Un país a la deriva

Cabreo morrocotudo de la izquierda.

26.09.18 | 08:37. Archivado en Política Nacional

EL PAÍS PUBLICA UN EDITORIAL INCENDIARIO CULPANDO AL PP Y C’S DE BLOQUEAR LAS INSTITUCIONES.

EL PAÍS se pone ahora “estupendo” y encantado de ser el nuevo vocero acusica de un PSOE escorado hacia la ultra izquierda radical, que ha permitido el retorno al poder de un sujeto nada de fiar que, cuando ejerció de Secretario General, intentó engañar a la Ejecutiva Federal y pactar con los etarras e independentistas catalanes, a pesar de la negativa expresa a hacerlo, para lograr ser investido Presidente del Gobierno de España. Una actitud que mereció su fulminante destitución, pero sin apartarle de la militancia y sin poder evitar que, en una campaña donde se presentaba como víctima, usase a las despreciadas bases regionales y locales como trampolín para recuperar en unas primarias de nuevo el cargo del que había sido apartado. Un regreso que se transformó en una caza de brujas, en una remodelación de la Ejecutiva y en un nuevo programa mucho más radical, en contraposición al de austeridad impuesto por la UE.

Un sujeto que, durante la etapa que dio paso a la segunda legislatura convulsa del PP, que tras más de un año de Gobierno en funciones y ganar las elecciones, tuvo serias dificultades en lograr un pacto de investidura que necesariamente hubo de contar con la abstención de un PSOE dividido y en plena fase de primarias y que hubiera sido imposible de haber estado Pedro Sánchez al mando y no la Comisión Ejecutiva provisional. El caso es que cuando éste logró recuperar su cargo de Secretario General, hizo su personal purga del tío Benito y tomó el control total del Grupo parlamentario y los 84 diputados. Pero al haber renunciado a su Acta de Diputado para evitar votar en la sesión de investidura de Mariano Rajoy, vio capi disminuida su presencia mediática y su protagonismo como Jefe de la Oposición. Comenzó entonces una política de afianzamiento en el PSOE y la de acoso y derribo del PP con una oposición feroz enfocada en cuanto a la política de contención del gasto y del déficit, alineándose con las posiciones más radicales de PODEMOS.

Sin embargo, la política nacional estaba ya seriamente influenciada y condicionada por el incremento del desafío secesionista desde el Gobierno y el Parlamento de la Generalidad, con un Carles Puigdemont bravucón y amenazante. Un verano del 2017 que vio la decisión de los independentistas de llevar a cabo sus amenazas cuando en la sesión del 6 y 7 de septiembre se aprobaron las llamadas “leyes de desconexión” y se convocó un referéndum de autodeterminación para el 1 de octubre. Creo innecesario relatar lo que ya todos conocen de los acontecimientos de ese septiembre con manifestaciones violentas, los sucesos de los días previos y el de la realización del referéndum declarado inconstitucional e ilegal, las bravuconadas de las semanas posteriores desde le Parlamento de Cataluña y su culminación de rebeldía con la declaración unilateral de independencia. Siendo esto último lo que provocó la intervención de la autonomía vía artículo 155 de la Constitución, con el apoyo casi forzado del PSOE aunque imponiendo serías limitaciones en lo temporal y en el alcance, como fue la no intervención de TV3 o exigir la convocatoria inmediata de elecciones autonómicas.

Era evidente que el PSOE estaba incómodo con ese papel impostado de “leal oposición” y estaba buscando la forma de bloquear al Gobierno del PP. Entre sus actuaciones estaba la de negarse a apoyar los Presupuestos Generales del Estado y aceptar el control del techo de gasto y del déficit. Su actitud volvió a ser aquella tan visceral del “No es no” sin intentar considerar los condicionantes impuestos por la UE y que el PP había incumplido arriesgándose a una sanción que finamente se produjo. España iba bien en lo económico y estaba en franca fase de recuperación. Algo incuestionable con la creación constante de empleo y reducción del paro, aunque con la agravante de la falta de calidad y seguridad en los contratos. Ante la carencia de razones de peso, el PSOE tuvo que acudir a la oportunidad que la Justicia ofreció al poner en primera plana los diferentes casos de corrupción que ya salpicaban al PP, como el de la Gürtel, a los que se iban sumando otros mucho más escandalosos como el del Canal de Isabel II, Caso Lezo, Caso Púnica, Remodelación sede PP en Madrid, financiación ilegal, etc. Y a esto habría que sumarle el caso Master de Cifuentes y su “pillada” de cleptomanía en un centro comercial.

Una situación que puso contra las cuerdas a Mariano Rajoy que pudo superar la primera moción de censura presentada por PODEMOS, ya que Pedro Sánchez decidió no secundarla. Sin embargo y tras los últimos escándalos judiciales y mediáticos, vio esa oportunidad para asaltar el poder. Lo malo es que necesitaba el apoyo no solo el incondicional de PODEMOS que le aseguró Pablo Iglesias, sino también el de los nacionalistas vascos, los proetarras de Bildu y los de los golpistas de ERC y PDeCAT (ahora JxCAT mandados por Carles Puigdemont desde su refugio en Bélgica). Un apoyo que la mucho más fiel Ejecutiva Federal decidió aceptar y olvidar aquel veto que fue el que le costó el cese a este ambicioso, orgulloso y revanchista Pedro Sánchez. Una moción de censura en la que Pedro Sánchez se mostró de lo más humilde, sensato y convincente de no tener apego por el poder y prometiendo que su Gobierno tendría la misión de convocar elecciones generales en el tiempo más breve posible. Aunque posteriormente lo matizó para definir tres etapas, moción de censura, estabilidad política y elecciones generales, donde el tea de la estabilidad política era algo etéreo e indefinido sin límites concretos.

