Un país a la deriva

Borrell firma un Tratado pernicioso para España.

26.03.19 | 17:05. Archivado en Política Nacional

EL TRATADO “BORRELL” SOBRE LA FISCALIDAD EN GIBRALTAR OPACO A LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN NO SE EDITA EN LA PÁGINA WEB DEL MINISTERIO SIENDO EL PRIMERO REALIZADO EN 300 AÑOS DE COLONIZACIÓN DEL PEÑÓN TRAS EL TRATADO DE UTRECHT.

Solo viendo la reacción de euforia incontenida del llamado Primer Ministro de Gibraltar, Fabián Picardo, se puede deducir el papel de pardillo que ha hecho el Ministro de Exteriores español, Josep Borrell, firmando un pacto con el Reino Unido e Irlanda del Norte sobre el tema del contrabando (tabaco y droga) y de la fiscalidad (una forma como otra para resolver el vergonzoso tema de paraíso fiscal que existe en el peñón). Y ya que el Ministerio de Exteriores no se ha dignado a hacer público este importante Tratado internacional firmado el pasado día 4 de marzo, a continuación, gracias a la labor impagable de los diarios digitales de La Razón de Francisco Marhuenda y de OK Diario de Eduardo Inda, nos podemos medio enterar de lo que le ha puesto tan eufórico a este mindundi de Picardo que ha escrito:
This Treaty recognises the existence of a separate and distinc tax authority in Gibraltar” (Este Tratado reconoce la existencia de una autoridad fiscal separada y distinta *(del Reino Unido, claro) en Gibraltar).

Y es verdad, porque el periodista Carlos Cuesta nos muestra la parte del Tratado en la que se reconoce esta “autoridad gibraltareña” hasta en tres ocasiones. Y como muy bien expresa en su artículo: “La materia fiscal exige soberanía. Y, hasta el momento, España sólo aceptaba acuerdos respaldados por la soberanía británica”. Un error de bulto que, si es intencionado, puede calificarse de traición. Pero todavía cabe la esperanza porque este acuerdo aún debe ser aprobado por el Parlamento de España, que tiene el deber de parar este despropósito que renuncia a las reclamaciones históricas sobre el peñón de Gibraltar y los logros alcanzados en las diferentes resoluciones de la ONU al no reconocer otro interlocutor que El Reino Unido. España no puede admitir ninguna Soberanía implícita que no sea la que recoge el Tratado de Utrecht que es la del actual Reino Unido. Así que debe ser el Reino Unido el que exija a sus colonos el que entreguen la documentación solicitada y cumplan con lo pactado con España.

Josep Borrell ha querido pasar a la Historia como el artífice del fin del paraíso fiscal de la UE en una colonia en lo que era suelo español, pero ha cometido un error garrafal que debe ser subsanado por el Parlamento de España. Lo malo es que en ese afán de pasar a la Historia no termina con el contencioso de la descolonización; ni con el abuso británico de la ocupación de la llamada zona neutral en la frontera con la construcción de un aeropuerto internacional en esos terrenos anexionados ilegalmente; ni tampoco con la ocupación de zona marítima anexa al peñón para expandir el territorio y construir más zona urbana. Su actitud tibia en las protestas, emulando a sus antecesores en el cargo del PP y de su propio partido, el PSOE, no causa el menor impacto en la voluntad del Reino Unido de mantener la colonización y reconocer a los gibraltareños una soberanía futura que nunca podrá ser admitida por España. Y todo ello sin mencionar la apropiación por la fuerza de su poder militar y la amenaza de su flota, de unas aguas jurisdiccionales españolas no contempladas en el Tratado de Utrecht y que es un foco de constantes roces entre las lanchas aduaneras de la Navy británica en el Peñón y las de vigilancia de costas de la Guardia Civil, en una escalada de conflictos y acosos que puede llevar a un indeseado enfrentamiento.

