Un país a la deriva

Mensaje Navidad: Una oportunidad perdida

25.12.18 | 12:24. Archivado en Política Nacional

EL REY PIERDE UNA OPORTUNIDAD PARA PARAR LA DERIVA SOCIALISTA DE CONCESIONES A LOS GOLPISTAS CATALANES.

¡DECEPCIÓN! Es lo que para mí define el mensaje de aliño que ayer noche hizo su Majestad el Rey D. Felipe VI como Jefe del Estado (una figura por cierto con reminiscencias franquistas con la que comparte exclusivamente el mando teórico supremo de las Fuerzas Armadas, pero sin ninguna otra atribución ejecutiva que sí tendría el Presidente de la República). En mi opinión, anoche el Rey perdió una oportunidad única para reafirmar la unidad de España ante los graves desafíos que siguen muy vivos desde el territorio autonómico de Cataluña, su Gobierno independentista y el Parlamento dominado por los mismos partidos que dieron el golpe de Estado. Una situación agravada por la consolidación de las asociaciones secesionistas ANC y OMNIUM y una CUP que mantienen a los CDR (Comités de Defensa de la República) y a buena parte de los Mossos como fuerzas de choque y de coacción de la ciudadanía, violando sus derechos fundamentales y protagonizando actos de violencia coordinados en esa especie de guerrilla callejera que recuerda mucho a la “Kale borroka” que durante años imperó en El País Vasco y Navarra. Porque precisamente el núcleo del mensaje de D. Felipe fue el de apelar a la “convivencia”, cosa que, en esa parte de España abandonada por el Estado de Derecho, hace tiempo que está ausente.

El discurso no pudo ser más neutro y personalista. El entorno elegido fue una parte del salón principal del Palacio de Zarzuela con amplios ventanales que dan acceso al impresionante jardín exterior donde, en algunos planos medios, aparecía un enorme abeto decorado con luces navideñas. En el interior se podían ver dos cómodas Luis XIV iguales a cada lado del ventanal sobre las que se ubicaban sendos cuadros no distinguibles. Bajo los muebles se situaban centros de flores de Pascua. En el mueble de la izquierda de la imagen se podían ver sobre él unos libros apilados y una foto difusa de D. Felipe y Dª Letizia con un vestido de rojo. En el otro mueble a la derecha había un conjunto escultórico minimalista representando a la Sagrada Familia con las figuras de San José, María y Jesús en la cuna. A la izquierda de la imagen y tras el Rey aparecían las banderas de España y de la UE. Una grabación con mezcla de diferentes planos medios y cortos donde el enfoque se centraba en el Rey mostrando el resto de forma difuminada para no desviar la atención y con moviemintos suaves de desplazamiento de la cámara. En resumen, una puesta en escena menos seria y rígida que la del mensaje del año pasado el 3 de octubre tras el golpe de Estado en el despacho oficial y con el retrato del Rey Carlos III con el bastón de mando. Igualmente, con un mensaje más contenido incluso que el de Navidad del pasado año.

El núcleo del mensaje ha sido el de incidir en una idea: “la defensa de la convivencia”. Eso tras un largo preámbulo donde se refirió a la Constitución en su 40 aniversario y las dificultades para su creación y resaltar los valores que inspiraron el consenso y lograr la democracia y la libertad y las normas para la convivencia. Lanzó un mensaje contra aquellos que quieren mantener vio el doio y no terminan de pasar página como le ocurre al PSOE con su Ley de Memoria Histórica, cuando dijo que "El rencor y el resentimiento son nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan". Afirmó que eso no bastaba y que teníamos una deuda con los jóvenes a los que lanzó un mensaje de ánimo, empatía y comprensión, en los que deposita el futuro de España, y a los que debemos de procurar que logren un trabajo digno y acorde con su formación, evitando la fuga masiva hacia el exterior y el abuso de los infra contratos de trabajo inapropiados para la formación que disponen y que es insuficiente para que puedan realizar un proyecto de vida digno y así hacerlos partícipes de lo svances conseguidos tras la Constitución.

