Un país a la deriva

La hora de la justicia.

28.01.19 | 18:16. Archivado en Sociedad

COMIENZA EL MOMENTO DE DIRIMIR RESPONSABILIDADES CIVILES Y PENALES POR LA MUERTE DE UN NIÑO INOCENTE QUE HA MANTENIDO EN VILO A MEDIO MUNDO EN SU RESCATE.

El circo en torno al pequeño de dos años y medio precipitado en un pozo ilegal en una finca ubicada en el Cerro de la Corona, perteneciente al municipio de Totalán en Málaga, prosigue a buen ritmo alimentando los programas de las mañanas y de las tardes en esas televisiones que viven del morbo y del espectáculo. Algo que se ha servido minuto a minuto creando un ambiente de expectación y de presión sobre los rescatadores en una carrera imposible contra el tiempo en el que se ha querido mantener hasta el final la ilógica “esperanza” de que aún tras más de dos semanas se siguiese encontrando con vida. Una ilusión incompatible con la realidad de los hechos: el físico y el puramente médico de la supervivencia de un niño de tan corta edad tras un trauma como el sufrido. Un rescate que tuvo unos prolegómenos dubitativos en cuanto a qué tipo de medidas habría que adoptar. Y en primer lugar fue la extrañeza sobre la caída en un pozo que en su boca no superaba los 30 centímetros (cm) (según el pocero de 21 cm) y era algo más estrecho, unos 25 cm de media en todo su recorrido. Las primeras medidas tomadas fueron de exploración para intentar localizar al niño usando una cámara que detectó que el pozo llegaba hasta los 71 m de profundidad, lugar en el que se encontró un tapón, y en extracciones posteriores de material: un paquete de gusanitos, un vaso y pelo del niño que confirmaba que se había precipitado y efectivamente se encontraba en el pozo bajo ese tapón de escombros.

Lo inquietante es que el pocero que hizo ese pozo reconoció que habían llegado hasta los 110 m de profundidad sin encontrar agua, que se había cerrado con una piedra la entrada y que el lugar había sido modificado por otros haciendo una explanada en forma de L de 35 metros por 5 m rebajando varios metros la perforación y dejando el pozo sin la protección. Una versión que difiere de la del propietario de la finca que niega que se hubiese cerrado y que fueron ellos los que tuvieron que poner piedras. La otra gran cuestión es el tapón de escombros que cubría al pequeño. Nadie se explica cómo se produjo semejante avalancha de material de las paredes, ni por qué cuando se extraían mediante un tubo succionador, se toparon con una dureza más propia de sedimentos compactados y no precipitados. La siguiente incógnita está relacionada con el relleno de más de 30m realizado a posteriori por personas diferentes del pocero. Que fue lo que se encontraron los mineros al llegar por la galería horizontal a la ubicación del pequeño. La perforación se realizo en diciembre y solo unas semanas después ya estaba la parcela explanada.

Hay otras cuestiones que pueden tener su importancia y es la relativa a las declaraciones de los que allí se encontraban cuyo testimonio oficial dispone la Guardia Civil, llegándose incluso a una reproducción de los hechos in situ, para ver dónde se encontraba cada uno en el momento del suceso. Son las mismas declaraciones que durante los primeros días realizó su progenitor versionando una escena dramática donde dijo: “Habíamos ido a pasar un día de campo en una parcela del novio de mi prima, que inauguraba ese día. Estaban ellos, la hija, que también tiene dos años y medio, mi mujer, el niño y yo”. Sobre los momentos previos al suceso relató que “Estábamos preparando una paella. Yo estaba echando leña al fuego y mi mujer cogió el teléfono para avisar de que no iba al trabajo. Ella estaba con Julen y me pidió que yo le echara un ojo mientras llamaba. El crío estaba a cuatro o cinco metros. Yo fui a coger un par de troncos y el niño echó a correr”. Después añadió refiriéndose a su prima que corrió tras el niño y vio cómo se precipitaba por el pozo: “Está destrozada, imagínate. Vio cómo Julen caía de pie por el agujero, con los brazos hacia arriba. Yo llegué justo después. Aparté como pude las piedras y metí el brazo hasta el hombro, apoyando la cabeza contra el suelo, para tratar de alcanzarlo, porque no sabía la profundidad del pozo y creía que él estaba más cerca. Yo escuché llorar a mi hijo. Solo pude decirle: Estate tranquilo, papá está aquí y el hermanito nos va a ayudar”.