El Peñón de Gibraltar hace mucho tiempo que ha dejado de ser un enclave estratégico militar para ser solo un reducto más de delincuentes, contrabandistas y defraudadores. Es decir, otro paraíso fiscal británico que se une a la isla de Man. Una situación promovida y apoyada por esas “autoridades” del peñón, que no pasan de ser unos funcionarios británicos de segunda de una pequeña ciudad rural inglesa con ínfulas. Un estatus que, de reconocerse esa soberanía ilegítima por España, llevaría a la descolonización inmediata y a adquirir el peñón el estatus de Estado independiente asociado. Por eso está Fabián Picardo tan exultante por el Tratado de Borrell en algo que lleva persiguiendo desde que consiguió el cargo de Primer Ministro de Gibraltar.Porque es evidente que El Reino Unido mantiene el espíritu colonial e imperialista de siglos pasados, y entre ellos la indignidad de que Gibraltar sea una colonia en la Europa del siglo XXI, sin ninguna voluntad de revertir esta situación, sino todo lo contrario. Los diferentes “memorándums” sobre Gibraltar incluidos en el texto aprobado de condicionado para el BREXIT ha sido otra vergonzosa concesión que se ha querido disfrazar de éxito para España, por matizar algo que ya contemplaba el Tratado de Utrecht. Para España, la frontera del Gibraltar es equivalente a la del Reino Unido y a la que le deben aplicar todas las condiciones en el nuevo estatus de país fuera de la UE. Y eso aplica en ambos sentidos en la frontera. Lo mejor para España es desde luego que este BREXIT sea rechazado por los propios británicos y se produzca un divorcio sin acuerdo. Porque tras esas sonrisas de Theresa May, las negociaciones han sido a cara de perro, salvo que España ha terminado por ser un asustadizo caniche.

Solo espero que Josep Borrell cuando deje el Gobierno y el Ministerio de Exteriores, consiga ser elegido eurodiputado y se traslade a Bruselas, no contribuya como ha hecho durante su corto mandato al desprestigio de España y se sume a la conspiración de esos 60 senadores franceses que se han pronunciado a favor de la secesión de Cataluña. Una nueva afrenta que sigue sin contestación a otras afrentas de altos representantes de Gobiernos europeos como el Belga en su ala flamenca, o la de países como Estonia o Escocia,o incluso Alemania incapaz de hacer una Justicia común en sus Länders, que ven una oportunidad de hacer de la secesión un frente común para sus propios intereses. No sé si se mostrarían tan activos y comprometidos si, por ejemplo, se reclamase desde el Senado español la integración del Landeloc a Cataluña o de las tres provincias vascas del sur de Francia a El País Vasco como territorios históricos. En cuanto a Francia, ya va siendo hora de que Josep Borrell haga una protesta enérgica por esta intolerable intromisión en asuntos que solo competen a España, a su Gobierno, a su Parlamento y a todos los españoles. Es una desvergüenza mayúscula.

La ONU hace décadas que tiene consagradas las actuales fronteras nacionales y todo aquello que haya sido modificado por la fuerza militar, como por ejemplo el caso de los Altos del Golán y territorios ocupados por Israel, o la invasión y anexión de la península de Crimea por la Federación de Rusía, o la anexión del Tibet por la República Popular China y su intencin de invadir Taiwan, nunca podrán ser reconocidas por el resto de las naciones democráticas y libres. El caso de Gibraltar es un asunto recogido y reconocido en un Tratado internacional con absoluta validez y debe cumplirse en todos sus términos. Algo que El Reino Unido, apoyado en su fuerza militar desoye con insolencia y prepotencia. A España, que no es ninguna potencia solo le queda el derecho a la protesta (léase pataleo) y al amparo de la ONU y de la Justicia Internacional, siendo una sinrazón el que forme parte de una coalición militar como es la OTAN donde también está el Reino Unido. Una incogruencia más que añadir a la debilidad de nuestra nación.

Nada bueno para España es esperable de este irreconocible PSOE de la transición, que se ha convertido de nuevo en el PSOE de la traición. Lo que resulta sorprendente y hasta deprimente es que las encuestas se empeñen en decirnos que este PSOE va a ser la opción más votada y que igualaría en escaños a los que ahora dispone el PP, al que condenan a un batacazo electoral histórico que le devolvería a la época de Alianza Popular de Manuel Fraga, sin serlo. ¡Ya quisieran! Pero todo es posible y como dice la ley de Murphy: “si algo puede empeorar, seguro que lo hará

¡¡¡VOTAR PSOE ES VOTAR A LOS GOLPISTAS Y ENEMIGOS DE ESPAÑA!!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!


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