Seguidamente se centró en la defensa de la convivencia. Como premisa afirma, no sin arriesgarse a que se tome como un mero brindis al sol o simples buenos deseos que “Hoy, que vivimos en una democracia asentada y que compartimos unos mismos principios y valores con otras democracias de nuestro entorno, es imprescindible que aseguremos en todo momento nuestra convivencia”. La democracia asentada se pone realmente en cuestión con la realidad de los desafíos secesionistas que afectan a buena parte de los territorios autonómicos que no se conforman con ese estatus y a una buena parte de la población, azuzada por partidos reaccionarios, que aspira a obtener la independencia y reniegan de España reclamando su libertad y su derecho a decidir su futuro como pueblos diferenciados. Una actitud que niega la Soberanía Nacional que reside en el conjunto del pueblo español y por tanto la base de nuestra democracia amparada por la Constitución.

A continuación, expone lo que esa convivencia significa y que es la base de nuestra Constitución, lanzando un mensaje algo más contundente en un llamamiento a que la defendamos. “la convivencia —que siempre es frágil, no lo olvidemos— es el mayor patrimonio que tenemos los españoles. La obra más valiosa de nuestra democracia y el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes; y, por ello, debemos evitar que se deteriore o se erosione; debemos defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo con responsabilidad y convicción”. Un deseo que no define cómo se puede hacer esa enorme tarea de mantener una convivencia que una buena parte de la población parece no querer.

Finalmente llama a resolver los problemas desde la perspectiva del siglo XXI cuando dijo que “Debemos ser conscientes de la nueva realidad que nos impone el siglo XXI y ser capaces de alcanzar consensos cívicos y sociales que aseguren el gran proyecto de modernización de España”. Una tarea nada fácil en un sistema que lleva décadas favoreciendo la desigualdad entre territorios y entre ciudadanos que han dejado de mirar por el proyecto en común de todos y se limitan, sobre todo sus dirigentes, a mirarse el ombligo y centrarse en sus propios feudos autonómicos en una incesante e inacabable actitud reivindicativa de supuestas o reales discriminaciones. Sobre todo cuando se ven los pagos y concesiones a quienes ni siquiera pretenden mantenerse y pertenecer a España, como El País Vasco o Cataluña y sus satélites Baleares y Comunidad de Valencia. No se puede construir donde los demás solo piensan destruir.

En resumen, un mensaje insuficiente para la dramática situación que atraviesa España con un Gobierno rehén de sus enemigos separatistas y cuyo objetivo es simplemente el de mantenerse en el poder el tiempo mayor posible con su apoyo. Lo que existe en España es un problema real de convivencia, de solidaridad y de unidad. Y esa situación requiere algo que hoy por hoy es imposible, el consenso entre los grandes partidos que propiciaron la Constitución. Principalmente porque uno de ellos, el PSOE, ya no comparte los mismos objetivos y ha sufrido una transformación en forma de deriva hacia el radicalismo más rancio, buscando pactos con la extrema izquierda representada por la coalición de UNIDOS PODEMOS y los apoyos de los enemigos de España y de su Unidad, los grupos del nacionalismo vasco del PNV, los proetarras de BILDU, la extrema izquierda catalana de ERC y la derecha golpista y nacionalista del PDeCAT (ahora JxCAT y ambas herederas de la Convergencia de Pujol).

Yo, declarado públicamente como republicano y liberal, aspiro a un país con verdadera democracia donde la Jefatura del Estado no sea la dinástica que impone la Monarquía, por muy parlamentaria que sea. Soy partidario de una República con un Presidente y un Jefe de Gobierno o Primer Ministro elegidos por sufragio universal de forma democrática por todos los españoles. Un presidente que tenga más atribuciones ejecutivas que las limitadas que ahora dispone el Rey que debe medir sus palabras y sus gestos para no ser acusado de parcial o de autoritario. La monarquía del siglo XXI no tiene cabida en la España actual por sus evidentes limitaciones. Es una Institución anacrónica y elitista que debe desaparecer de la vida de los ciudadanos y dejar de ser una carga más para los impuestos de los españoles. No existen derechos sucesorios en una sociedad moderna democrática.

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!

P.D.: A los creyentes les deseo un Feliz día de Navidad y a todos les deseo paz, concordia y respeto a la democracia.


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