El caso es que finalmente obtuvo los apoyos necesarios y consiguió que prosperase la moción de censura, convirtiéndose de forma automática en el nuevo Presidente de Gobierno. Ya han pasado más de 100 días desde aquella fatídica sesión, y en ese escaso tiempo Pedro Sánchez, su Gabinete y su grupo parlamentario, han mostrado la cara más sectaria, revanchista y frentista que pueda imaginarse. Una política de crispación, de enchufismo descarado, de asalto de Instituciones claves como el CIS, RTVE, etc., donde no han faltado actitudes y esperpentos como el que hasta ahora dos Ministros hayan cesado de sus cargos por los mismos o peores motivos que afectaron a cargos del PP, sobre todo en la Comunidad de Madrid. Pero lo importante ha sido el radical cambio de actitud hacia los golpistas y el intento mezquino de acercamiento y concesiones, solo con el fin de obtener su apoyo condicional a los Presupuestos Generales y así garantizarse agotar la legislatura. Y eso con independencia de que esos PGE contemplen suprimir el techo de gasto y por tanto el déficit, con fuerte incremento de impuestos, en una estrategia de vuelta al despilfarro, al endeudamiento y al empobrecimiento de los españoles.

Y esa es la piedra angular de todo ese proyecto del PSOE de Pedro Sánchez: aprovechar una anomalía de alternancia en el poder prevista para casos excepcionales que desde luego no se cumplían en el momento de presentarla, para imponer un programa sectario que no ha sido refrendado por los españoles en las urnas. Se trata de legitimar una situación especial, y se suponía que transitoria, en una actitud de filibusterismo propia de asaltadores de caminos. Un programa que se basa en sostenerse con el apoyo de quienes quieren destruir España. Es por eso por lo que el editorial de EL PAÍS, titulado “Un estilo insoportable”, se presenta como un ejercicio de cinismo político intentando justificar precisamente aquello de lo que carece: legitimidad para imponer su programa de Gobierno. Porque no me cansaré de repetir que Pedro Sánchez mintió en su sesión de investidura y hoy sigue sin cumplir con devolver la voz a los españoles. Se aprovecha de la facultad que le asiste como Presidente accidental del Gobierno de España para decidir cuándo va a convocar esas necesarias y urgentes elecciones generales. Y es solo por eso por lo que ante su intento de trilerismo procedimental intentando colar una enmienda a una Ley Orgánica para eludir el control y posible veto del Senado a los PGE, el PP y C’S han respondido con las mismas armas y se han acogido a la jurisprudencia que avala no aceptar este atajo que es sin duda un fraude de ley y un intento de acallar nada menos que al Senado.

A continuación destaco algunos aspectos de ese editorial en el que se ve claramente la visión deformada de la realidad que mejor encaja en sus planes de mantenerse en el poder como sea y a costa de lo que sea:

Como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer, hay partidos que ni gobiernan ni dejan gobernar y que practican una oposición poco leal” … “todas tienen en común su rechazo al reconocimiento de la alternancia e incluso la deslegitimación de quien ha conseguido vencer en buena lid”. Tal parece que están viendo su propia imagen reflejada en el espejo.

Eso es lo que está sufriendo el Gobierno de Pedro Sánchez, de impecable elección parlamentaria según la regla constitucional, y con derecho a legislar y aprobar Presupuestos, si es capaz de reunir una mayoría”. Lo de impecable no lo dirá por las formaciones que le apoyaron como BILDU y los golpistas de ERC y PDeCAT, declarados enemigos de España y de la Constitución. En cuanto al derecho a legislar es inaceptable salvo que se limite a lo necesario para devolver la voz al pueblo español y convocar elecciones generales.

No es la primera ocasión en que desde el PP se demuestra que prefiere un país desgobernado antes de que sea otro quien gobierne. Tampoco es la primera vez en que los populares prefieren la parálisis de las instituciones de todos, antes de que el funcionamiento de la democracia conduzca a un relevo en los órganos de gobierno de las instituciones: el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional y los medios de comunicación públicos son buenos testigos de este estilo de desgobierno”. Creo innecesario resaltar el cinismo que se desprende de estas afirmaciones, sobre todo porque el PSOE es desde lejos quien más ha usado y abusado de ese comportamiento sectario durante las numerosas legislaturas en que ha gobernado en España, muchas mas que el PP en esa alternancia.

Puede haber muchos motivos para la convocatoria de elecciones, pero no son estos, tan espurios y escasamente ejemplares, los que deberían conducir a los españoles a las urnas”. Claro, es que Pedro Sánchez ha decidido no convocarlas y agotar la legislatura abusando de esa prerrogativa presidencial. Un absolutismo que es incompatible con la democracia.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!


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