En este relato espeluznante hay algunas partes que no terminan de casar, ya que si oyó llorar al niño es que: durante el escaso tiempo de caída libre hasta los 71 m del fondo del pozo, que se puede estimar en unos 4 segundos fuera menos que el que empleó para llegar a la boca del pozo, habiendo quedado el niño atascado y posteriormente cayera llorando, hasta que dejó de oirlo. El informe forense preliminar indica que estaba de pie y con los brazos extendidos hacia arriba, (tal y como declaró la prima del padre que le vio caer), y se observa la existencia de “traumatismo craneal y múltiples erosiones compatibles con la caída”. Ese traumatismo craneal se atribuye a que fuese golpeado por algunas piedras arrastradas junto a la arena en el roce del cuerpo con las paredes irregulares del estrecho pozo. Lo que no se explica es ni la gran cantidad, ni la dureza y ni el apelmazamiento del famoso tapón, que descubrió la cámara introducida por una empresa malagueña experta en trabajos en tuberías, y que no se pudieron extraer por medios mecánicos. Por cierto, nadie contó que se hubiera cegado hasta casi 40 m del pozo (el niño se paró a la cota de -71m cuando el pozo excavado era de 110m), cosa que descubrieron los mineros al llegar hasta el cuerpo del pequeño.

En este desgraciado asunto parece deducirse mucho más de lo que hasta ahora se ha trasmitido como relato oficial. Es indudable que el rescate ha sido una obra titánica donde no se han escatimado ni medios humanos ni materiales para llevar a cabo el objetivo de recuperar al niño, con la impagable solidaridad de personas y empresas de toda España que se han puesto a disposición del equipo y de la Delegación del Gobierno. Y todo con grave riesgo de la propia seguridad de los que allí estaban por la precariedad de las obras emprendidas que debían amoldarse y someterse a lo que ese cerro les iba imponiendo a cada paso que daban. Haber removido más de 40.000 toneladas de terreno ya confirma la envergadura de la misión. Un peligro evidente por las características abruptas del terreno. Un cerro que en su ladera sur se caracteriza por acoger bastantes viviendas unifamiliares, algunas con piscina que no parecen precisamente chabolas o casa de campo al uso. Basta usar Google Earth para comprobarlo con fotos cenitales del 2016 en la zona elevada del municipio de Totalán. Se supone que la planificación urbanística y los permisos de construcción y prospección son competencia del Ayuntamiento del municipio.

Ha llegado la hora inevitable de dirimir responsabilidades. Todo parece indicar que fue un desgraciado accidente que ha destapado un problema grave ya denunciado a lo largo de todo el país, donde se calcula que existen más de un millón de pozos ilegales. El caso de este niño es que no ha sido la primera víctima, pero sí la más mediática por las especiales características del pozo y del irrepetible operativo del rescate. Hay que apelar a la conciencia de los que acometen de forma tan irresponsable este tipo de prospecciones y no cumplen los requisitos mínimos de seguridad. Pero también hay que exigir que las autoridades competentes cumplan con su función de vigilancia. Sobre todo hoy en día que existen medios como los drones que pueden inspeccionar extensas áreas y obtener evidencias visuales.

Quiero que sepan que esta es mi particular visión de un suceso terrible basada en las declaraciones publicadas por los medios de información. No presupone ningún prejuicio ni insinuación alguna, sino tan solo un intento de resaltar algunas cosas que parecen fuera de toda lógica.Es la hora de los jueces y hay que dejarles que hagan su trabajo e impartan justicia.

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!


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