Un país a la deriva

El titiritero saca a escena otra marioneta.

11.05.18 | 08:08. Archivado en Política Nacional

(JOA)QUIM TORRA PLA DESIGNADO POR PUIGDEMONT COMO SU PRESIDENTE EN “EL INTERIOR”.

El golpismo catalán sigue en su representación de la obra bufa de un esperpento de personaje grotesco en forma de payaso megalómano que se presenta a sí mismo como el “padre de la patria reprimida”. Y lo hace desde su voluntaria y cobarde huida, que no exilio, en cuanto tuvo constancia de que sería encausado por haber sido partícipe destacado y máximo del golpe de Estado perpetrado por los partidos políticos independentistas PDeCAT y su escisión JxCAT, ERC y la CUP. Un fugitivo de la justicia ya procesado que debe enfrentarse a los cargos de rebelión y de malversación de fondos públicos, y otros de no menor relevancia como la desobediencia, pero sí de menor condena penal. Una piltrafa humana que esconde una personalidad ególatra, mezquina y cobarde, pero con una verborrea fluida propia de embaucadores feriantes que propalan sus mentiras a los incautos que se acercan a escucharle. Un despreciable sujeto que, sin embargo, ha sabido concitar la empatía de sus “compatriotas” y asumir el papel de líder indiscutible del movimiento secesionista.

De nada sirve clamar a esos enfervorecidos seguidores de que estamos ante un delincuente común que no es ningún mártir ni héroe de la revolución, sino que solo intenta salvarse de la acción de la justicia. De nada sirve llamar a la sensatez a quienes están cegados por una especie de lobotomía generalizada e imbuidos en un nacionalismo ciego consecuencia de su radicalización extrema, tras décadas de adoctrinamiento en el pensamiento único independentista, xenófobo y excluyente. De nada sirve apelar a respetar la legalidad que se niegan rotundamente a reconocer y asumir como propia, ya que dicen estar bajo el yugo y represión de un Estado que lleva 300 años ocupando militarmente su país. De nada sirve acudir a la realidad cuando se empeñan en vivir su onírica alternativa. De nada vale actuar como si ese tipo de gentes fuesen receptivos a un sosegado diálogo, porque lo impide su ceguera y sordera hacia lo que es racional, lógico y sensato.

Y en ese clima, surgen este tipo de líderes, caraduras aprovechados que azuzan los más bajos instintos de los que se muestran receptivos a sus discursos. Y no se trata de líderes espontáneos, naturales e incuestionables sino de vulgares impostores caracterizados por su absoluta mediocridad, su insaciable ambición y su egoísmo superlativo. Un arquetipo de falsario oportunista, demagogo y populachero. Y en este lodazal intransitable en que se ha convertido la política en la comunidad de Cataluña es donde surge este patético payaso de Carles Puigdemont. Un sujeto que el destino y la orgullosa prepotencia de Artur Mas, puso en el primer plano de la política en Cataluña al ser designado como su sucesor y ser investido como el 130 Presidente de la Generalidad. Una decisión que pronto se demostró errónea y lesiva no solo para Cataluña, sino también para España. Y, en definitiva, para todos los españoles, incluidos aquellos que por adoctrinamiento y radicalización dicen no sentirse como tales y lo demuestran con sus actos.

El caso es que este prófugo de la justicia, al que su propia arrogancia le ha llevado a estar detenido y temporalmente limitado a residir en Alemania mientras se decide sobre su extradición a España, sigue actuando como en los últimos seis meses representando ahora en Berlín su obra bufa de “Presidente de la Generalidad en el exilio” y tratando de emularse a aquellos otros como Tarradellas que huyó para regresar tras la dictadura en plan triunfal, pero sin conseguir el objetivo de que Cataluña fuese independiente de España. Una caricatura grotesca que ha logrado aunar en torno a sí al resto de fuerzas golpistas que le permiten incomprensiblemente actuar en modo “presidencialista”, donde sus caprichos y veleidades se admiten sin ninguna clase de crítica pública, demostrando una sumisión más propia de regímenes dictatoriales o monarquías absolutistas. ¿Es esa la democracia de la que presumen y que aspiran a implantar en su República?

Pues ese dictadorzuelo es el titiritero que lleva meses proponiendo candidatos sumisos y leales que obedezcan como auténticos títeres cuyos hilos manejaría él a distancia, controlando sus movimientos y poniendo la voz. Para eso ha creado junto a sus secuaces y fieles seguidores eso que llama “territorio libre de la República”, con organismos colegiados ejecutivos como la "Asamblea (de cargos electos) de la República", el "Consejo de la República" y la "Presidencia de la República", en la que se ha reservado el cargo de Presidente. Y ha sido precisamente ayer, obligado por el enésimo revés de la justicia española, en este caso del Tribunal Constitucional, que ha designado al que sería el tercer candidato a cubrir ese nada honorable cargo de marioneta como Presidente de la Generalidad en el “interior”, o sea en el país ocupado por las fuerzas imperialistas españolas. El primer candidato a sustituirle fue Jordi Sánchez el radical expresidente de la ANC. El siguiente fue Jordi Turull, un exconsejero de su Gobierno golpista. Y ahora, tras un fugaz intento de legitimarse el mismo Puigdemont, propone a un desconocido Joaquim Torra Pla. Lo que todos tienen en común es su radicalización extrema independentista y su absoluto desprecio por España y por los españoles.

