencia que lleva varada tres años y que la presidenta en funciones, designada por el PSOE mediante una ley ex profeso para prolongar su mandato, ha avanzado que se pospondrá durante otro año. Un retraso inaceptable para unos ciudadanos que vienen sufriendo el desarrollo de dicho Estatuto y la promulgación de leyes que violan derechos fundamentales.
No sé si el PP quiere mantener aún ese viejo lema de Una, Grande y Libre, pero desde luego no parece que esté haciendo mucho para ello. La evidencia es que estamos en Una plurinación insolidaria y desunida, pequeña en el escenario mundial y en la que las libertades de los ciudadanos van sufriendo una merma más que notable. Quizás sea eso lo que nos merezcamos, aunque no me resigno a dejar que eso suceda sin denunciarlo. Diré como el Sr. Pons al Sr. Rubalcaba, no nos vamos a callar.
Vicente A. C. M.



