Un país a la deriva

La Lambanada.

23.04.18 | 10:44. Archivado en Política Nacional

EL PRESIDENTE DE ARAGÓN INTENTA IMPONER EL CATALÁN COMO LENGUA COOFICIAL EN ESA COMUNIDAD AUTÓNOMA. / ¿CÓMO ENTIENDEN EL DIÁLOGO LOS GOLPISTAS?


La noticia que ha surgido es el intento descarado del socialista Javier Lambán, Presidente de la Comunidad autónoma de Aragón, de imponer el catalán como lengua cooficial de ese territorio. Para ello ha enviado con nocturnidad, alevosía y total falta de escrúpulos unas cartas a determinados Ayuntamientos de las zonas limítrofes de la Comunidad autónoma de Aragón, donde supuestamente coexisten el español y el catalán. Y digo bien el español, o castellano como lengua oficial de España, porque el llamado "aragonés" no deja de ser un dialecto más, una forma singular y local de expresarse en español, como así mismo el andaluz es otra forma regional particular de expresarse en el idioma común y no por eso se consideran lenguas autóctonas diferenciadas. Y es que a estos miserables sectarios y falsarios líderes como Lambán, les puede un afán de soberbia infinita que solo es superado por su ego. Unos personajes que actúan como auténticos sátrapas en su objetivo de diferenciarse del resto de comunidades españolas y exhibir características especiales que no dejan de ser meras falacias y tergiversaciones de la realidad social y cultural de esas regiones de España. De aquí a reclamar derechos históricos y prebendas como los Fueros de Navarra o el Concierto vasco solo hay un paso. Todo se andará,, por ahora se ha logrado la devolución del "tesoro" artístico de Sijena.

La carta recoge entre otras consideraciones jurídicas y antecedentes la intención de declarar: “zona de utilización histórica predominante de las modalidades lingüísticas propias de Aragón”. El hecho de querer dar un estatus especial a esas poblaciones y comarcas de Aragón limítrofes con la Comunidad de Cataluña y la Comunidad de Valencia, da carta de naturaleza a las aspiraciones soberanistas del independentismo catalán al reclamar esos territorios como parte de lo que llaman “países catalanes”. Una falacia histórica que intenta establecerse para justificar la reclamación de esa soberanía que nunca existió. Porque lo que sí está demostrado es la existencia del Reino de Aragón, que junto al de Castilla y el de Navarra, conformaron el núcleo de lo que luego sería España tras la reunificación consolidada por los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Y la otra realidad es que el castellano era la lengua predominante en una buena parte de la península y otras lenguas autóctonas sobrevivieron a nivel muy local y exclusivamente en el ámbito rural.

Y es que se debe considerar como lo normal el que en zonas limítrofes totalmente arbitrarias y fruto de divisiones discrecionales puramente administrativas, suela suceder el que pueblos o comarcas pasen de unas manos a otras durante largos periodos. En estas zonas viven personas acostumbradas a relacionarse de modo indistinto y compartiendo costumbres y manejo de lenguas como algo natural. Un enriquecimiento cultural normal que no puede ser confundido con un sentimiento de pertenencia a un colectivo determinado. Pero esta singularidad, en la que un informe del año 1997 reconoce que el catalán se habla por el 11% de las personas de esos territorios limítrofes, no debe servir como excusa para imponer esa lengua como cooficial en igualdad de estatus que el español. Lo lógico es simplemente dejar que sea la propia gente la que siga lo que lleva siglos haciendo sin ninguna imposición sino solo por convencimiento propio en su modo de relacionarse en el entorno donde vive, trabaja y comercia. Los políticos deben abstenerse de dictar o interferir en cómo se deben comportar los ciudadanos en su vida cotidiana.

La otra sinvergonzonada ha sido actuar de forma totalmente infame remitiendo las cartas a los consistorios afectados en unas fechas donde más de la tercera parte de los días del plazo de respuesta eran inhábiles administrativamente, ya que coincidía con la Semana Santa. Una estratagema miserable para impedir una respuesta adecuada en un plazo ya de por sí muy limitado para un asunto de esta relevancia. Porque es evidente que no se trata de cubrir una necesidad ni una demanda social, sino simplemente de imponer una posición política sobre un tema conflictivo como es el intento del independentismo catalán de consolidar sus fundamentos de su discurso basados en falacias históricas y arraigos socio culturales de usos y lengua, para reclamar esos territorios como parte de su soberanía a la que aspiran. Y eso además con un gasto adicional no desdeñable en el caso de que termine imponiéndose esta propuesta, ya que requiere dotar de medios adecuados que afectan a la enseñanza, relación con las administraciones, etc. La cooficialidad de la lengua conlleva una serie de derechos ineludibles. Basta compararlo con lo que está sucediendo en otras autonomías donde está reconocida esa lengua cooficial, donde además en algunos casos se intenta que sea la única oficial vehicular.