Ahora todos se apresuran a conocer a este nuevo personaje de la obra, el tal “Quim Torra”. Y lo primero que aparece es su extrema radicalidad expresada en ese medio social que es una verdadera ciénaga donde en poco más de 240 caracteres se puede dar rienda suelta a lo peor del ser humano. Un espacio de teórica impunidad donde la libertad de expresión se pervierte y se transforma en liberticida, hiriente y delictiva. Un foro donde la vanidad humana se colma en forma de miles de seguidores, reales o ficticios y se crean fenómenos de difusión viral de mensajes, imágenes y hasta vídeos con contenidos no precisamente ejemplares. Un espacio virtual que se transforma en un infierno real para aquellos que son objeto de persecución y acoso. Y como dicen los evangelios por sus obras los conoceréis”. Y a este Quim Torra sus mensajes en esa red social, demuestran ya lo que es: un xenófobo radical independentista. Desde luego que no parece ser el más apropiado para ser el 131 Presidente de la Generalidad, salvo que se quiera insistir en la desobediencia, en la confrontación y en la insumisión.

Respecto a lo que se sabe de este individuo, destaca su militancia en OMNIUM, Soberanía y justicia y en la ANC. También el que no milita oficialmente en ningún partido político, lo cual no le convierte necesariamente en “independiente” en el sentido ideológico característico de una determinada formación política y su rigidez de homogeneidad.. Sus antecedentes radicales, ya que llegó a ser Presidente de Omnium, sus tweets y su actitud radical, han tenido seguramente mucho que ver con su elección por el “amado líder” para ir en las listas de JxCAT. Fue elegido diputado por esa formación en esta legislatura, y demostró su lealtad inquebrantable yendo a visitar a Carles Puigdemont a la cárcel de Neumünster en el Estado alemán de Scheleswig-Holstein. Y es que hay que saber estar en los momentos decisivos, tener la intuición de la oportunidad y solo esperar que ese gesto sea recordado en el futuro. Una jugada que parece que ahora va a darle sus frutos. Este si qué puede calificarse de “aprovechategi”. Otro oportunista que sabe aprovechar momentos cruciales y demostrar su agradecimiento a quien le ha dado un futuro.

Así que no parece que con su elección los problemas de la insumisión y de la desobediencia vayan a eliminarse, sino todo lo contrario. Sería una sorpresa el que este sujeto no evidenciase su lealtad y acatamiento de la superioridad moral y jerárquica de Carles Puigdemont en ese voluntario y falso exilio, yendo a visitarle a Alemania, ya que probablemente seguirá allí esperando la sentencia sobre su extradición. Un viaje que no estaría justificado bajo ningún concepto y mucho menos como representante máximo de una Institución del Estado español. Una deslealtad que bastaría para certificar la nula voluntad de someterse a la legalidad vigente y de continuar en la política de confrontación y rebeldía institucional. Una actitud que bien podría ir seguida de la recuperación de las instituciones suprimidas durante la corta etapa de la intervención vía artículo 155 de la Constitución de España. Ese proceso de "restitución" que siguen persiguiendo desde la intervención de la autonomía por el Estado y que no renuncia investir "en algún momento a Carles Puigdemont como Presidente legítimo de la Generalidad.

Estamos abocados a un escenario que puede ser aún peor del que tuvimos que soportar antes del golpe de Estado con la declaración unilateral de independencia. No es descartable el que esa situación obligue nuevamente a aplicar medidas de intervención, pero quizás esta vez de forma mucho más contundente de forma que garantice el control total por el Estado de Derecho de unas Instituciones declaradas en rebeldía y teledirigidas desde unas sedes y órganos de Gobierno fuera del control del Estado y del Parlamento español y autonómico, principalmente de aquella parte no independentista. No sería descartable la suspensión completa de la autonomía durante el tiempo necesario para neutralizar a esos grupos y partidos políticos que solo buscan la segregación de una parte esencial del territorio nacional. Una traición que no puede ser consentida.

Este nuevo aspirante no deja de ser una apuesta segura hacia el enfrentamiento. Deben de preverse y ponerse los medios necesarios para evitar que se llegue a consumar esta nueva felonía teledirigida por un delincuente que sigue campando libremente por Europa para escarnio y vergüenza de España y de todos los españoles. Hay que devolver la dignidad al pueblo español y neutralizar a los enemigos que quieren destruir nuestra nación y nuestra convivencia. ¿Será Mariano Rajoy capaz de cumplir con su deber? Y si no ¿Qué estamos dispuestos a hacer? Que cada uno se responda a sí mismo y a su conciencia. Somos el pueblo, pero hay que demostrarlo y ganárselo. Lo de ir a Irak contra el yihadismo está bien, pero el enemigo está en casa.

¡Que pasen un buen día!


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