Un país a la deriva

Se sabe como se empieza.....

30.08.18 | 17:59. Archivado en Política Nacional

GUERRA DE SÍMBOLOS ANTE LA INDIFERENCIA DEL EJECUTIVO Y LA FISCALÍA. PEDRO SÁNCHEZ DEBERÍA DECIR SI EN CATALUÑA HAY DEMOCRACIA.

Lo que está pasando en la comunidad autónoma de Cataluña solo tiene un nombre, dictadura del independentismo. La impunidad de las actuaciones de ediles y consistorios en determinados pueblos de zonas radicalizadas como la provincia de Gerona, el alto y bajo Ampurdán, o como en ese pueblo más famoso por su producto típico, el salchichón, ya roza tintes de auténtica rebelión, de forma tan grosera como viene sucediendo en determinadas zonas de El País Vasco y Navarra. El caso es que en la plaza mayor de Vic, sus vecinos, sean de la ideología que sean, han de soportar a diario la arenga política independentista a través de altavoces como si se tratase de una fatua de llamamiento a la oración de un almuédano desde su minarete. Un suplicio que además es un delito.

Y esto solo se suma a la que ya es una declarada guerra de símbolos. Me refiero a esos contaminantes lazos de plástico colgados en farolas, vallas, balcones de edificios públicos, cercados de fuentes, balaustradas de puentes en autovías y otros espacios similares. Una guerra que comienza con el uso de esos lazos en miniatura colgados como pines en chaquetas, vestidos y otras pendas en zona visible, como medio de evidenciar la protesta por la prisión decretada contra parte de los encausados por el golpe de Estado perpetrado por el Gobierno y el Parlamento de la Generalidad a lo largo del año 2017 que culminó con la realización de un referéndum inconstitucional y sin garantías, con el que se basaron para declarar unilateralmente la independencia de Cataluña de España como República. Una situación de prisión que los golpistas consideran injusta y por la que exigen su liberación y sin cargos.

Ya se sabe que lo que caracteriza a este tipo de movimientos es su absoluta obcecación y cerrazón que les impide distinguir entre lo que son anhelos o deseos legítimos por una determinada causa, de los condicionantes que impone la legalidad vigente y las normas democráticas. Desear algo de forma vehemente no es sinónimo de legitimidad para imponerlo a los demás por creer que nos asiste la razón bajo nuestros propios criterios. Y es que el populismo y la demagogia deforma la realidad para vender una fantasía aplicando esa técnica goebeliana de que una mentira repetida mil veces se transforma en una verdad absoluta. Y el independentismo en Cataluña lleva décadas repitiendo la misma mentira, especialmente en la etapa de reinstauración de la democracia en España tras la dictadura franquista. Y una manera de conseguirlo es inventando símbolos que puedan ser usados por todos y les sirva para reconocerse, identificarse y sentirse reforzados en su comunión de objetivos. Un hecho similar al que se produce con los hinchas de ciertos equipos de fútbol.

No puede extrañar el comportamiento intransigente y crispado de quienes ven como enemigos a quienes no comparten sus ideales ni sus anhelos de independencia. Es por eso por lo que resulta gravemente peligroso el que dirigentes políticos “incendien” a esas masas con mensajes de exaltación y lancen arengas para que se actúe contra quienes se oponen a es gran objetivo. Y mucho menos se debe aceptar que esos dirigentes irresponsables fomenten la creación de grupos coordinados de choque, en forma de Comités de Defensa de la República (CDR) como forma de intimidación y coacción en actos con claros tintes de violencia. Porque violencia contra la libertad es cortar vías de comunicación, o inundar de símbolos ilegales e inconstitucionales como las banderas con la estrella en balcones y fachadas de Ayuntamientos, o lanzar mensajes desde altavoces desde esos mismos ayuntamientos.

Este es un camino que conduce inexorablemente a la crispación y al enfrentamiento civil. La responsabilidad es exclusiva de esos dirigentes. Será por eso por lo que el fugitivo Carles Puigdemont, al ver que su fiel lacayo Joaquim Torra, se está pasando de frenada en la radicalización con mensajes incendiarios, intenta quitar ahora presión ante esta guerra de símbolos que puede descontrolarse y llevar a mayores el nada pacífico proceso independentista que intentan vender en el exterior. Esta no es la revolución de las sonrisas, ni de las flores amarillas, ni de lacitos de pitiminí colgados en las solapas. Se trata de que una parte de la población en Cataluña se siente indignada por la actitud chulesca y provocativa de los golpistas. Y ya tuvieron ocasión de ver cómo esa población salía a las calles para reclamar su sitio de libertad de expresión. Esta es una rectificación obligada por las circunstancias pero que no significa una relajación en los objetivos marcados de forzar al Estado de Derecho para implantar la República independiente de Cataluña.

Pero a esto habría que preguntarle al okupa de la Moncloa que sigue de gira americana, que se pronuncie sobre la situación en Cataluña y esta escalada en lo que s ya una guerra de símbolos. La cosa es que como sectario socialista elude pronunciarse, como su admirado José Luís Rodríguez Zapatero sobre situaciones como la de Venezuela. Ya sabemos que zapatero como mediador ha sido todo un fiasco y ha sido acusado de descaradamente pro-régimen chavista, admitiendo que las tropelías cometidas por el dictador Maduro, como por ejemplo encarcelar a la oposición política o cerrar el Parlamento democráticamente elegido en elecciones, son solo interpretaciones tendenciosas de esa oposición desleal. Pedro Sánchez intenta escabullirse y en vez de reconocer la dictadura del régimen chavista de Maduro, se limita a decir que “No se puede decir que Venezuela es una democracia cuando hay presos políticos”. O sea, ¿hay una teocracia quizás, un patriarcado un consejo de ancianos? ¿Qué es lo que hay en Venezuela Pedro? ¿Qué es lo que hay en Cataluña? ¿Se puede decir que existe democracia como en el resto de España y allí impera la ley?

Lo malo de jugar a la ambigüedad es que al final te pueden tomar por lo que no eres. Aunque en le caso de este sujeto los constantes cambios de opinión lo que denota es una inseguridad absoluta y un pavor de perder lo que ha conseguido a base de decir a cada uno lo que quería oír, cuando ahora le obligan a cumplir con lo dicho. Aquí ya no valen las palabras sino los hechos. Pedro Sánchez ha de elegir el camino que quiere seguir. Si se empeña en avanzar y negar las elecciones generales, se habrá puesto en manos de sus incómodos socios y estará obligado a cumplir con sus exigencias poniendo en riesgo no solo a España, su economía y su futuro, sino a sí mismo si traspasa los límites de Gobierno y cae en la prevaricación.

¡¡¡GOBIERNO OKUPA DIMISIÓN!!! ¡¡ELECCIONES GENERALES YA!!

¡Que pasen si pueden y su conciencia se lo permite un buen día!


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