En este caso, el Gobierno de la Comunidad autónoma de Aragón que preside el socialista Javier Lambán, se convierte en cómplice de esos objetivos. Ya solo falta el que se alíe con PODEMOS que, seguramente con el apoyo de su líder Pablo Echenique, terminará reconociéndose a esos pueblos y comarcas limítrofes con derechos históricos para decidir si prefieren seguir perteneciendo a Aragón o pasan a integrarse en la futura República de Cataluña. O como intenta el PSOE de Pedro Sánchez a integrarse en el Estado libre asociado de la República de Cataluña en la futura república plurinacional federal de España. Me imagino a Javier Lambán viéndose investido como futuro Presidente de la República de Aragón. Y es que la soberbia y la ambición no parecen tener límites en estos líderes del PSOE, un partido sin rumbo que miente en todas sus siglas: Ni es un partido monolítico y homogéneo sino una reunión de partidas de filibusteros sectarios; ni se comporta como socialista sino como un partido radical de una izquierda trasnochada y totalitaria; ni puede llamarse “obrero” porque no representa a los trabajadores, sino a una casta de parásitos que infectan y pervierten las administraciones y empresas públicas; ni puede llamarse español porque lo que persigue es la desmembración de España y transformarla en algo irreconocible. Y ahora además se alía con los intereses de aquellos que quieren destruir a España.

Y ese tipo de diálogo, el de la imposición que pretende el socialista Javier Lambán y su equipo de Gobierno, es el mismo que lleva años demandando el independentismo catalán, los golpistas de ERC, PDeCAT (JXCAT) y la CUP al “Estado”, es decir al resto de partidos del Parlamento español, que no solo al Gobierno de España y al PP. Porque la respuesta ha de ser mayoritaria frente al desafío secesionista y no solo compete al Gobierno. Y fue por eso por lo que las medidas de intervención hubieron de ser aprobadas por el Senado de España, en aplicación de lo que de forma escueta y no lo suficientemente clara recoge el artículo 155 de la Constitución española de 1978. Eso sí, la propuesta hubo de ser previamente consensuada, principalmente con aquellos partidos que reconocen respetar y acatar la Constitución, PSOE, CIUDADANOS, UPN, COALICIÓN CANARIA, Foro ASTURIAS, etc., mientras otros o abiertamente la rechazan o la acatan bajo la coletilla “por imposición legal”. De hecho, partidos como ERC y PDeCAT protagonizaron el golpe de Estado en Cataluña en una clara violación de la Constitución y del Estatuto de Autonomía, habiendo prometido o jurado acatarla al acceder a sus cargos públicos.

El diálogo al que siempre se refieren los golpistas, como en este caso el Presidente de la Mesa del Parlamento, Roger Torrent, y anteriormente Artur Mas o el fugitivo de la justicia, Carles Puigdemont, es sentarse en una mesa para exigir el reconocimiento del derecho a decidir su futuro de un inexistente pueblo catalán, permitiendo la realización de un referéndum donde se plantee la independencia de Cataluña como Estado libre soberano. Con esa condición previa, el diálogo se circunscribiría a determinar la fecha y concretar las condiciones del Catalanexit, y diversos flecos como la no asunción de la parte proporcional de la deuda nacional de España, condiciones de transitoriedad y de relación con España y la UE, integración en ésta, doble nacionalidad etc. O sea, lo que sería un pacto sobre la independencia efectiva en la declaración de la nueva república.

Yo a eso no le llamo mesa de diálogo sino una mesa de capitulación, de rendición incondicional bajo chantaje. Porque la misma declaración unilateral de independencia ya se basó en un referéndum declarado inconstitucional y, no obstante, se le quiso dar total legitimidad a pesar de las graves deficiencias democráticas en las que se desarrolló. Se trata de una perversión del lenguaje que quiere falsear la realidad de un proceso de secesión en el que la violencia de grupos perfectamente coordinados ha sido otra característica de este golpe de Estado, negado con discursos de haber mantenido un comportamiento cívico y pacífico. Una propaganda goebeliana al más puro estilo fascista o del soviet comunista. Un discurso que desgraciadamente no está siendo contrarrestado por el Gobierno de España, que por cobardía o por incapacidad manifiesta, se muestra ansioso por pactar con los golpistas una solución de compromiso, incluyendo concesiones que consigan una tregua temporal para agotar la legislatura y dejar a otros la resolución del problema.

Y no sé qué es peor o la inacción, o la reacción desesperada de un Gobierno acosado desde muchos frentes: el de la corrupción; el de la debacle de las encuestas en intención de voto; el de la fractura interna por declaraciones inaceptables e inoportunas de algunos Ministros como Montoro, Dastis o Zoido; el del enfrentamiento con el poder judicial por la intolerable intromisión e injerencia, el desprestigio internacional por la deslealtad de ciertos Gobiernos y poderes judiciales de Estados miembros de la UE y asociados sobre le desafío independentista; o por la descomposición del propio partido en su discurso apoyando la inmersión lingüística en Baleares y en otras comunidades autónomas donde el nacionalismo regional avanza sin freno. Y es que cuando uno está o se siente bajo la presión del miedo y el terror a desaparecer, la reacción puede ser totalmente imprevisible e irracional. Y me temo lo peor.

¡Que pasen un buen día!


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